Paralelo

Capítulo 13: Lo que también mira

“El verdadero enemigo rara vez viene de fuera; suele crecer dentro.”
— Carl Jung

El silencio de la sala no era normal.

No era descanso.

Era peso.

La luz de la mañana entraba suavemente por las ventanas, iluminando el polvo suspendido en el aire. El olor a café aún flotaba, mezclado con el de pan tostado… pero ninguno de los tres parecía disfrutarlo.

Elian estaba inclinado hacia adelante.

Los codos sobre las rodillas.

La mirada fija en la pantalla.

Leandro manipulaba el video desde su laptop, conectado al televisor.

—Voy a bajarle la velocidad otra vez —dijo.

Su voz era baja.

Concentrada.

Tessa estaba sentada al lado de Elian.

En silencio.

Pero atenta a cada reacción de él.

—Ahí… —murmuró Leandro.

Pausó.

Retrocedió.

Volvió a reproducir.

La imagen del banco apareció otra vez.

La noche.

Las luces.

La explosión.

—No… no ahí —dijo Elian.

—Sigue.

Leandro avanzó cuadro por cuadro.

La pantalla parpadeaba ligeramente con cada ajuste.

—Es aquí… —dijo Elian.

Su voz cambió.

Más tensa.

Leandro detuvo la imagen.

Durante un segundo…

no pasó nada.

—¿Qué estamos viendo…? —preguntó Tessa.

Leandro acercó el zoom.

Y entonces…

lo notaron.

—Espera… —susurró Tessa.

Detrás de la distorsión.

Detrás de la forma de la criatura.

Había algo más.

Una silueta.

Humana.

Pero no completamente definida.

Como si no terminara de existir.

Elian se inclinó más.

Los ojos abiertos.

Fijos.

—Eso no estaba antes… —dijo Leandro.

—No… —respondió Tessa.

Silencio.

Leandro aumentó el contraste.

La figura se volvió más visible.

Y entonces…

—No… —susurró Elian.

Tessa lo miró.

—¿Qué pasa?

Elian no respondió.

Solo levantó lentamente la mano…

y señaló la pantalla.

—Ese… soy yo.

El aire en la sala cambió.

—No —dijo Leandro de inmediato—
eso no tiene sentido.

—Míralo bien… —insistió Elian.

La figura…

tenía su postura.

Su forma.

Pero no su presencia.

—No se mueve igual… —dijo Tessa.

—No… —respondió Elian.

La voz casi inaudible.

—Está… quieto.

Leandro avanzó un frame más.

La criatura se expandía.

La oscuridad crecía.

Pero la silueta…

no reaccionaba.

—Eso es imposible… —murmuró Leandro.

Otro frame.

Y entonces…

La silueta giró ligeramente la cabeza.

No hacia la criatura.

Hacia la cámara.

Hacia ellos.

Tessa sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Lo viste…? —susurró.

Leandro no respondió.

Elian tampoco.

Porque los tres lo habían visto.

Esa cosa…

los estaba mirando.

Elian se llevó una mano a la cabeza.

—Esto no está bien… —dijo.

Tessa se giró hacia él de inmediato.

—Elian…

—No… esto no está bien… —repitió.

Su respiración cambió.

Más rápida.

Más corta.

—Ey… mírame —dijo Tessa suavemente.

Tomó su mano.

—Estoy aquí.

Pero Elian no la miraba.

Sus ojos…

seguían en la pantalla.

Pero ya no estaban ahí.

—Elian… —insistió.

Nada.

Leandro se levantó.

—Otra vez… —murmuró.

Elian parpadeó.

Y de pronto…

—No… —susurró.

Su cuerpo se tensó.

—No, no, no…

—¿Qué pasa? —preguntó Tessa, ahora con miedo.

Elian habló…

pero su voz no era del todo suya.

—Está aquí…

Silencio.

—¿Quién…? —preguntó Leandro.

Elian tragó saliva.

—Él…

Sus ojos se movían.

Como si siguieran algo que los otros no podían ver.

—No quiere matarme… —dijo lentamente.

Tessa sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

—¿Entonces qué quiere…?

Elian la miró.

Por fin.

Pero había algo distinto en su expresión.

Algo que no era completamente él.

—Quiere que lo deje entrar.

El silencio que siguió fue absoluto.

Tessa apretó su mano.

—No —dijo firme—
eso no va a pasar.

Leandro se acercó más.

—Elian… escúchame…

Pero Elian ya no estaba escuchando.

Su respiración se desaceleró de golpe.

Demasiado.

Sus ojos…

se quedaron fijos.

Vacíos.

—Elian… —susurró Tessa.

Nada.

—Elian —insistió, ahora sacudiéndolo.

Nada.

—¡ELIAN!

Y entonces…

Parpadeó.

Como si regresara de un lugar muy lejano.

Respiró profundo.

Una vez.

Dos.

Y volvió.

—Estoy… —dijo, confundido—
estoy aquí…

Tessa lo abrazó de inmediato.

—No hagas eso… —susurró.

Leandro soltó el aire lentamente.

—Eso ya no es estrés… —dijo.

Elian no respondió.

Solo miró de nuevo la pantalla.

Donde la imagen seguía congelada.

Donde esa otra versión de él…




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