Luego de tanto leer lo que me habían dejado, pensé demasiado en todos los momentos de mi vida hasta el día de hoy. ¿Qué tanto había logrado? ¿Hasta dónde he llegado? Digo, me fuí a México, si, a la calle, no al país, no me hubiera alcanzado nunca el presupuesto para hacer tan largo viaje, y aunque pudiera, dudo que lo hiciese. La nostalgia pesa más que las ideas, y nunca seré tan impulsivo para dejar todo una vida atrás, o tal vez sí, pero no en estos momentos.
He roto muchas de las cartas que me dejó mi amigo, no porque no fueran importantes, sino porque tantos recuerdos me atormentaron. Una vez que tuve la mente más calmada revisé los fragmentos tirados en el suelo, y al menos dos me llamaron la atención. Supongo que tiene sentido al menos recuperar parte de lo que fue un todo. Así como mi vida, uniré fragmentos de lo que fue, y veré que surge.
[...] ¿Qué es lo que se escapa sin poder evitarlo? Además del tiempo, algo que a las personas acompaña durante su temprana edad, eso que se va y se desperdicia sin pensarlo. A veces pienso que la juventud se deja pasar por el hecho de no saber lo que viene después. Supongo que no es importante si llegado a este punto lo pienso demasiado. Casi llego a la tercera década, de cuatro que pienso estar en este plano. ¿Por qué solo pienso en un número par? Algo más que me acompaña desde que tengo conciencia.
Pensar en cuanto permaneceré no me hace dudar tanto como saber si llegaré al punto de no reconocerme delante del espejo. Las marcas de la piel trayendome a la memoria las malas decisiones que he tomado en todos esos años, los dolores de articulaciones, los días de humedad, la nostalgia de lo que fue y ya no será.
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[...] De los viajes siempre habrá dos cosas es las cuales mi mente suele perderse: por un lado, siempre se me viene a la mente una anécdota que le conté a un amigo, pero curiosamente, aún no se me viene a la cabeza, así que pasaré a lo segundo, para dejar eso más tarde. Algo de lo que ocupo mi cerebro es en pensar en los fumadores, todos aquellos que durante las esperas, queman esos cilindros estéticos de tabaco y nicotina, como si la espera se les hiciera eterna, o si estuvieran apurados por alguna razón que desconozco y que tampoco me interesa. Si supieran, o quizá ya lo saben, que el único tiempo que acortan es el de sus propias vidas. Ya sabrán estos, de pulmones ennegrecidos por el tiempo, los riesgos de autoconsumirse por un vicio. Más allá de esto, siempre me pregunto, si tan desinteresados están por sus vidas, ¿por qué obligan a la gente de su alrededor a estar en las mismas? ¿debo ser partícipe de su ritual autodestructivo, llenándome de las sobras de sus malos aires, del humo del tabaco barato que consumen? Supongo que saben lo que les sucede, pero no que les pasa a los que comparten ese espacio. Pues claro, su desinterés va más allá de lo que les pase a ellos, también les importa poco el resto de gente que los acompaña. ¿Conocerán lo que es un fumador pasivo? Supongo que piensan que solo ellos se están consumiendo a sí mismos nada más. ¿Y los enfermos, asmáticos, o de problemas respiratorios, tampoco importan? Pues claro que no. Si la vida pierde el sentido para ellos, para el resto debe ser igual.
¿Hablaré con enojo o es solo una realidad de la que soy parte? No lo sé.