Pasado

5

Pasaron dos días desde el mal entendido. Dos días desde que intentaron violarme.
Dos días desde que la máquina se rompió.
Dos días desde que estoy encerrada en este lugar sin una salida.

No había salido del edificio en dos días. En realidad si, tan solo un momento para ir a una tienda y comprar algunas cosas para comer, pero de ahí en más, no salí ni para cagar. Eso también es mentira. En un bar que se encuentra en la vuelta del edificio, iba al baño cuando nadie se daba cuenta.

No volví a ver a Ander, mucho menos a ese viejo asqueroso. Y eso me reconfortaba un poco. Pero eso no quitaba la angustia de no poder volver a casa, ni la paranoia de sentir que alguien mandado por Jefferson me perseguía y quería vengarse. Porque no solo había insultado a un mafioso, sino que también lo había hecho a toda una asociación que hace lo mismo que ese puto viejo decrépito. Y tengo miedo que alguno de ellos me encuentre y me den un tiro en la cien, pero ese no es mi mayor miedo. Lo que más temo es morir aquí, y que al mismo tiempo mi familia muera allá.

Nunca creí que le tendría tanto miedo a la muerte, mucho menos a la persona que la causara. Pero esto está fuera de mi alcance, fuera de mi control. Y eso me alteraba.

Intenté reparar la máquina, puesto que la explosión fue en el motor, gracias a los espíritus del más allá que no colapsó también la parte electrónica del sistema, porque sino ahí si estaba bañada en mierda.

Yo más o menos entendía como reparar el motor, pero necesitaba las piezas faltantes, las que se hicieron pedazos por la explosión. Y no sé en donde las conseguiría, puesto que esas piezas las fabricaron Lucas y Nick. No existen en el mercado, y por más que existieran, yo no tendría acceso a ellas por un simple detalle: El puto tiempo que tenemos de diferencia.

Intenté contactarme con el equipo, pero no respondieron, eso me preocupó. Luego ellos intentaron contactarse, pero al parecer yo no estaba en ese momento, así que no pudimos hablar.

Estaba enojada conmigo misma. Y no sé muy bien por qué. Bueno, si sé, pero admitirlo me hacía ver más idiota.

Necesitaba un empleo, cuanto antes. 
Necesitaba un baño, cuanto antes.
Necesitaba cambiarme de ropa, cuanto antes.
Necesitaba volver, cuanto antes.

Estaba a punto de bajar las escaleras del edificio cuando sentí el aparato sonar.

¡Por fin, maldita sea!.

-Hola- contesté rápidamente - ¿Me escuchan?

-Hola, Isabella- la voz mi padre hace que la tranquilidad venga a mi.- ¿Cómo estás mi niña?.

¿Cómo estaba? Bueno, estaba con miedo, estresada, nerviosa, cansada, con ganas de llorar, sin dormir lo necesario, intentando reparar la máquina. Pues si, no estaba en mi mejor momento. A decir verdad, creo que estoy meada por un gato negro.

-Yo estoy bien- Pero eso no lo pude reflejar en mi tono de voz; porque sin quererlo, un nudo se formó en mi garganta, las lágrimas amenazaban con salir de mis ojos. Y un sollozo salió, delatandome. ¿De qué me servía mentir?¿De qué servia hacerme la fuerte? Eso no cambiaría mi realidad, y necesitaba descargarme de una manera u otra- No, no estoy bien. Estoy como el culo, papá. Tengo miedo, la máquina se me rompió hace dos días. No puedo volver, y tengo miedo.

-Isabella, tienes que ser fuerte- dijo papá, como si eso fuera tan fácil es esos momentos- Nosotros haremos otra máquina, te sacaremos de ahí. Pero mientras tanto busca la manera de intentar arreglar la tuya. Y no te metas en problemas.

-Es un poco tarde- dije entre lágrimas, pero una risilla se coló en mi rostro.

-¿Qué hiciste ahora, Isabella?- el tono de voz de papá era entre cansado y preocupado al mismo tiempo.

-Bueno... puede que le haya declarado la guerra a un mafioso. Pero no es para tanto.

-¡¿Qué hiciste?!.

-¡No es para tanto! Y en mi defensa ese gorila repugnante intentó sobrepasarse conmigo, en todos los sentidos de la palabra.

-Hijo de pu...- oí murmurar a Lucas.

-¿Que hiciste específicamente?- papá volvió a hablar, ahora un poco molesto.

- El intentó violarme, y para safarme le pegué una patada el los huevos, y luego hice todo un discurso feminista en medio de su bar. Pero lo que no sabia, era que el lugar estaba lleno de hombres como el. So... tengo que volver antes de que esos hijos de puta me peguen un tiro en la cien.- solté cada palabra con la más mínima preocupación, pero que por dentro me quería pegar por tan estúpida.

-Mira Isabella, nosotros podemos hacer la máquina pero es muy probable que esté lista de aquí a dos meses. Así que intenta arreglar la tuya, Lucas y Nicolás te ayudarán con el armado. Pero por favor, Isabella, por favor no te metas en más líos como este- Estaba enojado, el tono era claro en su voz. Y yo odiaba cuando lo estaba, y más si su enojo iba dirigido a mi. Quizás porque sentía que lo decepcionaba, y yo nunca o casi nunca lo hacía.

-Está bien, ya veré lo que podría hacer con la máquina, pero...¿cómo haré para sobrevivir sin dinero?.

-Tienes que conseguir trabajo, en una tiendita o algo pasajero, en algo en donde solo te alcance para comer.

-Y comprarme ropa.

-¿Ropa, isabella?.

-Si, ropa, no tienes ni idea de cómo la gente me mira por traer estos jean ajustados, especialmente las mujeres. A parte, la ropa que tengo pues ya apesta, llevo dos días igual.

-Te entiendo, solo... cuídate. Por favor, no quiero tener que perderte.

-Yo tampoco quiero perderte papá. Te amo.

-Te amo, mi Isi.

Y colgué.

Colgué porque no podía seguir escuchando su voz, mientras sabía en la preocupación en que lo había metido. ¿Pero qué podía hacer? Ellos tenían que estar al tanto de lo que pasa aquí.

Y todo esto es mi puta culpa.

Y no me refiero a lo de la máquina, eso era inevitable ¿Cómo iba a saber yo que la máquina cambiaría el tiempo al que tenía dispuesto viajar?.

Me refiero a que debí de haberme quedado quieta, no hacer semejante estupidez. Pero tampoco podía quedarme quieta cuando el idiota de Ander iba a golpear a esa chica, y mucho menos dejar que ese tal Jefferson me violara, tan solo por cincuenta pesetas.




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