—¿300k, señora? —Apenas pude reaccionar en mi mente lo hice también en mi cuerpo, y sentí que daba vueltas en la silla.
—No es la cantidad exacta, pero es una que estimo que no se superará. Te comento... —Me miró inclinando un poco la cabeza, inclinando su cuerpo hacia mí.
—Michelle.
—...Michelle, que nosotros aplicamos esto para hacer que los responsables de los daños realmente lo sean junto al arreglo. Nosotros nunca, pero absolutamente jamás, apoyaríamos cubrir los gastos de uno con el daño que le haya hecho a la institución, por más mínimo que sea. Todos aquí somos como una familia, al que le guste o no, y todos tenemos que cuidar el espacio en el que trabajamos o estudiamos. Si no tienes otra consulta y todas tus dudas son nulas puedes retirarte.
Permanecí allí por unos segundos más, unos pocos, esperando a que mis extremidades me hagan caso y me levante de esa silla. Sentí las piernas débiles, como que si no tuvieran la resistencia para aguantar la ropa que llevaba. Rosa me acompañó afuera, mirándome fijamente luego de lo ocurrido. Yo solo pude mirar al suelo, aguantando las lágrimas por un peso que nunca me imaginé cargar.
—Tranquila, Michelle... ya vas a ver que todo va a salir bien. Yo voy a estar contigo para esto.
—Rosa, esto es fácil para vos decirlo porque no te dieron esta deuda a vos —Ni siquiera la miré—. Yo no sé qué hacer. Apenas el sueldo de la cafetería me va a alcanzar, y más con el tema de que vivo sola...
Ella permaneció callada, tocándose los dedos sin animarse a mirarme ni siquiera de reojo.
—Bueno... discúlpame si te ofendió o algo. No sé qué decirte en estos momentos...
—No pasa nada. Gracias por expresar tu apoyo en esto...
Vagamos por los pasillos hacia el aula de nuestra próxima clase, ya casi por comenzar. Quise concentrarme en ella, pero el reflexionar sobre cómo podría conseguir el dinero me consumía la cabeza y me regañaba por pensar en eso antes que sacar apuntes. Quise escapar de ahí, esconderme, pero sabía que no podía. Y aún tengo que aprender a enfrentar los problemas yo sola.
Más tarde, luego de la clase, me dirigía a mi casa. Bueno, tenía que ir a buscar algunos papeles en el alumnado antes de retirarme del edificio. Rosa ya se había ido, ya que tenía que realizar unas cosas que ya tenía programadas con antelación. Yo iba por el pasillo perdida en mis pensamientos, pensando en el conflicto más reciente, hasta que me choqué con alguien casi al llegar a mi destino. Lo pienso y parece cliché en medio de un pasillo, pero realmente no estaba con la atención bien puesta y caminaba en automático.
—Uy, discúlpame. —mencioné sobándome el hombro, buscando su rostro mientras me disculpaba.
—Ay, no, no pasa nada.
El tipo se volteó y apenas lo hizo sus ojos me encontraron, ya que teníamos una altura similar. Era un miembro del Consejo Estudiantil, uno del grupo de los 3 chicos y 2 chicas que habían entrado en esa habitación antes de que pase todo el problema con la máquina.
—¿Tú eres la que estaba en la máquina expendedora? La pelinegra que estaba con la otra chica castaña.
Sentí el corazón saltar fuerte. ¿Por qué me preguntaba eso? ¿Se habrá enterado de todo el lío ocurrido unas horas antes? Qué vergüenza.
—¿Por qué?
—Porque sí. Tipo, bueno... las había visto en un momento que tenía que entrar a Tutoría y las miré de reojo. Me parecías de cara conocida, nada más. —gesticuló con sus manos como si estuviera en medio de una exposición, y su confianza me estaba agobiando un poco.
—Ah, sí. Era esa —Simplemente me encogí de hombros, aferrándome a mi mochila con la mano sobre mi hombro —. Bueno, yo tengo cosas que hacer en Alumnado. Chao.
—Yo tengo que ir también para allá. Te acompaño de paso.
Simplemente lo miré de reojo, mis pies deteniéndose sin pensarlo. Me acompañó lo poco que quedaba para llegar allí, y me dejó pasar primero a mí por el tema de mis papeles y demás documentos. Permaneció a mi lado, pero no pude negar que mi atención era llamada de reojo y trataba de disimularlo hablando con la profesora al otro lado de la ventanilla. Hacía mucho no veía una piel tan blanca como la de él. Muy blanca...
—Muchísimas gracias. —Apenas terminé el papeleo me retiré de ahí, sin antes saludar al joven con una sonrisa, y él me la devolvió con un saludo de mano.
Miré la hora en el celular saliendo del campus y estaba a tiempo: las 16:53. Tenía que llegar a casa y prepararme para el trabajo, y ver qué iba a hacer con el tema de los arreglos en la universidad. Apenas llegué me metí en la ducha, dejando las cosas en el sofá apenas ingresé y dejé las llaves en la mesa. El agua ayudó mucho, la temperatura sí que sirvió; me sanó los músculos y me despejó un poco la mente de la universidad, para tenerla libre para el trabajo. Salí de allí, me puse mis cremas tanto para el cabello como para el cuerpo y me vestí. Revisé el celular por si tendría algún mensaje de Rosa y me avisó que estaba en el Registro Civil, haciendo papelería al igual que yo en la universidad. Le avisé por las dudas que estaría trabajando, y que terminaba a las 22h mi turno.
Cerré bien las ventanas y puertas, revisé que la garrafa de gas esté bien cerrada y salí del departamento, camino a mi trabajo. Afortunadamente, y algo que siempre agradezco, es que no vivo tan lejos de ahí y me viene bien tanto para mi movilidad como seguridad. Actualmente los días son más peligrosos a estas horas, especialmente si eres del sexo femenino. Llegué al lugar y saludé a todos respetuosamente como siempre lo hacía, pidiendo la llave del vestidor para dejar mis pocas cosas y ponerme la ropa antes de entrar a la barra.
—¡Hola, Michelle! —saludó una compañera de trabajo, sirviendo bebidas mientras me sonreía —¿Cómo te fue en la facultad?
—No deberías de preguntarlo. Me metí en una deuda con la institución por una macana con mi amiga —Simplemente negué con la cabeza, frotándome la sien y frustrándome apenas llegando al trabajo —. Pero bueno, no quiero hablar sobre eso ahora.