Paralelo

Capítulo 22: La lógica del asesino

"Todos tenemos una sombra. La diferencia está en cuánto la hemos mirado."
— Carl Gustav Jung

Esta vez no fue suave.

No fue una marea.

No fue un zumbido.

Fue un corte.

Elian estaba en la ducha cuando ocurrió.

El agua caliente.

El vapor.

Y de repente…

la oscuridad.

No perdió el conocimiento.

Solo… cambió de lugar.

Un callejón.

La noche.

Las sombras tan densas que casi tenían forma.

Y él.

La misma cara.

Pero diferente a todo lo anterior.

Sin quietud.

Sin distancia intelectual.

Electricidad.

Tensión.

Como un animal que sabe exactamente lo que hace.

—Así que apareciste —dijo.

Su voz era grave.

Controlada.

Pero debajo de eso…

algo afilado.

—¿Quién eres? —preguntó Elian.

—Ya sabes quién soy.

—Quiero escucharte decirlo.

El asesino lo miró.

Sonrió apenas.

—Soy lo que haces cuando decides que las reglas no aplican.

Elian se mantuvo firme.

—Eso no es lo que soy.

—Todavía.

El asesino caminó lentamente a su alrededor.

—Sé más de ti que los otros.

—¿Por qué?

—Porque yo no analizo.

No medito.

Pausa.

—Observo.

—¿Y qué observas?

—Que tienes miedo de lo correcto.

Elian frunció el ceño.

—¿De qué?

—De cuánto puedes llegar a querer proteger lo que amas.

Pausa.

—Y de lo que harías para hacerlo.

Silencio.

—No me conoces —dijo Elian.

—Soy tú —respondió él—. Te conozco mejor que nadie.

El asesino se detuvo frente a él.

—Hay algo que viene.

Y no va a preguntar si estás listo.

—Lo sé.

—No lo sabes.

Crees que sí.

Se acercó un paso.

—El científico te da datos.

El monje te da paz.

Pausa.

—Yo te doy algo diferente.

—¿Qué?

—Claridad.

—Cuando llegue el momento…

y llegará…

necesitarás saber exactamente qué está en juego.

Pausa.

—Sin dudas.

Sin adornos.

Sin tiempo para pensar.

—¿Y tú eres eso?

—Soy la parte de ti que ya tomó esa decisión.

Elian lo miró.

—¿Qué decisión?

—Que ellos…

El asesino lo miró a los ojos.

—…no van a ganar.

El callejón empezó a desvanecerse.

—Espera —dijo Elian.

—Ya hablamos suficiente por ahora.

Pausa.

—Pero volveré.

—¿Cuándo?

—Cuando lo necesites.

Y la oscuridad se cerró.

Elian salió de la ducha.

El agua ya estaba fría.

No sabía cuánto tiempo había pasado.

Se miró al espejo.

Mismo rostro.

Pero con algo nuevo en los ojos.

No miedo.

No poder.

Algo más intermedio.

Reconocimiento.

Agarró la toalla.

Y salió del baño sin decir nada.

Porque no había palabras para eso todavía.




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