Paralelo

Capítulo 21: Tessa desde el otro lado

"Amar a alguien que carga lo invisible… es el acto de valentía más silencioso."
— Anónimo

Tessa nunca le contó a nadie lo que realmente sentía.

—

No porque no pudiera.

—

Sino porque no había palabras suficientes.

—

—

Había estado allí desde el principio.

—

Desde la primera noche que Elian se despertó a las tres de la mañana con la respiración cortada.

—

Cuando todavía pensaban que era estrés.

Que era trabajo.

Que iba a pasar.

—

—

Pero no pasó.

—

—

Y Tessa fue aprendiendo a vivir con algo que no tenía nombre.

—

A dormir con una mano sobre el pecho de él.

Para sentir si seguía respirando.

—

A notar los momentos.

Cuando su mirada se perdía.

Cuando tardaba dos segundos más en responder.

Cuando agarraba algo con más fuerza de lo necesario.

—

—

Nadie la había preguntado cómo estaba ella.

—

No de verdad.

—

—

Nicole lo había intentado.

—

Una noche, tarde, cuando Elian ya dormía.

—

—¿Cómo estás, Tessy? —le preguntó.

—

—Bien.

—

—Tessa.

—

—

Silencio.

—

—

—No sé —dijo al fin—. Hay días en que estoy bien. Y hay días en que…

—

Pausa.

—

—…en que no sé hasta cuándo puedo seguir sin entender qué está pasando.

—

—

Nicole la abrazó.

Sin decir nada.

—

A veces eso era suficiente.

—

—

—

Lo que nadie veía era el miedo de Tessa.

—

No a lo que fuera que los seguía.

No a las criaturas.

No a las noches.

—

Su miedo era más silencioso.

—

¿Hasta dónde iba a llegar esto?

—

¿Iba a haber un punto en que Elian se fuera… y no volviera?

—

—

No físicamente.

—

Sino a sí mismo.

—

—

Lo había visto esa noche.

Paralizado.

Sin poder hablar.

Sin poder moverse.

—

Y algo dentro de ella lo había registrado como una advertencia.

—

—

—

Pero también había visto otra cosa.

—

Lo había visto volver.

—

Cada vez.

—

—

Y eso…

era lo que la hacía quedarse.

—

—

—

Esa tarde…

mientras Elian dormía en el sofá después de una noche sin descanso…

Tessa se sentó a su lado.

—

Lo miró.

—

El rostro en calma.

La respiración pareja.

—

—

Sacó su teléfono.

Abrió las notas.

—

Escribió algo que llevaba días sin poder decir en voz alta:

—

"Hay algo diferente en él. Lo siento. No sé si es algo que gana… o algo que lo está cambiando."

—

"Quiero creer que son lo mismo. Pero tengo miedo de que no lo sean."

—

—

Borró las notas.

—

Puso el teléfono boca abajo.

—

Y se quedó mirando cómo él respiraba.

—

—

Porque por ahora…

eso era lo que tenía.

—

Y era suficiente.

—

Tenía que serlo.




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