Paralelo

Capítulo 9: Antes de la luz

“El valor no es la ausencia de miedo, sino el juicio de que algo es más importante que el miedo.”
— Ambrose Bierce

El silencio después de la desaparición… fue más pesado que cualquier ruido.

—Tenemos que llamar a Leandro —dijo Tessa.

Treinta minutos después…

Los tres estaban en el apartamento de Elian.

La tensión llenaba el espacio… pero no estaban solos.

La puerta de la cocina se abrió suavemente.

—¿Y ustedes…? —dijo una voz tranquila—
¿van a seguir hablando en voz baja o me van a contar qué pasa?

Era la madre de Elian.

Los tres se giraron casi al mismo tiempo.

—Mamá… —dijo Elian, un poco sorprendido—
no es nada, estamos…

—Ajá —interrumpió ella, cruzándose de brazos con una leve sonrisa—
“no es nada” siempre significa que sí es algo.

Se acercó.

Miró a Tessa.

—Hola, cariño… ¿cómo estás?

—Bien… señora —respondió Tessa, un poco nerviosa.

—¿Y tú? —dijo mirando a Leandro—
no te había visto antes.

—Leandro… mucho gusto.

—Encantada.

Los observó a los tres.

Silencio breve.

—Tienen cara de que no han comido —dijo finalmente—
y eso sí es un problema real.

Los tres se miraron… y sin darse cuenta, sonrieron.

—¿Quieren algo? —preguntó ella—
¿café, jugo… algo de comer?

Elian suspiró levemente.

—Lo que sea… está bien.

Tessa asintió.

—Sí… lo que sea.

Leandro levantó una mano.

—Yo no le digo que no a nada ahora mismo.

Ella sonrió.

—Perfecto… entonces les traeré algo que les va a gustar.

Antes de irse, miró a Elian un segundo más.

Como si supiera que algo no estaba bien.

Pero no dijo nada.

Y se fue.

El ambiente cambió ligeramente.

Más humano.

—Tu mamá es increíble —susurró Tessa.

—Sí… —respondió Elian—
y tiene un radar para problemas.

Leandro soltó una leve risa.

—Entonces estamos en peligro.

La puerta se cerró de nuevo.

—Ok… —dijo Leandro—
vamos a trabajar.

Sacó su teléfono.

—Necesitamos luz… pero no cualquier luz.

Marcó.

—Sí… soy yo.

Caminó mientras hablaba.

—Necesito cuatro torres de iluminación industrial…
sí, de las grandes… las de obra.

Pausa.

—No, no es para evento.

Es urgente.

Silencio.

—Esta misma noche.

Colgó.

—Listo.

Tessa lo miró.

—¿Así de fácil?

Leandro se encogió de hombros.

—Digamos que… tengo contactos que no hacen muchas preguntas.

Elian sonrió levemente.

—Eso me tranquiliza… o me preocupa.

La madre de Elian regresó con una bandeja.

El olor llenó la sala.

—Aquí tienen —dijo—
coman algo antes de que el mundo se acabe.

Los tres se quedaron en silencio.

Ella sonrió.

—Era broma…

Los tres soltaron una risa corta.

Necesaria.

—Gracias, mamá —dijo Elian.

—Siempre.

Y se fue.

Horas después…

Madrugada.

El parqueo superior de Galerías 360 estaba vacío.

El viento movía suavemente el aire.

Leandro ajustaba los equipos.

—Estas luces no son normales —dijo—
son de alta intensidad… diseñadas para iluminar zonas completas de construcción.

Señaló una de ellas.

—Cada una puede cubrir más de lo necesario.

Miró a ambos.

—Las cuatro juntas… van a convertir esto en pleno día.

Tessa respiró hondo.

—Eso espero…

Se hizo un pequeño silencio.

Tessa miró alrededor.

—Leandro… ¿y el seguridad?

Leandro ni se inmutó.

—Nada que un par de pesos no resuelva.

Tessa levantó una ceja.

—Sí… pero no te pregunté de qué se trataba…

Leandro sonrió ligeramente.

—Le dije que era para grabar un video para redes.

Elian soltó una risa.

—Clásico.

Tessa negó con la cabeza, medio sonriendo.

—Ok… esperemos que no trascienda.

Se reunieron en el centro.

Un último momento juntos.

—Ok… —dijo Elian—
yo en el centro.

—Nosotros en los extremos —añadió Leandro.

—Listos para activar —dijo Tessa.

Silencio breve.

Leandro sonrió.

—Esto va a ser un excelente tema de conversación con mi abuela.

Tessa lo miró.

—Nicole va a estar feliz de no ser la noticia más rara de la semana.

Elian levantó las manos.

—Perfecto… eso me deja a mí como el novio raro de la semana.

Pausa.

—Gracias chicos… me siento mucho mejor.

Rieron.

Pero poco.

Se separaron.

Cada uno en su posición.

Elian quedó solo.

En el centro.

El viento cambió.

Más frío.

Más pesado.

—Estoy en posición…

—Aquí Leandro… listo.

—Tessa lista.

Y entonces…

Las luces del nivel superior… se apagaron.

Oscuridad total.

—…ya está aquí —susurró Tessa.

Elian no se movió.

Desde la nada…

la oscuridad comenzó a tomar forma.

No apareció.

Se construyó.

Como si siempre hubiera estado ahí.

Esperando.

Alta.

Irregular.

Imposible.

Elian sintió el miedo subir.

Pesado.

Instintivo.

Real.

—Visual… —susurró—
lo tengo frente a mí.

Silencio.

Esa cosa…

lo estaba mirando.

Y lo supo.

Sin ojos.

Sin forma clara.

Pero lo supo.

Y entonces… lo sintió.

Directo en su mente.

Tú.

Leandro presionó el control.

—¡Activo luces!

—¡Aún no! —dijo Elian de inmediato.

—¡¿Qué?!

—¡Aún no…!

El pulso de Leandro se disparó.

—¡Elian, es ahora!

Elian apretó los dientes.

Sin moverse.

Sin parpadear.

—Aún no, Leandro…

Su voz bajó.

Más firme.

Más peligrosa.

—Aún no…




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