Paralelo

Capítulo 14: El origen del vínculo

“La ciencia no conoce país, porque el conocimiento pertenece a la humanidad.”
— Louis Pasteur

El sonido fue lo primero.

Un zumbido constante.

Grave.

Profundo.

Como si el aire mismo vibrara.

Elian abrió los ojos.

La luz lo obligó a entrecerrarlos.

Blanca.

Intensa.

Artificial.

Parpadeó varias veces.

Confundido.

No estaba en su casa.

Se incorporó lentamente.

La superficie bajo sus manos era fría… metálica.

Miró a su alrededor.

Pantallas.

Estructuras circulares.

Cables.

Luces intermitentes.

Y al fondo…

Una figura.

De espaldas.

—Sabía que esta vez lo lograría… —dijo la voz.

Elian se quedó inmóvil.

—¿Dónde estoy…?

La figura se giró lentamente.

Y ahí estaba.

Él mismo.

Pero distinto.

Más serio.

Más… distante.

—Bienvenido —dijo—
al lugar donde todo comenzó.

Elian tragó saliva.

—¿Eres…?

—Sí —respondió sin dejarlo terminar—
soy tú.

Pausa.

—O… una de tus versiones.

Silencio.

Elian se levantó.

Aún inestable.

—Esto no puede ser real…

El otro Elian caminó hacia él con calma.

—Eso mismo pensé la primera vez.

Se detuvo frente a él.

—Pero créeme… lo es.

Elian lo observó.

De arriba abajo.

—El CERN… —murmuró.

El otro sonrió levemente.

—Exacto.

Un silencio denso se instaló entre ambos.

—¿Cómo… llegué aquí?

—Conexión —respondió el científico—
pero no controlada.

Se giró y caminó hacia una de las pantallas.

—Y eso… es un problema.

Elian frunció el ceño.

—¿Qué está pasando?

El científico no respondió de inmediato.

Tecleó algo.

Las pantallas cobraron vida.

Gráficos.

Lecturas.

Imágenes.

—Tu vida… —dijo finalmente—
corre peligro.

Elian lo miró fijo.

—Eso ya lo escuché.

—Entonces escúchalo mejor ahora.

Se giró hacia él.

—No solo hay una entidad buscándote.

Pausa.

—Hay una organización.

—¿Organización…?

—Gente con recursos… conocimiento… y poder.

Elian sintió un vacío en el estómago.

—¿Y qué quieren?

El científico lo miró directamente.

—Lo mismo que esa cosa.

Silencio.

—A ti.

Elian respiró hondo.

—¿Por qué…?

El científico caminó lentamente a su alrededor.

—Porque tú…

Se detuvo.

—Eres el punto de convergencia.

Elian cerró los ojos un segundo.

—Eso ya me lo dijiste…

—Pero no lo entiendes.

Se acercó un poco más.

—No eres solo una versión más.

Pausa.

—Eres el equilibrio.

Elian abrió los ojos.

—¿Equilibrio de qué?

El científico activó otra pantalla.

—De esto.

La imagen cambió.

Montañas.

Altas.

Silenciosas.

Cubiertas de nieve.

En medio de ellas…

Un hombre.

Sentado.

En calma absoluta.

Flotando.

Elian se quedó sin aliento.

—¿Ese soy yo…?

—Sí.

—¿Qué hace…?

—Domina la mente… la materia… el entorno.

Elian tragó saliva.

—Eso es imposible…

—Para ti… aún.

La imagen cambió.

Oscuridad.

Ciudad.

Un callejón.

Un hombre.

Moviéndose rápido.

Preciso.

Letal.

Un arma en la mano.

Un cuerpo cayendo.

Elian retrocedió un paso.

—No…

—También eres tú.

Silencio.

—¿Qué es esto…?

El científico lo observaba con atención.

—Versiones.

—¿Y por qué me las muestras…?

—Porque necesitas entender lo que está en juego.

Elian negó con la cabeza.

—No… esto no tiene sentido…

—Lo tendrá.

Se acercó más.

—Cuando conectes con ellos.

Elian levantó la mirada.

—¿Conectar…?

—Sí.

Pausa.

—Y cuando lo hagas…

El científico se quedó en silencio.

Observándolo.

Analizándolo.

Algo en su expresión cambió.

Había notado algo.

—¿Qué…? —preguntó Elian.

El científico no respondió de inmediato.

Miró las lecturas.

Luego a él.

—Interesante…

—¿Qué cosa?

—Tu patrón…

Se acercó aún más.

—Está cambiando.

Elian frunció el ceño.

—¿De qué hablas?

El científico dudó un segundo.

Pero no dijo la verdad.

—Nada… aún.

Se giró.

—Necesito más datos.

Pero en su mente…

la conclusión ya estaba formándose.

Está absorbiendo…

No solo conecta…

Integra.

Volvió a mirarlo.

Y por primera vez…

no vio solo una versión.

Vio un riesgo.

—Tenemos poco tiempo —dijo.

Elian lo miró.




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