El trayecto de regreso a la mansión transcurrió en un silencio casi insoportable.
La luna iluminaba el sendero mientras el viento agitaba los árboles y el océano rugía a la distancia.
Denisse caminaba junto a Owen.
Tan cerca que podía sentir su presencia.
Tan cerca que cada vez que sus brazos rozaban accidentalmente, una descarga recorría su cuerpo.
Y sin embargo parecían separados por un abismo.
Un abismo construido con secretos.
Mentiras.
Y verdades que ninguno se atrevía a pronunciar.
La imagen del hombre encapuchado seguía grabada en su mente.
Aquella voz.
Aquella amenaza.
Aquella extraña afirmación.
“Llevo muchos años esperando que llegaras.”
Nada tenía sentido.
Y cuanto más intentaba comprenderlo, más preguntas aparecían.
Finalmente fue ella quien rompió el silencio.
—¿Lo conoces?
Owen siguió caminando.
—Sí.
—¿Quién es?
—Alguien de quien debes mantenerte alejada.
—Esa no es una respuesta.
—Es la única que puedo darte.
La frustración explotó inmediatamente.
—Siempre haces lo mismo.
Owen se detuvo.
Ella también.
La luz plateada de la luna iluminó parcialmente su rostro.
Y por primera vez desde que se conocían, Denisse vio agotamiento en sus ojos.
Un agotamiento real.
Profundo.
Como si llevara años soportando un peso imposible.
—Créeme cuando te digo que intento protegerte.
—¿Protegerme de qué?
Owen la observó durante varios segundos.
Luego respondió con una sinceridad inesperada.
—De la verdad.
Aquellas palabras provocaron un escalofrío.
Porque sonaban peligrosamente reales.
Cuando llegaron a la mansión, Denisse descubrió que no era la única que seguía despierta.
Isabella Laurent estaba esperándolos.
Sentada en uno de los enormes sillones del salón principal.
Con una copa de vino entre las manos.
Y una expresión imposible de interpretar.
Sus ojos se posaron primero en Denisse.
Luego en Owen.
Después volvieron a Denisse.
La conclusión pareció inmediata.
La sonrisa desapareció de su rostro.
—Vaya.
La palabra salió cargada de significado.
—Parece que tuvieron una noche interesante.
Denisse sintió una incomodidad inmediata.
Mientras tanto, Owen parecía cada vez más irritado.
—No empieces.
Isabella soltó una breve risa.
—¿Por qué? ¿Te preocupa lo que pueda pensar?
—No me preocupa nada.
Mentía.
Y los tres lo sabían.
Isabella se levantó lentamente.
Su elegancia era impecable.
Su mirada no.
Había algo más.
Celos.
Puros y evidentes.
—Qué curioso.
Owen permaneció inmóvil.
—¿Qué cosa?
—Nunca te había visto correr detrás de nadie.
El silencio cayó sobre el salón.
Pesado.
Incómodo.
Explosivo.
Denisse sintió que estaba presenciando una conversación privada.
Algo que no debería estar escuchando.
Sin embargo, no logró apartarse.
Porque la reacción de Owen resultó aún más reveladora.
Su mandíbula se tensó.
Sus ojos se oscurecieron.
Y durante unos segundos pareció realmente furioso.
—Buenas noches, Isabella.
Aquello era una despedida.
Una orden.
La mujer sonrió.
Pero no parecía derrotada.
—Claro.
Mientras se alejaba por las escaleras, lanzó una última mirada hacia Denisse.
Una mirada que funcionó como advertencia.
Y amenaza.
Al mismo tiempo.
Esa noche Denisse volvió a revisar la carta encontrada en el faro.
La había ocultado antes de que Owen pudiera verla.
Y ahora comprendía por qué.
Porque las palabras escritas allí resultaban inquietantes.
Hablaban de una mujer llamada Elena.
Hablaban de una separación forzada.
Hablaban de una niña desaparecida.
Y hablaban de alguien dispuesto a hacer cualquier cosa para proteger el apellido Parker.
Incluso destruir vidas.
Denisse leyó cada línea varias veces.
Hasta que llegó a una frase subrayada.
Una frase que le heló la sangre.
“Si algún día ella regresa, la verdad destruirá todo lo que construimos.”
Ella.
¿Quién era ella?
¿La niña?
¿Su madre?
¿O ella misma?
El corazón comenzó a latir con fuerza.
Porque cada vez parecía más evidente que su llegada a la isla no había sido una casualidad.
Alguien la había llevado hasta allí.
Alguien había planeado todo.
La verdadera pregunta era quién.
A la mañana siguiente, una fuerte discusión despertó a Denisse.
Las voces provenían del despacho principal.
Reconoció una inmediatamente.
Owen.
La otra pertenecía a un hombre desconocido.
Impulsada por la curiosidad, se acercó silenciosamente.
La puerta estaba entreabierta.
Lo que escuchó hizo que su respiración se detuviera.
—Ya no puedes seguir ocultándolo.
—Lo haré el tiempo que sea necesario.
—Ella merece saberlo.
—No.
—¿Por qué?
El silencio duró varios segundos.
Y cuando Owen habló, su voz sonó más vulnerable de lo que Denisse jamás la había escuchado.
—Porque si descubre la verdad… la perderé.
El corazón de Denisse dio un salto.
La perderé.
No dijo la pondré en peligro.
No dijo se irá.
Dijo la perderé.
Aquellas palabras permanecieron suspendidas en el aire.
Y por alguna razón afectaron algo dentro de ella.
Algo que intentaba negar desde hacía días.
Horas después, mientras organizaban documentos juntos, la tensión entre ambos era evidente.
Ninguno mencionó el incidente del faro.
Ninguno habló de la carta.
Ninguno habló de la noche anterior.
Pero ambos pensaban exactamente en lo mismo.
Owen revisaba unos archivos.