Paralelos

Capitulo III: Otro paso

Al pasar algunos días, Jean mantenía su anonimato en las conversaciones, siempre evadiendo el tema cuando se le presentaba. Temía que ella descubriera que no es alguien atractivo y de esa forma perdiera su interés. Myers, sin saber los motivos de porqué había tanto misterio en algo tan simple, comenzó a fastidiarse con él. Perdiendo su interés poco a poco, se volvió más fría y distante. “Es un engreído”, pensaba ella. A medida que se distanciaban, Jean sabía que no podía mantener más el secreto y debía contarle, aunque no le gustara la idea. La pérdida se daría igual, tarde o temprano, y por ello no quedaba otra que confrontar la situación.

—Verás, tú me conoces. —Escribía mientras sus dedos temblaban—. En el instituto de idiomas, no sé si habrás notado la presencia de un nuevo alumno. —Tras enviar aquel mensaje, se sentó en el sillón angustiado por la respuesta que tendría. Imaginaba todos los escenarios posibles cargados de catástrofes y donde todo marcharía mal.

—¿Acaso tú eres ese chico? —preguntó ella—. ¿Aquel que la profesora hace sentar solo en una mesa a la orilla del aula?

—Perdón, por si no fui lo que esperabas. —Creía que disculpándose generaría algún sentimiento en Ruby capaz de empatizar.

—¿De que estas hablando? —respondió un poco confundida—. Eres un tipo un poco raro, en el buen sentido, pero no juzgo por lo general.

Al ver aquel mensaje Jean, se alegró. Pensó que ella iba a terminar decepcionada por saber acerca de su aspecto físico. Ya revelada la identidad, retomaron aquellas conversaciones cotidianas a todas horas. Algo que habían establecido entre sus charlas, fue el de saludarse en clases y por la calle en caso de cruzarse. Myers tenía curiosidad por hablar con él en persona, Lacer también deseaba lo mismo; sin embargo, temía comportarse torpe frente a ella y hacer el ridículo.

Pasado ya unos días, decidió mandarle un mensaje con la intención de saber si es que ella tenía novio. No tenía el valor de preguntarle directamente, entonces busco una forma sutil en la cual disimular algo que podría evidenciar su sentir respecto a ella.

—¿Cuándo sales con tu novio al centro, que suelen hacer? —preguntó.

—Pues, las pasamos bien. Hacemos un par de tonteras, él viene a buscarme al salir de la escuela y de ahí pasamos el rato —dijo ella desde el otro lado de la pantalla. Cierta opresión le vino en el pecho, aunque desconocía los motivos.

En ese momento de leer aquel mensaje, algo se quebró dentro de Jean. Aquellas ilusiones de una posibilidad de ser algo con ella se destrozaron inmediatamente. Antes de contestar, divagaba si debía esperar a que ella estuviera soltera o de ultima, convertirse solo en su amigo.

—¿Vos tenes novia Jean? —En lo que él demoró en contestar, ella envió otro mensaje.

—Que lindo que tengas pareja la verdad. Yo no tengo, considero que soy malo hablando con las chicas y tampoco he buscado a alguien. —Se hallaba destrozado por dentro, pasó lo que parecía ser inimaginable pero tan real que lo reventaba. Ahora yacía desparramado en el sillón de la sala hecho una piltrafa, observando el color rojo del techo de la cocina a la espera de una respuesta.

—Pero, se ve que eres muy buen personaje, y mira que no te conozco mucho. ¿Te gusta alguien ahora al menos? —preguntó Myers, curiosa por su respuesta y sin despegar los ojos de la pantalla.

—No encuentro alguien que me llame la atención de esa forma, supongo que soy algo extraño —respondió Jean, mintiendo. Aunque el corazón y la mente gritaba desgarrándose por decirle que ella justo tenia algo que le cautivaba.

Creyó, que la opción más sana para estar a su lado, era convertirse en un amigo cercano. Entonces, armado de valor, decidió en dar el siguiente paso: Hablar con ella en persona, algo que temía por algún motivo y que deseaba a su vez. La invitó a caminar por todo el pueblo, algo que, tanto a ella como a él, les fascinaba de acuerdo a lo que conversaron durante días. Para aquella propuesta, Myers respondió que “sí, que le encantaría”. Pero dicha salida, tendría lugar recién el sábado, debido a que durante la semana se encontraría bastante ocupada con la escuela.

Esta ya era la última semana de invierno, comenzaría la primavera aquel viernes un día antes de la caminata. Los árboles volverían a recuperar poco a poco sus hojas, y la temperatura se elevaría, acabando con aquellas frías noches en las que cualquiera se congelaría estando afuera en la intemperie. Las personas del pueblo ya retomaban sus actividades con mayor prolongación, tanto laborales como actividades lúdicas en los espacios públicos.

Durante la semana, Jean se encargó de contarles la situación a sus amigos. Le emocionaba el tener una “cita” con ella, él lo consideraba de esa forma, aunque no se había especificado como tal. De vez en cuando, por su mente transcurría la idea de que tenía novio, pero se abstenía de que iba con otras intenciones, recordando que iba como un “amigo”. Planeó de que temas hablar con Myers en una hoja de su cuaderno para no aburrirla.

—No puedo creer lo que estoy haciendo —murmuró al acabar la lista—. Falta ya menos de treinta horas para verla, estoy emocionado y nervioso.

Eligió su vestimenta para dar buena impresión. Escogió un pantalón negro, zapatillas azules y un buzo verde con capucha. Ya planeado todo, olvidó un detalle importante, debía pedir permiso a su madre para salir de tarde al día siguiente. La familia de Jean era estricta hasta con los horarios, por ende, debía avisar con antelación para salir, además de que sus horarios eran bastantes limitados. Caminó hasta la cocina y con un tono dulce de voz, dijo:



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En el texto hay: amor, amistad, vinculos

Editado: 08.07.2026

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