Paralelo

Capítulo 30: Lo que Tessa vio al final

"No siempre podemos saber en qué momento alguien cambia. Solo podemos saber que ya no es exactamente el mismo."
— Anónimo

Tessa lo vio girarse.

Y algo en ella…

registró una diferencia.

No en su cara.

No en su cuerpo.

En algo más difícil de ubicar.

Como cuando cambias un mueble de lugar en una habitación y no sabes qué es distinto.

Pero sabes que algo lo es.

Caminaron de regreso en silencio.

Los cuatro.

Nicole iba al lado de Leandro.

Por primera vez en semanas…

no hizo preguntas.

Leandro tampoco habló.

Tenía el cuaderno en la mano pero no lo abrió.

Tessa caminaba al lado de Elian.

Sus manos rozándose.

Hasta que él la tomó.

Sin decir nada.

Y eso…

fue suficiente.

Llegaron al apartamento.

La luz seguía encendida.

La comida a medias.

La música todavía sonando.

Alguien la apagó.

Leandro recogió los envases.

Nicole dobló algo que había quedado en el sofá.

Esas pequeñas acciones de normalidad.

Esas que la gente hace cuando necesita que sus manos hagan algo mientras la cabeza procesa.

Elian se sentó en el sofá.

No habló.

Miraba el centro de la sala.

—¿Quieres contarnos qué pasó? —preguntó Leandro al fin.

—Mañana.

Pausa.

—Esta noche necesito ordenarlo.

Leandro asintió.

Sin presionar.

Nicole se despidió con un abrazo corto.

—Aquí estoy —le dijo al oído.

—Lo sé —respondió él.

Leandro se fue también.

—Llámame si necesitas algo.

—Gracias.

Y se quedaron solos.

Tessa y Elian.

Ella se sentó a su lado.

No habló.

Esperó.

—Era él —dijo Elian al fin.

—Lo imaginé.

—No era una criatura.

No era una entidad.

Pausa.

—Era yo.

Tessa asintió.

—¿Qué quería?

—Decirme algo que nadie más me había dicho.

—¿Qué?

Elian se recostó en el sofá.

Los ojos hacia el techo.

—Que cada vez que conecto con mis otras versiones…

el intercambio va en los dos sentidos.

Pausa.

—No solo tomo.

También dejo.

Tessa procesó eso.

—¿Y eso es malo?

—No lo sé todavía.

Pausa.

—Pero significa que lo que soy…

ya no es solo lo que era.

Silencio.

—¿Tienes miedo de eso? —preguntó ella.

Elian tardó.

—No.

—¿Seguro?

Volvió la mirada hacia ella.

—Lo que me da miedo…

es no saber cuánto ha cambiado.

Pausa.

—Y no darme cuenta.

Tessa lo miró.

Largo.

—Yo me daré cuenta —dijo.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque te conozco mejor que tú mismo.

Pausa.

—Y si algo cambia de verdad…

Lo miró a los ojos.

—…te lo voy a decir.

Elian asintió.

—¿Promesa?

—Promesa.

Se quedaron así.

En silencio.

El apartamento quieto.

La ciudad afuera siguiendo su curso.

Taxis.

Semáforos.

Gente que no sabía nada.

Tessa apagó la luz de la sala.

En la oscuridad…

tomó su mano.

Y mientras lo hacía…

notó algo que no dijo.

Sus dedos.

Estaban levemente más fríos que antes.

Solo un poco.

Casi nada.

Lo suficiente.

No dijo nada.

Cerró los ojos.

Y guardó esa pequeña verdad…

para el momento en que fuera necesaria.

Porque lo sería.

Ella lo sabía.

Todavía no sabía cuándo.

Pero lo sabía.

— FIN DEL TOMO I —




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