Pasión Oscura

CAPÍTULO 3 La Llave y la Mentira

La nota temblaba entre los dedos de Denisse.

“Si quieres descubrir quién eres realmente, no confíes en Owen Parker.”

Las palabras parecían arder sobre el papel.

Una parte de ella quería romperlo.

Otra necesitaba saber más.

Mucho más.

Volvió a mirar la fotografía encontrada dentro de la caja.

La mujer seguía allí.

Sonriendo a la cámara mientras sostenía un bebé en brazos.

La semejanza era perturbadora.

No era una simple coincidencia.

Los mismos ojos.

La misma forma del rostro.

La misma sonrisa.

Era como observar una versión de sí misma perteneciente a otra época.

Denisse sintió un escalofrío.

Luego observó la llave.

Era antigua.

Pesada.

De hierro oscuro.

Parecía pertenecer a una puerta que llevaba décadas cerrada.

¿Qué estaba ocurriendo?

Había llegado a la isla apenas veinticuatro horas antes.

Y ya tenía más preguntas que respuestas.

Mientras contemplaba aquellos objetos, una idea comenzó a crecer en su mente.

Una idea peligrosa.

Quizá Owen le estaba ocultando algo.

Quizá mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Y si aquello era cierto…

¿Podía confiar en él?

La tormenta continuó rugiendo durante toda la madrugada.

El viento golpeaba los ventanales de la mansión.

Las ramas de los árboles se agitaban violentamente.

Y el océano parecía enfurecido.

Denisse apenas logró dormir.

Cada vez que cerraba los ojos aparecía la fotografía.

La mujer.

El bebé.

La nota.

Y los ojos oscuros de Owen.

Especialmente los ojos de Owen.

Aquella mirada que parecía esconder secretos imposibles de descifrar.

Cuando finalmente amaneció, estaba agotada.

Pero también decidida.

Necesitaba respuestas.

Y pensaba encontrarlas.

El desayuno transcurrió en un silencio extraño.

Algunos empleados se movían discretamente por el enorme comedor.

Eleanor organizaba documentos.

Y Owen permanecía sentado al otro extremo de la mesa revisando informes.

La luz gris de la mañana atravesaba los ventanales.

Por alguna razón, el ambiente parecía aún más tenso que el día anterior.

Denisse observó a Owen por encima de su taza de café.

Él levantó la vista.

Sus miradas se encontraron.

Algo ocurrió.

Otra vez.

Aquella descarga silenciosa.

Aquella atracción que ninguno parecía capaz de controlar.

Fue Owen quien rompió el contacto primero.

Un gesto mínimo.

Pero suficiente para llamar la atención de Denisse.

¿Estaba evitándola?

La idea resultó extrañamente molesta.

Y eso la irritó todavía más.

Porque no tenía ningún derecho a sentirse así.

Apenas lo conocía.

Sin embargo, cada vez que él se alejaba sentía una inexplicable sensación de pérdida.

Algo completamente irracional.

Horas después, mientras trabajaban en el despacho principal, el silencio volvió a instalarse entre ambos.

Denisse intentaba concentrarse.

Imposible.

La llave permanecía escondida en uno de los bolsillos de su chaqueta.

La nota seguía guardada en su habitación.

Y las preguntas crecían sin parar.

Finalmente decidió arriesgarse.

—¿Quién era la mujer de la fotografía?

La mano de Owen se detuvo sobre unos documentos.

Solo un segundo.

Pero ella lo notó.

—Ya hablamos de eso.

—No realmente.

—Denisse…

—¿Por qué se parecía tanto a mí?

Owen cerró lentamente la carpeta que estaba revisando.

Cuando levantó la vista, la temperatura de la habitación pareció descender varios grados.

—Hay cosas que no entiendes.

—Explícamelas.

La tensión se hizo palpable.

El silencio se volvió casi insoportable.

Finalmente Owen se levantó.

Se acercó a la enorme ventana.

Y permaneció observando el océano durante varios segundos.

Como si estuviera luchando consigo mismo.

—La verdad puede ser peligrosa.

—La mentira también.

Aquella respuesta provocó una reacción inesperada.

Owen sonrió.

Una sonrisa amarga.

Cansada.

—No tienes idea de cuánto.

Por primera vez, Denisse percibió algo diferente en él.

No era arrogancia.

No era frialdad.

Era dolor.

Un dolor profundo.

Antiguo.

Como una herida que jamás había terminado de sanar.

Y por alguna razón, eso la afectó más de lo que debería.

Aquella misma tarde decidió explorar la mansión.

Sola.

Los corredores parecían interminables.

Algunas alas permanecían cerradas.

Otras estaban prácticamente abandonadas.

El lugar entero respiraba historia.

Y secretos.

Muchos secretos.

Mientras caminaba, llegó a una escalera secundaria que descendía hacia los niveles inferiores.

Nunca la había visto antes.

La curiosidad pudo más.

Comenzó a bajar.

Un escalón.

Luego otro.

Y otro.

La luz se volvió más tenue.

El aire más frío.

Hasta que finalmente llegó a una pesada puerta de madera.

Su corazón se aceleró.

Porque la cerradura era antigua.

Exactamente del mismo estilo que la llave encontrada en la caja.

Durante unos segundos permaneció inmóvil.

Mirándola.

Intentando decidir.

Luego introdujo la llave.

Encajó perfectamente.

El sonido del mecanismo resonó en el silencio.

Un clic metálico.

Lento.

Definitivo.

La puerta comenzó a abrirse.

Y detrás apareció una habitación oculta.

Lo primero que vio fueron fotografías.

Decenas.

Quizá cientos.

Cubriendo paredes enteras.

Fotografías antiguas.

Recortes de periódicos.

Documentos.

Cartas.

Archivos.

Era una especie de sala privada.

Un archivo secreto.




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