Pasajeros en extinción

6.3 - La otra misión

Nos hicieron algunos exámenes más antes de revelarnos en qué consistía nuestra misión y quien sería nuestro compañero asignado para esto. Madre estaba muy ansiosa, pero confiaba en que me tocaría un buen compañero, ella estaba casi segura de que sería Iván. No es que él me desagradara, pero sospechaba que ser el hijo del Capitan le daba cierta ventaja, me daba la impresión de que por eso no se esforzaba mucho y no era tan competitivo como yo o los demás.

Finalmente nos dieron los resultados, nos fueron comunicando a todos los niños juntos quienes eran nuestros compañeros. Guardaba una mínima esperanza de que pudiese ser alguien más que Iván, alguno de los otros niños, alguno que no se me quede viendo cuando nos daban una consigna, alguno que desee terminar antes que los demás grupos. Pero no fue así, finalmente fue él mi compañero asignado con quien debería realizar mi misión. Mas adelante me enteraría que fue él mismo quien me había elegido entre algunas opciones que le habían dado, yo no tuve esa oportunidad de elegir, no sé si a los demás también se la dieron, o quizás solo a él por ser quien era. Lo único que sabía en ese momento, es que desde ahí él era mi compañero, era un hecho que no se podía deshacer.

El siguiente paso era conocer al fin de que se trataba nuestra misión, era lo que más me importaba, saber cuál era el desafío para pensar cómo afrontarlo lo más rápido posible y así ganarle a los demás. Toda mi vida hasta ahora sabía que estaba preparándome, instruyéndome, todo para realizar esta misión, una que todos los niños debíamos cumplir, pero que hasta ahora nadie nos había dicho de que se trataba, los adultos no querían que lo supiéramos hasta este momento. No puedo describir lo inquieta que estaba en mi asiento, fueron los instantes más largos que podía recordar pensando que en breve sabría aquel secreto que solo los mayores conocían, incluso que Iván estuviese ahora sentado a mi lado no influía en mí, después de todo, yo compensaría su lentitud, pensaría por los dos de ser necesario. Quizás ahora los adultos ya no me verían como una niña, como alguien inferior, sino ya como alguien que sabe lo mismo que ellos, de igual a igual, ya no existiría ese secreto que nos separaba. Igualmente, mi frustración solo aumentó al saber de qué se trataba la tan esperada misión.

– ¿Eso es todo? – Le dije a la maestra sin intentar siquiera esconder mi decepción – ¿Esa es nuestra misión?

La maestra me vio fijo arrugando la frente, me di cuenta de que mi comentario no fue de su agrado, pero lo que me esperaba como misión tampoco era de mi agrado. No pude contener mi frustración, pero fue lo que sentí en ese momento. No esperaba algo así en lo más mínimo. Creí que los números seguirían siendo los protagonistas, que iba a seguir participando en competencias, que tendríamos que trabajar juntos con mi compañero, con Iván o con quien fuera. Sabía que era buena con los números, y mi reciente fascinación con los gráficos que había visto en las pantallas del Capitan, me darían buena ventaja. Creí que la misión tendría que ver con eso, que era el siguiente paso para nuestros conocimientos, aplicarlos en control y desarrollo de la nave. Pero nunca me habría imaginado que tanta preparación, tantos estudios, tantas calificaciones, tanta presión de Madre, eran para algo tan… primitivo.

Es como si mi valor no lo diera yo con lo que sé, con lo que puedo aprender y hacer con todo eso, sino que mi valor lo dan mis genes, y todas estas pruebas eran para probarlos a ellos. No es a mí a quien quieren para la misión, sino lo que está en mí.

Nunca vi a Madre tan emocionada, por poco no me lastima de tan fuerte que me presionó contra su pecho, casi sentía sus brazos temblar. No dejaba de agradecerme, con las palabras saliendo en silabas, cortadas por su emoción, incluso creo que algo me había caído en el cabello, supongo que fue una lagrima, aunque no recuerdo haberla visto llorar antes. Solo había visto a la madre de Iván actuar similar, pero para mí era completamente ajeno e incómodo, solo me quedé ahí parada con ambos brazos a los costados, mientras ella me cortaba la respiración de lo fuerte que me abrazaba.

Ahora tengo la sensación de que no puedo elegir nada, todo se gana, y aun el mejor premio no me convence, solo lo tomo porque sé que los demás lo quieren. Lo peor es que no hay otra finalidad, no hay otra competencia, este era el único objetivo de tanto estudio.

Creí que entender los números me iba a dar poder, pero no me sirve para elegir, solo me sirven para ganar. Y el mejor premio no lo elegí yo, lo eligieron los demás. Creo que así funciona, que los demás definen cual es un premio y cual no. Nadie aquí parece que pueda elegir estar donde quiere, por ejemplo, Madre no está donde ella quisiera, estoy segura de que quisiera estar en mi lugar. Si todas las niñas estamos compitiendo por el premio, que es ser compañera de misión de Iván, quizás si tenga algún valor después de todo.

No estoy conforme con todo esto, con que me digan que es importante y que no, con que decidan que es un premio y cuál es mi misión. Tal vez todo sería diferente si la misión fuese de mi agrado, pero no lo es. Voy a hacer mi propia misión, sin que nadie más lo sepa pues no le caerá en gracia a nadie, de eso estoy segura, casi puedo imaginar la reacción de Madre si le contara, volvería a rodearme de sus brazos fuerte hasta cortarme la respiración una vez más, pero con la intención de que deje de respirar. Usaré los números que ahora tanto me gustan, llegaré a aquellos gráficos, crearé mi propia misión.




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