Las clases del instituto eran una vez a la semana, precisamente los miércoles, allá por las ocho de la tarde. Lacer dejó de ver a las tareas como una carga, su interés se hallaba depositado en su compañera. Ahora ni le rondaba por la mente la idea de faltar. Durante la clase, cruzar miradas lo ilusionaba bastante. Generaba fantasías donde ella le hablaba o se le declaraba. Sin embargo, dichas representaciones no perduraban demasiado, debido a que tenía baja autoestima, su cuerpo no le complacía. A pesar de ello, la perseverancia y la fantasía le permitía persistir en aquella idea de lograr charlar con ella.
Después de un par de clases sin animarse a hablarle, de camino a casa luego del taller, tarde por la noche, iba revisando el celular en sus redes sociales. Entre las sugerencias de Facebook, apareció la foto de una joven con algunos filtros que hacían algo difuso la imagen del perfil. Por curiosidad, entró y revisó entre sus publicaciones, había bastantes memes y fotos de ella. Él asombro fue inconmensurable, una alegría se apoderó del cuerpo y alma del muchacho. Esa cuenta que revisaba si correspondía a su compañera. Apresuró el paso y comenzó a caminar más rápido para llegar a casa.
—No lo puedo creer –murmuró mientras sonreía por la calle—. Se llama Ruby Myers. —“Es hermosa”, pensó.
Al llegar a casa, saludó a todos en su familia, y se internó en su habitación. Acostado en cama, no paraba de pensar en cómo hablarle por allí, ya que en la realidad no se animaba. El miedo a hablarle era irracional: “¿Y si le parezco tonto?”, pensó. El joven no tenía idea de cómo interactuar con ella sin parecerle alguien torpe o estúpido, considerándose a él mismo como tal.
Un debate interno se desató en su cabeza. Pidió consejos a su pequeño grupo de amigos, los cuales, le recomendaron que para empezar debía mandarle una solicitud. También, agregaron para cerrar el consejo:
—“La vida es una sola, solo será un no en el peor de los casos”.
Tras leído ese mensaje, Jean le envió una solicitud de amistad a ella sin dudar ni pestañear por la adrenalina manifiesta. Pero una vez presionado el botón, se atemorizó. Durante el resto de la noche, no dejo de pensar acerca del asunto.
—No debí hacer eso. —Mostraba total arrepentimiento sobre su cometido. Luego de sobrepensar, terminó durmiéndose como a las dos de la madrugada.
Al despertar a las siete de la mañana, revisó el celular con muchas ansias. Pero no había señales de que aceptara su solicitud.
—Es muy temprano, debe ser eso. —Intentó consolarse ante la falta de respuesta de una solicitud que apenas si había mandado noche anterior. Jean se vistió con el uniforme escolar, y tomó la mochila para ir a clases.
De esta manera, transcurrieron las horas y el día en general. Llegada la tarde, sus ánimos bajaron gradualmente. Acompañaba su rutina con canciones lentas y tristes para combinar el momento. Llegó a pensar que era feo, pero descartaba tal idea porque no tenía una foto de perfil como tal en sus redes, sino una imagen de un pingüino con sombrero. “¿Seré raro?”, se preguntó a sí mismo.
—Tal vez, no acepta solicitudes a extraños —Se dijo a sí mismo.
Durante la noche, al momento de cenar con todos ya en la mesa esperando la comida, su celular vibró fuera de lo habitual. Jean lo agarró con las esperanzas ya perdidas, y contempló el cumplimiento de su deseo.
—No puedo creer que me aceptara. —La sonrisa en su rostro era de total victoria.
Pero esto era un primer paso, ahora para escapar del interrogatorio de sus padres, corrió al baño para ocultar la alegría a sus padres.
—¡Ya vengo! —gritó Jean, desapareciendo de la escena.
—¿Y ahora qué le pasa? —dijo la madre extrañada, sirviendo la comida en la mesa.
A pesar de que esto significaba una victoria para Lacer, los nervios persistían. Ahora, estos se generaban debido a que al día siguiente tocaba clases de idiomas, y la vería allí.
—Ruby Myers, que nombre tan bonito —murmuró el muchacho revisando la notificación del celular.
Si bien en su cuenta él no poseía foto de perfil, Ruby ahora podría identificarlo por su nombre al ser mencionado por la profesora en algún momento. No tomaban asistencia, pero el joven temía que, si era nombrado durante algún ejercicio solicitado por la profesora durante la clase, ella podría asociar el nombre con el perfil.
Los pensamientos rondaron su cabeza durante la mayor parte de la noche. No logró descansar correctamente, pero intentaría mantenerse despierto durante la clase de idiomas.
Al llegar y tomar asiento, espero nervioso. Los minutos pasaban, pero tras iniciar la clase, ella nunca llegó. Los nervios de Jean cesaron, pero una ligera tristeza lo acompañó, él quería verla a pesar de ello. Ante la falta de su presencia y el tiempo, devino una idea, ya que la vería hasta dentro de una semana en la siguiente clase, era la oportunidad perfecta para escribirle un mensaje por Facebook al regresar a casa e iniciar una charla…
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—Esto no puede ser tan difícil... —Repetía múltiples veces esa frase dentro de las cuatro paredes de su habitación.
Luego de pasado dos días, agarró valor y con las manos temblorosas, le escribió.