"Todos tenemos una sombra. La diferencia está en cuánto la hemos mirado."
— Carl Gustav Jung
Esta vez no fue suave.
—
No fue una marea.
No fue un zumbido.
—
Fue un corte.
—
—
Elian estaba en la ducha cuando ocurrió.
—
El agua caliente.
El vapor.
—
Y de repente…
—
la oscuridad.
—
—
No perdió el conocimiento.
—
Solo… cambió de lugar.
—
—
—
Un callejón.
—
La noche.
—
Las sombras tan densas que casi tenían forma.
—
—
Y él.
—
—
La misma cara.
—
Pero diferente a todo lo anterior.
—
Sin quietud.
Sin distancia intelectual.
—
Electricidad.
—
Tensión.
—
Como un animal que sabe exactamente lo que hace.
—
—
—Así que apareciste —dijo.
—
—
Su voz era grave.
Controlada.
—
Pero debajo de eso…
algo afilado.
—
—
—¿Quién eres? —preguntó Elian.
—
—Ya sabes quién soy.
—
—Quiero escucharte decirlo.
—
—
El asesino lo miró.
Sonrió apenas.
—
—Soy lo que haces cuando decides que las reglas no aplican.
—
—
Elian se mantuvo firme.
—
—Eso no es lo que soy.
—
—Todavía.
—
—
—
El asesino caminó lentamente a su alrededor.
—
—Sé más de ti que los otros.
—
—¿Por qué?
—
—Porque yo no analizo.
No medito.
—
Pausa.
—
—Observo.
—
—
—¿Y qué observas?
—
—Que tienes miedo de lo correcto.
—
—
Elian frunció el ceño.
—
—¿De qué?
—
—De cuánto puedes llegar a querer proteger lo que amas.
—
Pausa.
—
—Y de lo que harías para hacerlo.
—
—
Silencio.
—
—
—No me conoces —dijo Elian.
—
—Soy tú —respondió él—. Te conozco mejor que nadie.
—
—
El asesino se detuvo frente a él.
—
—Hay algo que viene.
Y no va a preguntar si estás listo.
—
—Lo sé.
—
—No lo sabes.
Crees que sí.
—
Se acercó un paso.
—
—El científico te da datos.
El monje te da paz.
—
Pausa.
—
—Yo te doy algo diferente.
—
—¿Qué?
—
—Claridad.
—
—
—
—Cuando llegue el momento…
y llegará…
necesitarás saber exactamente qué está en juego.
—
Pausa.
—
—Sin dudas.
Sin adornos.
Sin tiempo para pensar.
—
—
—¿Y tú eres eso?
—
—Soy la parte de ti que ya tomó esa decisión.
—
—
Elian lo miró.
—
—¿Qué decisión?
—
—Que ellos…
—
El asesino lo miró a los ojos.
—
—…no van a ganar.
—
—
El callejón empezó a desvanecerse.
—
—
—Espera —dijo Elian.
—
—Ya hablamos suficiente por ahora.
—
Pausa.
—
—Pero volveré.
—
—¿Cuándo?
—
—Cuando lo necesites.
—
—
Y la oscuridad se cerró.
—
—
—
Elian salió de la ducha.
El agua ya estaba fría.
No sabía cuánto tiempo había pasado.
—
Se miró al espejo.
—
—
Mismo rostro.
—
Pero con algo nuevo en los ojos.
—
No miedo.
—
No poder.
—
Algo más intermedio.
—
Reconocimiento.
—
—
Agarró la toalla.
Y salió del baño sin decir nada.
—
Porque no había palabras para eso todavía.
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mundos paralelos, versiones de si mismo, poderes multiversales
Editado: 06.04.2026