"No puedes cruzar el mar simplemente mirando el agua."
— Rabindranath Tagore
La mañana llegó sin permiso.
Como siempre.
—
Elian llevaba dos horas despierto.
Sin moverse.
Con los ojos abiertos en el techo.
—
Había algo diferente en él desde anoche.
No lo podía nombrar.
Pero estaba ahí.
Como una frecuencia nueva…
zumbando en algún lugar detrás de los ojos.
—
Se levantó.
Fue al baño.
Se miró al espejo.
—
Mismo rostro.
Mismos ojos.
—
Pero algo…
ya no era igual.
—
—
La cocina olía a café.
—
Tessa estaba sentada en la mesa.
Las manos alrededor de la taza.
Los ojos perdidos en algún punto del mantel.
—
—Buenos días… —dijo Elian.
—
Ella levantó la mirada.
—
—¿Dormiste algo?
—
—Algo.
—
Mentira.
Los dos lo sabían.
—
Se sirvió café.
Se sentó frente a ella.
—
Un silencio cómodo.
De esos que solo existen entre personas que ya no necesitan llenarlo.
—
—¿Cómo estás? —preguntó ella al fin.
—
Elian tomó un sorbo.
—
—Procesando.
—
Tessa asintió.
No preguntó más.
—
Era su forma de decirle: aquí estoy.
—
—
—¿Leandro ya está en línea? —preguntó Elian.
—
Tessa señaló el teléfono sobre la mesa.
—
—Lleva desde las seis revisando el video.
—
Elian lo miró.
—
—Claro que sí.
—
Una sonrisa pequeña.
Involuntaria.
—
Leandro era Leandro.
—
—
Cuarenta minutos después…
Estaban los tres reunidos frente a la pantalla del portátil de Leandro.
—
Las imágenes del video avanzaban en cámara lenta.
—
—Aquí… —dijo Leandro, señalando con el dedo— ¿ven eso?
—
En el fotograma… detrás de la criatura.
Una sombra dentro de la sombra.
—
No era parte de ella.
—
Era anterior.
—
—Eso ya estaba allí… —murmuró Tessa—. Antes de que apareciera la criatura.
—
Elian se inclinó hacia la pantalla.
—
—¿Cuánto antes?
—
Leandro retrocedió el video.
—
—Diecisiete segundos.
—
Silencio.
—
—Diecisiete segundos —repitió Elian lentamente.
—
Alguien… o algo… había llegado primero.
—
Y había esperado.
—
—
—Lo mandó —dijo Elian.
—
No era una pregunta.
—
Leandro lo miró.
—
—¿Quién?
—
Elian tardó en responder.
—
—Alguien que sabe exactamente lo que está haciendo.
—
—
La pantalla seguía mostrando el fotograma congelado.
Esa sombra quieta.
Paciente.
—
Como alguien que ya sabe el final de la historia.
—
—
Tessa cerró el portátil despacio.
—
—¿Qué hacemos ahora?
—
Elian se recostó en la silla.
Miró el techo un segundo.
—
—Aprender más rápido.
—
—¿De qué?
—
—De todo.
—
Pausa.
—
—Necesito entender cómo conectar.
Cómo controlarlo.
Cómo no quedarme atrapado la próxima vez.
—
—
Tessa lo observó.
—
—¿La próxima vez?
—
Elian la miró.
—
—Sí.
—
Pausa.
—
—Porque va a haber una próxima vez.
—
—
El teléfono de Tessa vibró sobre la mesa.
—
Lo miró.
—
Frunció el ceño.
—
—¿Quién es? —preguntó Leandro.
—
Tessa levantó la vista.
—
—Mi hermana.
—
Una pausa pequeña.
—
—Dice que llega hoy.
—
—
Silencio.
—
Elian y Leandro se miraron.
—
—¿Hoy? —dijo Leandro.
—
—Hoy —confirmó Tessa.
—
—
Elian respiró profundo.
—
Una cosa más sobre el tablero.
—
—
Y en algún lugar muy lejano…
detrás de una pantalla llena de ecuaciones…
el científico observaba una lectura nueva.
—
Un patrón que no había visto antes.
—
Escribió algo rápido en su cuaderno.
—
Lo subrayó dos veces.
—
Está absorbiendo más rápido de lo previsto.
—
Cerró el cuaderno.
—
Y se quedó mirando la pared.
—
Con la expresión de alguien que acaba de comprender…
que el experimento…
ya no está bajo su control.
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mundos paralelos, versiones de si mismo, poderes multiversales
Editado: 06.04.2026