Paralelo

Capítulo 19: Mama

"Uno puede engañar a muchos. Pero a una madre… rara vez."
— Anónimo

La llamada llegó a las nueve de la mañana.

Elian vio el nombre en pantalla y tardó dos segundos más de lo normal en contestar.

—Mamá.

—¡Hijo! Llegué anoche. ¿Estás bien? Te llamé ayer y no respondiste.

—Estaba ocupado.

—¿Ocupado haciendo qué a las once de la noche?

—Cosas del trabajo.

Silencio corto al otro lado.

—Elian.

—Mamá.

—No me mienta.

Elian se pasó la mano por la cara.

Su madre tenía ese talento particular de detectar mentiras a través del teléfono.

A través de una pared.

Probablemente a través del tiempo.

—Estoy bien —dijo—. Solo he tenido noches difíciles últimamente.

—¿Duermes?

—Algo.

—¿Comes?

—Sí.

—¿Tessa está bien?

—Sí.

—¿Me estás diciendo la verdad?

—…Sí.

Pausa.

—Ven a almorzar mañana.

No era pregunta.

—Mañana tengo…

—Elian.

Él cerró los ojos.

—Está bien. Mañana.

—Bien. Y trae a Tessa.

—Claro.

—Y no llegues tarde.

—Nunca llego tarde.

—Elian, llegas tarde hasta a las cosas que organizas tú.

Él rio.

Pequeño.

Corto.

Pero real.

—Hasta mañana, mamá.

Colgó.

Se quedó mirando el teléfono.

Su madre.

La única persona en su vida que podía hacerlo sentir diez años con un tono de voz.

Y también…

la única que podía hacerlo sentir seguro con la misma facilidad.

El almuerzo fue al día siguiente.

La casa olía como siempre.

Arroz. Guiso. Algo en el horno.

Ese olor que no se puede recrear en ningún otro lugar.

La madre de Elian —Carmen— tenía la energía de alguien veinte años menor.

Abrazó a Tessa primero.

—Estás flaca —le dijo—. ¿Este muchacho no te da de comer?

—Me da —dijo Tessa, riendo.

—Pues cocina mejor, hijo.

—Gracias, mamá.

Durante el almuerzo…

Carmen habló del viaje.

De sus amigas.

De un museo que la aburrió.

De otro que le encantó.

Elian comía.

Respondía.

Participaba.

Pero en algún punto de la tarde…

Carmen esperó a que Tessa fuera a la cocina por agua.

Y se volvió hacia su hijo.

—¿Qué está pasando?

Elian dejó el tenedor.

—Mamá…

—No empieces.

Pausa.

—Llevas semanas con esa cara.

Tessa también.

Y Nicole me escribió diciéndome que llegó y que algo raro está pasando.

Elian la miró.

—¿Nicole te escribió?

—Nicole siempre me escribe.

Elian respiró.

—Hay cosas que están pasando que…

Pausa larga.

—…no sé cómo explicar sin que suene a que estoy loco.

Carmen lo miró fijo.

Sin prisa.

Sin dramatismo.

—Inténtalo.

Y Elian… por primera vez… lo intentó.

No todo.

Pero algo.

Le habló de las visiones.

De sentir presencias.

De noches que no podían contarle a nadie.

Carmen escuchó.

Sin interrumpir.

Cuando terminó…

ella tomó su mano sobre la mesa.

—¿Recuerdas que tu abuelo decía que los sueños no son lo que creemos?

Elian la miró.

—Sí.

—Decía que a veces el mundo habla…

y que algunos tienen la desgracia de escuchar.

Pausa.

—Siempre pensé que era una forma de hablar.

Apretó su mano.

—Ahora no estoy tan segura.

Elian sintió algo aflojarse en el pecho.

No miedo.

No alivio exactamente.

Algo más parecido a…

no estar solo con el peso.

—Cuídate —dijo Carmen—. Cuídate mucho.

Pausa.

—Y deja que Tessa te cuide también.

—Lo sé, mamá.

—No, no lo sabes. Pero aprenderás.

Tessa regresó con el agua.

El tema cambió.

Volvieron las risas.

Volvió el olor a café de las tres de la tarde.

Pero algo había cambiado.

Silenciosamente.

Como cambian las cosas importantes.




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