"Uno puede engañar a muchos. Pero a una madre… rara vez."
— Anónimo
La llamada llegó a las nueve de la mañana.
—
Elian vio el nombre en pantalla y tardó dos segundos más de lo normal en contestar.
—
—Mamá.
—
—¡Hijo! Llegué anoche. ¿Estás bien? Te llamé ayer y no respondiste.
—
—Estaba ocupado.
—
—¿Ocupado haciendo qué a las once de la noche?
—
—Cosas del trabajo.
—
Silencio corto al otro lado.
—
—Elian.
—
—Mamá.
—
—No me mienta.
—
—
Elian se pasó la mano por la cara.
—
Su madre tenía ese talento particular de detectar mentiras a través del teléfono.
A través de una pared.
Probablemente a través del tiempo.
—
—Estoy bien —dijo—. Solo he tenido noches difíciles últimamente.
—
—¿Duermes?
—
—Algo.
—
—¿Comes?
—
—Sí.
—
—¿Tessa está bien?
—
—Sí.
—
—¿Me estás diciendo la verdad?
—
—…Sí.
—
Pausa.
—
—Ven a almorzar mañana.
—
No era pregunta.
—
—
—Mañana tengo…
—
—Elian.
—
—
Él cerró los ojos.
—
—Está bien. Mañana.
—
—Bien. Y trae a Tessa.
—
—Claro.
—
—Y no llegues tarde.
—
—Nunca llego tarde.
—
—Elian, llegas tarde hasta a las cosas que organizas tú.
—
—
Él rio.
—
Pequeño.
Corto.
—
Pero real.
—
—Hasta mañana, mamá.
—
—
Colgó.
—
Se quedó mirando el teléfono.
—
—
Su madre.
—
La única persona en su vida que podía hacerlo sentir diez años con un tono de voz.
—
Y también…
la única que podía hacerlo sentir seguro con la misma facilidad.
—
—
El almuerzo fue al día siguiente.
—
La casa olía como siempre.
Arroz. Guiso. Algo en el horno.
Ese olor que no se puede recrear en ningún otro lugar.
—
—
La madre de Elian —Carmen— tenía la energía de alguien veinte años menor.
—
Abrazó a Tessa primero.
—
—Estás flaca —le dijo—. ¿Este muchacho no te da de comer?
—
—Me da —dijo Tessa, riendo.
—
—Pues cocina mejor, hijo.
—
—Gracias, mamá.
—
—
Durante el almuerzo…
Carmen habló del viaje.
De sus amigas.
De un museo que la aburrió.
De otro que le encantó.
—
Elian comía.
Respondía.
Participaba.
—
Pero en algún punto de la tarde…
Carmen esperó a que Tessa fuera a la cocina por agua.
—
Y se volvió hacia su hijo.
—
—¿Qué está pasando?
—
—
Elian dejó el tenedor.
—
—Mamá…
—
—No empieces.
—
Pausa.
—
—Llevas semanas con esa cara.
Tessa también.
Y Nicole me escribió diciéndome que llegó y que algo raro está pasando.
—
—
Elian la miró.
—
—¿Nicole te escribió?
—
—Nicole siempre me escribe.
—
—
—
Elian respiró.
—
—Hay cosas que están pasando que…
—
Pausa larga.
—
—…no sé cómo explicar sin que suene a que estoy loco.
—
—
Carmen lo miró fijo.
—
Sin prisa.
Sin dramatismo.
—
—Inténtalo.
—
—
Y Elian… por primera vez… lo intentó.
—
No todo.
Pero algo.
—
Le habló de las visiones.
De sentir presencias.
De noches que no podían contarle a nadie.
—
Carmen escuchó.
Sin interrumpir.
—
—
Cuando terminó…
ella tomó su mano sobre la mesa.
—
—
—¿Recuerdas que tu abuelo decía que los sueños no son lo que creemos?
—
Elian la miró.
—
—Sí.
—
—Decía que a veces el mundo habla…
y que algunos tienen la desgracia de escuchar.
—
Pausa.
—
—Siempre pensé que era una forma de hablar.
—
Apretó su mano.
—
—Ahora no estoy tan segura.
—
—
Elian sintió algo aflojarse en el pecho.
—
No miedo.
No alivio exactamente.
—
Algo más parecido a…
no estar solo con el peso.
—
—
—Cuídate —dijo Carmen—. Cuídate mucho.
—
Pausa.
—
—Y deja que Tessa te cuide también.
—
—
—Lo sé, mamá.
—
—No, no lo sabes. Pero aprenderás.
—
—
Tessa regresó con el agua.
—
El tema cambió.
—
Volvieron las risas.
—
Volvió el olor a café de las tres de la tarde.
—
—
Pero algo había cambiado.
—
Silenciosamente.
—
Como cambian las cosas importantes.
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mundos paralelos, versiones de si mismo, poderes multiversales
Editado: 06.04.2026