"El silencio no está vacío. Está lleno de respuestas."
— Anónimo
Ocurrió sin que lo buscara.
—
Esa noche…
sin ritual.
Sin intención.
—
Solo Elian acostado en la oscuridad.
Los ojos abiertos.
La piedra de Celia entre sus dedos.
—
—
Y el zumbido.
—
—
Llegó suave esta vez.
—
No como una explosión.
Como una marea.
—
Lenta.
Inevitable.
—
—
Cerró los ojos.
—
Y dejó que llegara.
—
—
—
La luz fue diferente.
—
No blanca.
No artificial.
—
Natural.
Gris.
—
Frío limpio.
—
—
Montañas.
—
Enormes.
Silenciosas.
Cubiertas de nieve en los picos.
—
Un templo pequeño al costado de una roca.
—
Y frente a él…
sentado sobre una piedra plana…
—
el monje.
—
—
Sus ojos estaban cerrados.
—
La ropa simple.
El viento moviéndole el cabello.
—
Y a su alrededor…
tres piedras pequeñas flotando en círculo.
Despacio.
Perfectamente.
—
—
Elian no habló.
—
No quería romper nada.
—
—
El monje abrió los ojos.
—
Los mismos ojos.
Su rostro.
—
Pero distintos.
—
Quietos.
—
Como un lago sin viento.
—
—
—Tardaste —dijo.
—
Su voz era tranquila.
Sin reproche.
Solo un dato.
—
—Lo sé —respondió Elian.
—
—No lo sabes.
Dices que lo sabes.
—
—
Elian no respondió.
—
—
El monje bajó la mirada a sus manos.
—
Las piedras seguían girando.
—
—¿Lo sientes? —preguntó.
—
—¿Qué?
—
—Lo que hay entre tú y ellas.
—
—
Elian miró las piedras.
—
—No.
—
—Miente menos.
—
—
Elian frunció el ceño.
—
—¿Cómo sabes que miento?
—
—Porque somos el mismo.
—
—
Silencio.
—
—
El monje extendió una mano hacia él.
—
—Siéntate.
—
—
Elian se sentó frente a él en la roca fría.
—
—
—Cierra los ojos.
—
—
Los cerró.
—
—
—Ahora olvida dónde estás.
—
—
Elian intentó.
—
—
—No intentes.
Olvida.
—
—
La diferencia… era enorme.
—
Y sin embargo.
—
Funcionó.
—
—
Algo cambió.
—
No vio nada.
No escuchó nada.
—
Pero sintió algo.
—
Como si el aire tuviera peso.
Como si pudiera…
tocarlo.
—
—
—¿Lo sientes ahora? —preguntó el monje.
—
—Sí —murmuró Elian.
—
—
—Eso es lo que hay entre todo.
—
Pausa.
—
—Aprende a sentirlo primero.
Moverlo viene después.
—
—
—¿Cuánto tiempo tardaste tú?
—
El monje abrió los ojos.
—
—Años.
—
—
Elian abrió los suyos.
—
—No tenemos años.
—
—Lo sé.
—
El monje lo miró.
—
—Por eso tienes que hacer en semanas lo que yo hice en años.
—
—¿Y eso es posible?
—
—No lo sé.
—
Pausa.
—
—Pero tú eres el punto de convergencia.
—
Pausa.
—
—Y eso cambia las reglas.
—
—
Las piedras seguían girando.
—
Una de ellas se detuvo.
—
Y lentamente…
se acercó a Elian.
—
—
—
Él no la movió.
No conscientemente.
—
Pero tampoco la alejó.
—
—
—Bien —dijo el monje.
—
—
Y por primera vez…
algo en el pecho de Elian no fue miedo.
—
Fue algo parecido a…
posibilidad.
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mundos paralelos, versiones de si mismo, poderes multiversales
Editado: 06.04.2026