Paralelo

CAPÍTULO 15: Lo que regresa

"No puedes cruzar el mar simplemente mirando el agua."
— Rabindranath Tagore

La mañana llegó sin permiso.

Como siempre.

Elian llevaba dos horas despierto.

Sin moverse.

Con los ojos abiertos en el techo.

Había algo diferente en él desde anoche.

No lo podía nombrar.

Pero estaba ahí.

Como una frecuencia nueva…

zumbando en algún lugar detrás de los ojos.

Se levantó.

Fue al baño.

Se miró al espejo.

Mismo rostro.

Mismos ojos.

Pero algo…

ya no era igual.

La cocina olía a café.

Tessa estaba sentada en la mesa.

Las manos alrededor de la taza.

Los ojos perdidos en algún punto del mantel.

—Buenos días… —dijo Elian.

Ella levantó la mirada.

—¿Dormiste algo?

—Algo.

Mentira.

Los dos lo sabían.

Se sirvió café.

Se sentó frente a ella.

Un silencio cómodo.

De esos que solo existen entre personas que ya no necesitan llenarlo.

—¿Cómo estás? —preguntó ella al fin.

Elian tomó un sorbo.

—Procesando.

Tessa asintió.

No preguntó más.

Era su forma de decirle: aquí estoy.

—¿Leandro ya está en línea? —preguntó Elian.

Tessa señaló el teléfono sobre la mesa.

—Lleva desde las seis revisando el video.

Elian lo miró.

—Claro que sí.

Una sonrisa pequeña.

Involuntaria.

Leandro era Leandro.

Cuarenta minutos después…

Estaban los tres reunidos frente a la pantalla del portátil de Leandro.

Las imágenes del video avanzaban en cámara lenta.

—Aquí… —dijo Leandro, señalando con el dedo— ¿ven eso?

En el fotograma… detrás de la criatura.

Una sombra dentro de la sombra.

No era parte de ella.

Era anterior.

—Eso ya estaba allí… —murmuró Tessa—. Antes de que apareciera la criatura.

Elian se inclinó hacia la pantalla.

—¿Cuánto antes?

Leandro retrocedió el video.

—Diecisiete segundos.

Silencio.

—Diecisiete segundos —repitió Elian lentamente.

Alguien… o algo… había llegado primero.

Y había esperado.

—Lo mandó —dijo Elian.

No era una pregunta.

Leandro lo miró.

—¿Quién?

Elian tardó en responder.

—Alguien que sabe exactamente lo que está haciendo.

La pantalla seguía mostrando el fotograma congelado.

Esa sombra quieta.

Paciente.

Como alguien que ya sabe el final de la historia.

Tessa cerró el portátil despacio.

—¿Qué hacemos ahora?

Elian se recostó en la silla.

Miró el techo un segundo.

—Aprender más rápido.

—¿De qué?

—De todo.

Pausa.

—Necesito entender cómo conectar.

Cómo controlarlo.

Cómo no quedarme atrapado la próxima vez.

Tessa lo observó.

—¿La próxima vez?

Elian la miró.

—Sí.

Pausa.

—Porque va a haber una próxima vez.

El teléfono de Tessa vibró sobre la mesa.

Lo miró.

Frunció el ceño.

—¿Quién es? —preguntó Leandro.

Tessa levantó la vista.

—Mi hermana.

Una pausa pequeña.

—Dice que llega hoy.

Silencio.

Elian y Leandro se miraron.

—¿Hoy? —dijo Leandro.

—Hoy —confirmó Tessa.

Elian respiró profundo.

Una cosa más sobre el tablero.

Y en algún lugar muy lejano…

detrás de una pantalla llena de ecuaciones…

el científico observaba una lectura nueva.

Un patrón que no había visto antes.

Escribió algo rápido en su cuaderno.

Lo subrayó dos veces.

Está absorbiendo más rápido de lo previsto.

Cerró el cuaderno.

Y se quedó mirando la pared.

Con la expresión de alguien que acaba de comprender…

que el experimento…

ya no está bajo su control.




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