Pasillos | Finalizado

Capítulo 10 | Acusación

Mis tacones resonaban algo fuerte por el pasillo. Esta vez, más de uno dejó de hablar al verme pasar. No era normal. Bajé la mirada apenas un segundo. Dos agentes susurraban entre ellos... y se callaron cuando pasé al lado. Perfecto. Ya se había corrido la voz. O peor... ya estaban preparados.

Sabían que llegué de ver el cuerpo de Rosa del Valle. Observar el resultado en ella con respecto al uso de esa arma. Un cuchillo Kukri, si no me equivoco...

Mantuve la cabeza en alto y la mirada fija en el final del pasillo, hacia donde me dirigía. Aún tenía cosas que charlar. Ahora me dirigía a realizar eso.

Anteriormente tuve interrogatorios con ellos los días anteriores, pero aún necesitaba afirmar mis dudas al compás de las pruebas e investigaciones que hacían mis demás compañeros.

Apoyé la mano en el picaporte apenas llegué, abriéndola de golpe. Los hombres en el interior se voltearon a mirarme por la repentina interrupción, pero pronto volvieron a sus cosas. El de mayor jerarquía se me acercó hasta donde yo estaba de pie.

—¿Y? ¿Cómo fue?

—Confesaron bastante. Aunque hay cosas que me dejan dudas.

—Deberías de hacerles más preguntas, ¿no crees? Trata de que llenen los espacios que nos queda en la ficha aún.

Asentí con la cabeza, dirigiendo mi mirada a la ficha que tenía en su mano. La tomé y la coloqué en el escritorio frente a mí, donde había un hombre trabajando. Llené cada espacio donde pedía los datos que yo ya conocía, aún quedando espacios por llenar.

—Vuelvo con la señora primero. —Comenté al voltearme y salir de allí, cerrando la puerta detrás mía, sin preocuparme que se trabe bien.

Ahora todos se mantenían en sus charlas y tareas, sin mirarme nuevamente caminar por el pasillo. Llegué a la sala en menos de un minuto debido a mis pasos rápidos. Allí permanecían personas en las sillas que acompañaban el espacio vacío, esperando sus turnos de pasar a la habitación. Entre ellos estaba la señora Elvira Remedios Cáceres.

Le hice una señal para indicarle que ingrese a la habitación, a la cual rápidamente hizo caso. La misma pequeña habitación donde estuvieron todos pero cada uno a su debido turno. Tomó asiento y luego yo frente a ella.

—Bien, señora. Gracias por permanecer aquí como se lo indicamos —mencioné con la mirada fija en mis manos entrelazadas sobre la mesa, levantando la mirada hacia su rostro—. No tuve autorización todavía para dejarlos ir, así que deberán seguir aportando toda la información que todos ustedes sepan.

La señora asintió con la cabeza, con sus frágiles manos sobre la cartera que adornaba su regazo.

—¿Qué más necesita saber, señorita? Le puedo contestar sin problema todo lo que ustedes necesiten.

Asentí con la cabeza, mirando a otro lado con el ceño levemente fruncido.

—Usted fue la que llamó a la policía, ¿no?

—Sí, señorita.

—¿Qué le indicó realizar la llamada?

—Pues, escuché un grito. Muy agudo por cierto. Provenía de esa casa...

—¿Qué casa?

—La de la joven Rosa... —Mantuvo la mirada hacia abajo, a simple vista muy angustiada por lo ocurrido—. Pobre chica... Tan joven y con un final tan feo e inesperado...

Me mantuve en silencio, mirando su actitud.

—¿Y qué estaba haciendo usted?

—Estaba en la casa de una amiga mía. Vive a dos casas más o menos de la de Rosa. En ese momento ella no estaba justo presente cuando llamé a los oficiales.

Anoté en una libreta que mantenía acompañándome siempre en mi abrigo, al igual que mi pluma.

—¿A quiénes vio en la escena del crimen desde donde usted estaba?

—Pues... si no me equivoco, una hora antes había llegado un joven a la casa de Rosa —contestó pasándose el dedo índice por su mentón, frunciendo levemente el ceño—. Luego de esa hora llegó la joven Michelle, que al rato fue cuando se escuchó el grito.

—¿Qué estaba haciendo usted cuando Michelle llegó a esa casa? —La duda se me presentó al pensar en cómo la señora sabía en qué momento llegó dicha chica.

—Ese fue el momento en el que permanecí sola por un momento en la casa de mi compañera —bajó la mirada levemente, aferrándose a su bolso de mano—. Permanecí mirando la ventana luego de regar la planta que está situada allí, solo por un rato.

Quité mi mirada de ella por un momento, quitándole el peso de mi mirada analizadora. Permanecí mirando la esquina de la habitación, siendo consciente de la ventana que estaba en la pared del costado. Me recosté en el respaldo de la silla, con las manos sobre mis muslos.

—¿Vio quiénes salieron de la casa? —Devolví mi mirada hacia ella, esta vez más suave.

Mantuvo el silencio, apartando la mirada.

—Un momento antes salió Iván de allí. Se fue a su casa, la cual está en el otro lado de la calle. Luego salió Michelle corriendo hacia su bicicleta, con su ropa manchada de sangre.

Asentí con la cabeza, anotando.

—Está bien, señora. Creo que eso es todo —mencioné revisando lo que había anotado en mi pequeña libreta—. Ya puede retirarse supongo. Avísele a los guardias que ya fue interrogada nuevamente. Muchas gracias.

—Gracias a usted, señorita. —Asintió con la cabeza en un movimiento rápido, levantándose de su asiento y saliendo tranquilamente de la habitación.

Permanecí acomodando las hojas, con los codos sobre la mesa. Al momento me levanté y me posicioné en el marco de la puerta, mirando a quien tenía que invitar a pasar ahora.

Iván Salvatierra.

De igual forma ingresó a la habitación como Elvira. Tomó asiento y plantó sus ojos en los míos, con una expresión serena y seria.

—Hola, Iván —mencioné con los ojos en mis garabatos. Luego los levanté hacia él—. Gracias por quedarte. Te haré unas pocas preguntas.

—¿Otra vez? —Me miró incrédulo, apretando los labios luego de tenerlos entrecerrados.

—Sí. Ahora... —Crucé mis manos entre sí mientras me acomodaba en mi asiento, con una mejor comodidad allí—. ¿Por qué fuiste a la casa?




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