Paralelo

Capítulo 10: Bajo la sombra

“Quien lucha con monstruos debe tener cuidado de no convertirse en uno.”
— Friedrich Nietzsche

El aire se volvió denso.

No era frío…

Era algo más.

Como si el espacio mismo estuviera siendo ocupado por algo que no pertenecía allí.

Elian no se movía.

La figura frente a él se acercaba lentamente…
sin pasos… sin sonido… sin forma definida.

Pero cada centímetro que avanzaba…

pesaba.

—Vamos, Elian… ya está muy cerca… —susurró Leandro por el comunicador, con la respiración acelerada.

Elian intentó responder.

No pudo.

Algo… lo estaba sujetando.

No físicamente.

Desde dentro.

Una sensación helada le recorrió la espalda.

Y entonces…

la sintió.

No era la criatura.

Era otra cosa.

Algo más grande.

Más profundo.

Más antiguo.

Una presencia.

Una que no necesitaba estar allí para sentirse.

Elian sintió su mente hundirse en una especie de vacío…

Como cuando estás acostado…
medio despierto…
consciente…
pero sin poder moverte.

Parálisis.

Oscuridad.

Y alguien… o algo… observando.

—Elian… —la voz de Tessa llegó, temblorosa—
¿estás…?

Pausa.

—¿Estás con nosotros…?

Elian gritaba por dentro.

Pero su cuerpo no respondía.

La criatura seguía acercándose.

Ya estaba demasiado cerca.

Demasiado.

Elian podía sentirla.

Podía sentir… lo que emanaba.

Y a través de ella…

esa otra presencia.

Más fuerte.

Más dominante.

Más… peligrosa.

Tessa dio un paso al frente.

Luego otro.

—Voy hacia él… —dijo, sin pensarlo más.

—¡Tessa no…! —gritó Leandro de inmediato.

Ese grito…

rompió algo.

Dentro de Elian.

Un pequeño quiebre.

Un hilo de control.

Y en ese instante…

logró volver.

Sus dedos se movieron apenas.

Su respiración regresó.

Sus ojos reaccionaron.

Y lo primero que vio…

fue a Tessa acercándose.

—…no…

Forzó la voz.

—Leandro…

Tragó aire.

—¡Enciéndela…!

Tessa se detuvo en seco.

A mitad de camino.

Su corazón latía con fuerza.

Miró hacia su torre.

Luego a Elian.

Luego a la criatura.

—¿Qué hago…? —susurró.

El miedo la atravesó.

Frío.

Directo.

—Si sigo… no puedo ayudar…

Miró atrás.

Demasiado lejos.

—Estoy… perdida…

Respiró rápido.

—Rayos… estoy en problemas…

—No te preocupes… —dijo Leandro de pronto.

Su voz ahora era firme.

Controlada.

—Tengo un control remoto, Tessa.

Silencio.

Esa frase…

fue como volver a respirar.

—Gracias, Leandro… —dijo ella, soltando el aire contenido.

Leandro ajustó el dispositivo en su mano.

Miró los indicadores.

Todo listo.

—¿Listos…?

Elian ya estaba completamente de vuelta.

El miedo seguía ahí.

Pero ahora…

también su decisión.

—¿Qué esperas…? —dijo con fuerza.

—¡Vamos…!

CLICK.

La noche desapareció.

Las luces explotaron en intensidad.

Un destello brutal.

Blanco.

Absoluto.

La oscuridad… retrocedió violentamente.

La criatura reaccionó tarde.

Demasiado tarde.

La luz penetró su forma.

Y entonces…

se reveló lo que realmente era.

No tenía estructura fija.

Era como humo…

como sombra condensada.

Como si la oscuridad hubiera tomado forma… solo porque no había luz que la contradijera.

Y ahora…

se deshacía.

Se rompía.

Se evaporaba.

La luz la atravesaba como si no perteneciera a este mundo.

La criatura se retorció.

Sin sonido físico.

Pero con algo más.

Algo que se sentía en la cabeza.

En los huesos.

En el pecho.

Y entonces…

lo escucharon.

Los tres.

Una voz.

Lejana.

Agonizante.

Arrastrada por el viento.

—Surgiré…

El eco se desvaneció…

como si nunca hubiera estado allí.

Silencio.

Solo el sonido del viento.

Y la respiración agitada de los tres.

—Casi no la contamos… —dijo Leandro, soltando el aire con una risa nerviosa.

—Así es… —respondió Elian.

Sus ojos buscaban.

—Tessa…

—Estoy aquí… —dijo ella.

Salió detrás de un vehículo, donde se había cubierto.

Se acercó lentamente.

Aún temblando.

—Perdona… casi arruino todo…

Elian negó.

La miró con una mezcla de alivio y cariño.

—Descuida, amor…

Hizo una pausa.

—Sin ustedes dos… no lo habría logrado.

Leandro caminó hacia ellos.

—¿Escucharon esa voz…?

—Sí… —respondieron ambos.

—Y no creo que eso… pudiera hablar… —añadió Leandro.

Elian negó lentamente.

—No era la criatura.

Tessa frunció el ceño.

—¿Dices que… alguien más habló a través de ella?

Elian asintió.

—Lo sentí…

Miró al suelo un segundo.

—Esa presencia…

Levantó la mirada.

—Me tenía… atrapado.

—No podía moverme… ni hablar.

Tessa dio un paso más cerca.

—Entonces… alguien está intentando llegar a ti…

—O hacerte daño… —añadió.

Elian respiró profundo.

—Parece que sí.

—¿Grabaste todo? —preguntó Elian.

Leandro levantó su laptop.

—Todo.

—Podemos revisar cada segundo.

—Y entender… contra qué estamos peleando.

Recogieron el equipo.

En silencio.

Cada uno procesando lo que acababa de pasar.

Minutos después…

El vehículo de Elian avanzaba por las calles casi vacías.

La ciudad dormía.

Semáforos en rojo cambiando a verde sin tráfico.

Un taxi cruzó lentamente una intersección.

Un colmado aún abierto… con una luz tenue.




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