“La verdad sobre tu nacimiento está aquí.”
Denisse leyó aquellas palabras una y otra vez.
Sentada sobre el borde de la cama.
Con la fotografía entre las manos.
Y el corazón latiendo tan fuerte que parecía querer escapar de su pecho.
La niña de la imagen era ella.
No tenía dudas.
Ni una sola.
Los mismos ojos.
El mismo cabello.
La misma sonrisa.
Incluso la pequeña cicatriz junto a la ceja izquierda que había tenido desde la infancia.
Aquella fotografía destruía cualquier posibilidad de coincidencia.
La mujer desconocida estaba relacionada con ella.
Y alguien en la isla quería que lo descubriera.
La pregunta era…
¿Por qué?
Y más importante aún…
¿Por qué Owen intentaba impedirlo?
El reloj marcaba la una y media de la madrugada.
La lógica le decía que debía esperar.
Que debía pensar.
Que debía actuar con prudencia.
Pero la necesidad de respuestas era más fuerte.
Mucho más fuerte.
Tomó una linterna.
Se colocó una chaqueta.
Guardó la fotografía dentro de un bolsillo.
Y salió de la habitación.
La mansión dormía.
Los enormes corredores permanecían vacíos.
Las lámparas proyectaban sombras alargadas sobre las paredes.
Todo parecía silencioso.
Demasiado silencioso.
Denisse descendió por la escalera principal intentando no hacer ruido.
Las coordenadas indicaban un punto ubicado al norte de la isla.
Cerca de los antiguos acantilados.
Una zona prácticamente abandonada.
Al menos según los mapas que había visto.
Atravesó los jardines.
El aire nocturno estaba frío.
El océano rugía a la distancia.
Y una espesa niebla comenzaba a cubrir el terreno.
Por primera vez sintió miedo.
Un miedo auténtico.
Porque no sabía quién había dejado aquella fotografía.
No sabía quién la estaba guiando.
Y tampoco sabía quién podía estar observándola.
Sin embargo continuó avanzando.
Algo dentro de ella necesitaba llegar hasta el final.
Mientras tanto…
En otra parte de la mansión.
Owen Parker abrió los ojos de golpe.
No sabía exactamente qué lo había despertado.
Tal vez un ruido.
Tal vez una sensación.
O tal vez simplemente el presentimiento que lo perseguía desde la llegada de Denisse.
Se incorporó.
Miró la hora.
Y algo llamó inmediatamente su atención.
La luz de la habitación de Denisse estaba apagada.
Normal.
Pero una extraña inquietud comenzó a crecer dentro de él.
Se vistió rápidamente.
Y salió al corredor.
Cuando llegó a la puerta de la habitación encontró algo que hizo que su expresión se endureciera.
La habitación estaba vacía.
—Maldición.
La palabra escapó de sus labios.
Porque supo exactamente lo que había ocurrido.
Alguien había vuelto a acercarse a ella.
Alguien estaba moviendo piezas.
Y si sus sospechas eran correctas…
Denisse corría peligro.
Por primera vez en años, Owen sintió auténtico miedo.
No por él.
Por ella.
La niebla se volvía cada vez más densa.
Denisse avanzaba siguiendo las coordenadas que aparecían detrás de la fotografía.
El sendero era estrecho.
Rocoso.
Y cada vez más aislado.
Las ramas de los árboles parecían formar túneles oscuros sobre su cabeza.
El sonido del océano se hacía más fuerte.
Más violento.
Finalmente llegó.
Un antiguo faro abandonado emergía entre la bruma.
Era enorme.
Y estaba completamente en ruinas.
Ventanas rotas.
Paredes agrietadas.
Hierro oxidado.
Parecía un lugar olvidado por el tiempo.
Las coordenadas terminaban allí.
Su respiración se aceleró.
Porque comprendió que alguien esperaba que entrara.
Y aun así lo hizo.
El interior estaba oscuro.
La linterna apenas lograba atravesar las sombras.
Denisse avanzó lentamente.
Cada paso hacía crujir la madera.
El silencio resultaba inquietante.
Hasta que vio algo.
Una caja metálica apoyada sobre una vieja mesa.
Su corazón dio un salto.
Se acercó.
Y la abrió.
Dentro encontró varios documentos.
Fotografías.
Y una carta.
Una carta dirigida a alguien llamado…
Owen Parker.
La sangre se congeló en sus venas.
Tomó el sobre.
Lo abrió.
Y comenzó a leer.
Las primeras líneas bastaron para comprender que aquello podía cambiarlo todo.
Porque la carta hablaba de una mujer desaparecida.
De un niño.
Y de una decisión tomada hacía más de veinte años.
Una decisión que había destruido varias vidas.
Pero antes de poder continuar…
Escuchó un ruido detrás.
Un ruido fuerte.
Repentino.
La puerta acababa de cerrarse.
Denisse giró bruscamente.
La linterna tembló en su mano.
—¿Hola?
Nadie respondió.
Solo silencio.
Y entonces escuchó pasos.
Lentos.
Pesados.
Aproximándose desde la oscuridad.
Su corazón comenzó a desbocarse.
—¿Quién está ahí?
Nada.
Los pasos continuaron acercándose.
Más.
Y más.
Y más.
Hasta que una figura apareció entre las sombras.
Alta.
Vestida completamente de negro.
Su rostro permanecía oculto.
Denisse retrocedió.
Instintivamente.
La figura siguió avanzando.
—¿Quién es usted?
Por fin habló.
Y la voz hizo que el terror recorriera todo su cuerpo.
Porque parecía conocerla.
—Has hecho demasiadas preguntas, Denisse.
Ella quedó inmóvil.
—¿Cómo sabe mi nombre?
La figura soltó una breve carcajada.
Una carcajada fría.
Perturbadora.
—Porque llevo muchos años esperando que llegaras.