—Owen Parker.
El nombre quedó suspendido entre ellos mientras el viento nocturno agitaba las hojas de los árboles y el rugido lejano del océano parecía envolver toda la isla.
Durante unos segundos, Denisse olvidó respirar.
Aquel hombre no se parecía a nadie que hubiera conocido antes.
No era únicamente atractivo.
Había algo más.
Algo difícil de explicar.
Una presencia.
Una intensidad que parecía llenar el espacio a su alrededor.
Y unos ojos oscuros que daban la sensación de ver mucho más de lo que mostraban.
Denisse retiró lentamente su mano.
Intentando ignorar la extraña corriente que había recorrido su cuerpo al tocarlo.
—No esperaba encontrarlo aquí esta noche.
La mirada de Owen permaneció fija en ella.
—Y yo no esperaba encontrar a una desconocida caminando sola por mis jardines.
La forma en que pronunció la palabra mis hizo que Denisse levantara una ceja.
—¿Sus jardines?
Una sonrisa apenas perceptible apareció en los labios de Owen.
—Toda la isla pertenece a mi familia.
Aquella respuesta debería haber sonado arrogante.
Y quizás lo era.
Sin embargo, la seguridad con la que lo dijo resultaba extrañamente natural.
Como si estuviera acostumbrado a cargar con el peso de algo mucho más grande que una simple fortuna.
Denisse cruzó los brazos.
—Entonces supongo que debo agradecerle por permitirme caminar en ellos.
Por primera vez, Owen pareció divertirse.
Una auténtica sonrisa asomó en su rostro.
Y fue aún más peligrosa que su expresión seria.
—No mucha gente se atreve a responderme así.
—No mucha gente me impresiona.
El silencio volvió a instalarse.
Pero esta vez fue diferente.
Más eléctrico.
Más cargado.
Como si ambos estuvieran probando los límites del otro.
Finalmente Owen habló.
—Eleanor me dijo que llegaste hoy.
—Así es.
—¿Y qué te parece la isla?
Denisse observó los acantilados iluminados por la luna.
—Hermosa.
Owen esperó.
—¿Y?
—Extraña.
Una sombra cruzó los ojos del hombre.
Tan rápida que casi pasó desapercibida.
—¿Extraña?
—Todos parecen esconder algo.
La sonrisa desapareció.
Completamente.
—Tal vez porque algunos secretos deberían permanecer ocultos.
Aquella respuesta hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Denisse.
Y por primera vez desde que había llegado comprendió que las historias que circulaban sobre aquella familia probablemente eran ciertas.
Porque Owen Parker ocultaba algo.
Algo enorme.
Más tarde, mientras regresaba a su habitación, Denisse no conseguía sacarlo de su cabeza.
Era absurdo.
Acababa de conocerlo.
Sin embargo, seguía recordando cada palabra.
Cada mirada.
Cada gesto.
Intentó convencerse de que era simple curiosidad.
Nada más.
Pero una voz en el fondo de su mente le susurraba algo diferente.
Algo que no quería admitir.
Porque después de su divorcio se había prometido no volver a involucrarse emocionalmente con nadie.
Mucho menos con un hombre como Owen Parker.
Un hombre que parecía capaz de destruir corazones sin siquiera proponérselo.
A varios kilómetros de allí, en el ala privada de la mansión, Owen observaba el océano desde una enorme ventana.
Su expresión era impenetrable.
—La conociste.
La voz femenina surgió detrás de él.
Owen no se volvió.
—Sí.
—¿Y?
La mujer se acercó.
Era elegante.
Hermosa.
Y había algo frío en su mirada.
Algo calculador.
Se llamaba Victoria Parker.
Su prima.
Y una de las pocas personas que conocían todos los secretos de la familia.
—Es diferente —respondió Owen.
Victoria sonrió.
—Lo noté.
Finalmente Owen giró.
—¿Qué significa eso?
—Que no podías dejar de mirarla.
La mandíbula de Owen se tensó.
—No empieces.
—Solo digo la verdad.
El silencio se instaló entre ambos.
Victoria conocía demasiado bien a su primo.
Lo suficiente para saber que algo había cambiado aquella noche.
Y eso podía ser un problema.
Porque Denisse había llegado a la isla en el peor momento posible.
Justo cuando los viejos secretos comenzaban a despertar.
La mañana siguiente llegó acompañada de una fuerte tormenta.
El cielo estaba cubierto por nubes negras.
Las olas golpeaban violentamente los acantilados.
Y el ambiente entero parecía cargado de tensión.
Denisse llegó al despacho principal poco después de las ocho.
Se sorprendió al encontrar a Owen ya trabajando.
Vestía una camisa oscura remangada.
Varias carpetas estaban abiertas sobre el escritorio.
Y parecía completamente concentrado.
Hasta que levantó la vista.
Sus ojos encontraron inmediatamente los de ella.
Como si hubiera sabido exactamente cuándo entraría.
—Buenos días.
—Buenos días.
—Siéntate.
Ella obedeció.
Intentando ignorar la sensación extraña que le provocaba estar tan cerca de él.
Durante las siguientes horas revisaron documentos, contratos y archivos históricos relacionados con la propiedad.
Owen era extremadamente inteligente.
Rápido.
Exigente.
Perfeccionista.
Pero también sorprendentemente paciente.
Y cuanto más trabajaban juntos, más difícil resultaba para Denisse encajar la imagen del hombre frío y distante con la persona que tenía delante.
Porque detrás de aquella apariencia impenetrable existían grietas.
Pequeñas grietas.
Momentos fugaces donde parecía cansado.
Solo.
Incluso vulnerable.
Y eso la desconcertaba.
Al mediodía ocurrió algo inesperado.
Mientras revisaban unos documentos antiguos, una fotografía cayó desde el interior de una carpeta.