Paralelo

Capítulo 28: El punto de no retorno

"Hay un momento en que la preparación termina. Y lo que sigue… ya no tiene nombre."
— Anónimo

Llegó sin que ninguno lo anunciara.

Como llegan las cosas importantes.

Sin ceremonias.

Sin aviso.

Era de noche.

Los cuatro estaban en el apartamento.

Elian.

Tessa.

Leandro.

Nicole.

Alguien había pedido comida.

Había música baja.

Una conversación que empezó seria y terminó siendo una discusión sobre si los mangos dominicanos eran superiores a todos los demás mangos del mundo.

—Sí lo son —dijo Leandro, con una convicción que no admitía debate.

—Es una fruta —dijo Nicole.

—Es una experiencia —corrigió Leandro.

Tessa se rió.

Elian sonrió desde el sofá.

Y fue en ese momento exacto…

en el momento más ordinario…

en el más humano…

que lo sintió.

No fue suave.

No fue una marea.

Fue como si alguien hubiera abierto una ventana en el centro de su pecho.

Un viento frío.

Directo.

—Oigan…

Los tres lo miraron.

Porque lo conocían.

Y ese tono no era normal.

—Algo está pasando.

Leandro fue el primero en reaccionar.

—¿Qué sientes?

—Presencia.

Pausa.

—Múltiple.

Tessa se puso de pie.

—¿La organización?

—No lo sé.

—¿La criatura?

—Tampoco.

—¿Entonces qué?

Elian cerró los ojos.

Y fue la primera vez que lo hizo conscientemente.

En medio de todo.

Con gente alrededor.

Con ruido.

Con luz.

La primera vez que no necesitó el silencio para encontrarlo.

Sintió el espacio.

El peso del aire.

Las cuatro personas en la sala.

Y más allá de las paredes…

algo.

Más de una cosa.

Moviéndose.

En dirección a ellos.

Abrió los ojos.

—Hay que moverse.

—¿Ahora? —dijo Nicole.

—Ahora.

Leandro ya estaba guardando cosas.

Tessa buscaba las llaves.

Nicole los miró a todos.

—¿Alguien va a explicarme…?

—En el carro —dijo Elian.

Salieron.

El apartamento quedó con la luz encendida.

La comida a medias.

La música todavía sonando.

En la calle…

el aire se sentía diferente.

Más pesado.

Como antes de una tormenta.

Elian iba adelante.

Los otros siguiéndolo.

—¿Hacia dónde? —preguntó Leandro.

—No lo sé todavía.

—¿Estás siguiendo algo?

Elian no respondió de inmediato.

Porque no era exactamente eso.

—Me está siguiendo algo a mí.

Pausa.

—Y decidí dejar de correr del otro lado.

Silencio entre los cuatro.

—¿Desde cuándo tomaste esa decisión? —preguntó Tessa.

Elian la miró.

—Ahora mismo.

Tessa asintió.

Sin decir nada más.

Porque había algo en él esa noche.

No miedo.

No arrogancia.

Certeza.

Y eso…

era lo más poderoso que había visto en él desde que todo esto comenzó.

Caminaron.

Juntos.

Hacia lo que venía.

Y en algún lugar muy lejano…

el científico levantó la vista de sus pantallas.

Las lecturas explotaron.

—Ahí está —murmuró.

Y el monje, en su montaña…

sintió el viento cambiar de dirección.

Y sonrió.

Y la versión oscura…

en su habitación sin ventanas…

vio las pantallas encenderse todas a la vez.

—Interesante —dijo.

Y se levantó.

Por primera vez en mucho tiempo.

Porque el juego…

había cambiado de nivel.




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