Paralelo

Capítulo 11: Lo que no se ve

“No todo lo que es invisible deja de existir.”
— Arthur Conan Doyle

El sonido de la puerta al abrirse rompió el silencio de la madrugada.

Los tres entraron al apartamento de Elian… arrastrando el cansancio en cada paso.

La adrenalina comenzaba a bajar.

Y con ella…

el hambre.

—Ok… —dijo Leandro dejando la laptop sobre la mesa—
si no comemos ahora… yo me desmayo.

Tessa dejó caer su bolso en el sofá.

—Apoyo la moción.

Elian se quitó las llaves del bolsillo.

—Tengo pan… huevos… queso…

Miró hacia la cocina.

—Y creo que algo de jamón.

Leandro levantó una mano.

—Hermano… eso es un banquete.

Minutos después…

La cocina estaba encendida.

El sonido de la sartén.

El olor a mantequilla.

El calor del hogar.

Un contraste absurdo con lo que acababan de vivir.

Tessa se sentó en la barra, observando.

—Nunca pensé que después de casi morir… lo primero que haría sería esperar comida.

Elian sonrió ligeramente mientras batía los huevos.

—Prioridades.

Leandro se apoyó en el respaldo de una silla.

—El cuerpo es sabio.

Se hizo un pequeño silencio.

Más tranquilo.

Más humano.

Elian miró a Tessa de reojo.

—¿Cómo está Nicole?

Tessa bajó la mirada un momento.

—Me escribió hace un rato…

Pausa.

—Está mejor.

Respiró hondo.

—Aún… procesando todo.

Elian asintió.

—Es normal.

—Sí…

Tessa jugó con sus manos.

—No deja de pensar en lo que pasó… y en que pudo haber sido peor.

Leandro intervino.

—Pero no lo fue.

La miró con seriedad.

—Y eso es lo que importa.

Tessa levantó la mirada.

Le regaló una pequeña sonrisa.

—Gracias.

Leandro se estiró.

—Bueno… esto definitivamente será material interesante para debatir con la intelectual de mi abuela.

Elian soltó una risa.

—¿Otra vez con eso?

—Oye… —dijo Leandro—
esa señora podría ganarte una discusión aunque estés en lo correcto.

Tessa se unió.

—Me cae bien sin conocerla.

—Deberías conocerla —respondió Leandro—
te va a evaluar en cinco minutos.

—Perfecto… —dijo Tessa—
ya estoy nerviosa.

Rieron.

Una risa más larga esta vez.

Liberadora.

Elian sirvió los platos.

—Por cierto… —dijo mientras colocaba la comida—
mi mamá no está.

—¿Cómo que no está? —preguntó Tessa.

—Se fue de viaje.

Leandro levantó la mirada.

—¿A dónde?

Elian se encogió de hombros.

—Suiza.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Leandro parpadeó.

—Espera…

Se enderezó.

—¿Suiza… no es donde está el CERN?

Tessa miró a Elian.

Elian se quedó quieto.

—Sí…

El ambiente cambió.

De nuevo.

—Ok… —dijo Leandro lentamente—
eso… no puede ser coincidencia.

Tessa frunció el ceño.

—¿Crees que…?

—No sé lo que creo —interrumpió Leandro—
pero es demasiada casualidad.

Elian cruzó los brazos.

—Mi mamá viaja mucho…

—Sí, pero no justo cuando aparece una versión tuya del CERN —respondió Leandro.

Tessa intervino.

—Tal vez es solo eso… una coincidencia.

Leandro negó con la cabeza.

—En una historia normal… sí.

Hizo una pausa.

—Pero ya nosotros no estamos en una historia normal.

Elian se apoyó en la mesa.

Pensativo.

—¿Y si…?

No terminó la frase.

—¿Y si qué? —preguntó Tessa.

Elian la miró.

—¿Y si todo esto está más conectado de lo que creemos?

Silencio.

Leandro levantó un dedo.

—Ok… teoría loca número uno:

—Tu mamá sabe más de lo que aparenta.

Tessa levantó otro dedo.

—Teoría dos:

—No tiene idea… pero está en el lugar equivocado en el momento equivocado.

Elian añadió:

—Teoría tres:

—Nada tiene que ver… y estamos sobrepensando.

Leandro soltó una risa.

—Esa es la menos divertida.

El cansancio empezó a notarse.

Las palabras salían más lentas.

Las ideas… menos estructuradas.

—Ok… ya —dijo Tessa sonriendo—
estamos demasiado cansados para teorías conspirativas.

—Confirmo —añadió Leandro—
mi cerebro ya está en modo ahorro de energía.

Comieron.

En silencio.

Tranquilos.

La laptop seguía ahí.

Esperando.

—¿Vemos el video? —preguntó Leandro.

Elian lo pensó.

Miró a Tessa.

Tessa lo miró a él.

—Mañana… —dijo finalmente.

Nadie discutió.

La sala quedó en silencio.

Los tres en los muebles.

El cansancio los venció sin avisar.

La noche pasó.

La luz de la mañana entró suavemente por la ventana.

El sonido lejano de la ciudad despertando.

Un carro pasando.

Un colmado abriendo.

Un domingo tranquilo.

Elian abrió los ojos primero.

Se quedó mirando el techo unos segundos.

Respirando.

En calma.

Se levantó.

Silencioso.

Fue al baño.

Luego a la cocina.

El sonido del agua.

El aroma del café.

El pan tostándose.

Huevos en la sartén.

La casa volvió a sentirse… normal.

Tessa apareció en el pasillo, con el cabello ligeramente desordenado.

—Huele demasiado bien…

Elian sonrió.

—Buenos días.

—Buenos días…

Leandro apareció segundos después.

—Si esto es un sueño… no me despierten.

Elian señaló hacia el pasillo.

—Pueden ducharse si quieren.

—Hay toallas en ambos baños.

Tessa asintió.

—Voy primero.

Minutos después…

Los tres estaban en la mesa.

Platos servidos.

Café caliente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.