Pasajeros

Capítulo 37

—¡BAJA EL CUCHILLO EN ESTE PRECISO MOMENTO! —gritó James, casi sin poder controlar sus palabras y sus movimientos.

—¿Qué demonios quieres? —Dianne soltó un quejido e intentó no moverse tanto. Si se descuidaba, Ben podría cortarle el cuello casi por accidente—. ¿Qué diantres tienes en la cabeza?

—¡Silencio! —bramó Ben, acaparando la atención de todos y silenciándolos de una vez.

¿Qué estaba pasando? ¿Era real aquella escena? ¿Ben… era el ladrón del ticket? ¿Él había seguido a los Pasajeros hasta ese punto? ¿Cómo un anciano podía moverse con tanta disposición a través del globo? ¿Qué había hecho para ser exiliado del Triángulo? ¿Por qué se molestaba tanto en ellos? ¿Qué…?

—Escúchame —Owen fue el primero en hablar después de un largo período de silencio—, mírame, Ben.

—Cállate.

—Somos más que tú —lo amenazó Scott, detrás de Owen, y temblando de pies a cabeza. Era el único de los Pasajeros que había convivido con él durante el vuelo. Era el único, junto con Dianne, que lo conocía, o creía conocerlo—. No nos obligues a hacer algo que no debemos hacer.

—¿Ustedes? —se bufó Ben—, apenas pueden hablarse entre ustedes y construir algo que consideran un plan. ¿Les ha salido bien hasta ahora?

El tono de voz de su adversario era de burla por completo. A pesar de tener el físico de una persona de edad ya muy avanzada, Ben se comportaba como casi un joven adulto. ¿Por qué razón? 

—Escúchame con atención —James volvió a alzar el rifle de modo amenazante—, suéltala en este preciso instante o te juro que…

—¿Me jurarás qué, James? —Ben volvió a bufarse—. ¿Me vas a amenazar? ¿Un hombre que toda su vida creció a las sombras del fracaso, bajo la tutela de una pareja joven que se divorció en cuanto perdieron a la pequeña Luna Adams? —¿de qué rayos estaba…? ¿Cómo podía saber todo eso…? ¿Qué demonios estaba ocurriendo? —. ¿Puede amenazarme un hombre que ha buscado el éxito toda su vida a merced de caídas, decepciones e incluso mentiras?

—¡No le hagas caso, James! —chillaba Dianne.

—James, ignóralo —le dijo Owen, bajando el rifle y colocando uno de sus brazos frente al Pasajero para así evitar que cometiera un acto tonto.

—¿Puede amenazarme un hombre que ha vivido más de siete años en el mismo puesto de la compañía que lo contrató por sólo lástima? 

—¡CÁLLATE! 

—¿Un hombre que, por primera vez en su vida, se siente como tal al liderar a un grupo de Pasajeros que no tienen idea de lo que están haciendo? ¿Esa escoria de humano me está amenazando? 

¿Humano? ¿Qué Ben no era uno también? ¿Qué…?

—¡No lo escuches, James! —gimió Dianne, con lágrimas en los ojos—. ¡Ignora todo lo que dice!

—Un hombre que… —Ben dirigió una mirada lenta hacía Dianne, quién aún forcejeaba contra su voluntad— creyó haber encontrado a alguien en su vida que quisiera interesarse en él, no por el dinero que gana, sino por quién es.

—¡Suéltala, maldito hijo de perra! —James volvió a alzar el arma, y aunque Owen aún resistía para detenerlo, ignoró el gesto y jaló el gatillo. 

El casquillo de la bala cayó al suelo provocando un sonido hueco. La bala, suspendida en el aire, daba vueltas sobre sí misma, siguiendo la trayectoria del disparo, pero en lugar de dar contra su objetivo, se mantenía en el aire, como si alguna fuerza sobrenatural la estuviera deteniendo. 

Ben rió.

—Pasajeros aquí presentes, Owen, niña que no conozco —dijo después de la burla—, no me exiliaron de la Isla por ser una mala persona. Me exiliaron por los conocimientos oscuros que pude encontrar en ella. 

La bala cayó al suelo.

—No gastes ningún otro tiro en él, James —lo reprendió Owen, alzando su arma también—, ya he lidiado con alguien así, te aseguro que ni un millar de balas podrán detenerlo.

—Nadie puede detenerme —respondió Ben, aún jalando del cabello de Dianne—. ¿Te acuerdas de mí, Owen?

—Doy gracias a Dios que no —dijo él, frunciendo el ceño—. ¿Qué es lo que quieres?

—Fui exiliado de la Isla al poco tiempo que tú llegaste a ella, pensé que me recordarías. En fin. ¿Quién de ustedes va a ayudarme a regresar a ella?

—Nadie va a hacer algo por ti, desgraciado.

—¡James! —Owen lo reprendió de nuevo en un susurro—. Aquí no. No podemos. Aunque le des un tiro limpio a la cabeza, no le hará daño.

—¿Entonces qué planeas hacer para quitarle la vida al maldito que está del otro lado de la sala? —le respondió James.




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