Pasión Oscura

CAPÍTULO 7 La Verdad Tiene Precio

Hay descubrimientos que cambian una vida.

Y luego están aquellos que destruyen todo lo que una persona creía saber sobre sí misma.

Denisse sostenía el informe de ADN con las manos temblorosas.

La lluvia golpeaba los ventanales de su habitación.

Los relámpagos iluminaban la oscuridad de forma intermitente.

Y el papel parecía pesar una tonelada.

“Parentesco biológico confirmado.”

Aquella frase seguía grabada en su mente.

Una y otra vez.

Sin descanso.

La mujer de las fotografías estaba vinculada a los Parker.

Y la nota era aún peor.

“Owen también lo sabe.”

Si era cierto…

Si Owen conocía aquella información desde el principio…

Entonces le había mentido.

No una vez.

Muchas veces.

Cada silencio.

Cada evasiva.

Cada respuesta incompleta.

Todo adquiría un significado diferente.

Doloroso.

Peligroso.

Personal.

Por primera vez desde que había llegado a la isla, sintió una auténtica traición.

Y lo peor era que le importaba.

Le importaba demasiado.

Porque Owen ya se había convertido en algo más que un simple jefe.

Mucho más.

La noche fue interminable.

Denisse apenas logró dormir.

Cada vez que cerraba los ojos aparecía su rostro.

Sus miradas.

Sus sonrisas.

Sus advertencias.

Y aquella frase escuchada accidentalmente fuera del despacho.

“Si descubre la verdad… la perderé.”

En ese momento había sonado sincera.

Ahora ya no estaba segura.

Porque las personas que ocultan secretos también saben fingir.

Y Owen Parker parecía ser un experto en ambas cosas.

A la mañana siguiente, la isla amaneció envuelta en una neblina espesa.

El océano desaparecía detrás de una cortina gris.

La mansión parecía suspendida en medio de la nada.

Como un castillo aislado del mundo.

Y, por primera vez desde su llegada, Denisse sintió que realmente estaba atrapada.

No físicamente.

Emocionalmente.

Había demasiadas preguntas.

Demasiadas mentiras.

Y demasiados sentimientos involucrados.

Bajó al comedor decidida.

Necesitaba respuestas.

Y esta vez no aceptaría evasivas.

Owen ya estaba allí.

Sentado frente a una taza de café.

Revisando documentos.

Como si el mundo no estuviera desmoronándose alrededor de ambos.

Levantó la vista cuando ella entró.

Y algo cambió en su expresión inmediatamente.

Porque reconoció la tormenta que brillaba en sus ojos.

—Buenos días.

Denisse no respondió.

Se acercó.

Sacó el informe del bolsillo de su chaqueta.

Y lo dejó caer sobre la mesa.

El silencio fue instantáneo.

Owen observó el documento.

Luego levantó lentamente la vista.

Por primera vez desde que lo conocía…

Pareció realmente sorprendido.

—¿Dónde lo encontraste?

—¿Es verdad?

La tensión explotó entre ellos.

Nadie se movió.

Nadie respiró.

—Denisse…

—Contéstame.

La voz de ella tembló.

No de miedo.

De rabia.

Y de algo mucho más doloroso.

Decepción.

Owen sostuvo su mirada.

Y comprendió inmediatamente que no había escapatoria.

—Sí.

Aquella única palabra fue suficiente.

Denisse sintió que el corazón se partía en dos.

Porque significaba que la nota decía la verdad.

Él lo sabía.

Todo ese tiempo.

Lo sabía.

Y jamás se lo contó.

—¿Desde cuándo?

Owen guardó silencio.

—¿Desde cuándo?

—Hace años.

La respuesta cayó como una bomba.

—¿Hace años?

—Sí.

—¿Y nunca pensaste decirme nada?

—No sabía dónde estabas.

—Pero cuando llegué aquí sí lo sabías.

Owen apretó la mandíbula.

Porque ella tenía razón.

Y ambos lo sabían.

—Las cosas son más complicadas de lo que crees.

—Siempre dices lo mismo.

—Porque es verdad.

—No.

Denisse dio un paso atrás.

Intentando recuperar el control.

Intentando ignorar el dolor.

—La verdad es mucho más simple.

Owen permaneció inmóvil.

—¿Ah, sí?

—No confiabas en mí.

Aquellas palabras parecieron golpearlo.

Porque algo oscuro cruzó su mirada.

Algo parecido a la culpa.

Y por primera vez, Denisse comprendió que Owen no era indiferente a lo que ella sentía.

Todo lo contrario.

Aquello lo afectaba.

Profundamente.

Sin embargo, eso no era suficiente.

Ya no.

—Necesito aire.

Se giró.

Dispuesta a marcharse.

Pero la voz de Owen la detuvo.

—Denisse.

Ella no se volvió.

—No.

—Escúchame.

—No.

—Por favor.

Aquella palabra la congeló.

Porque Owen Parker no parecía un hombre que pidiera nada.

Mucho menos que suplicara.

Lentamente giró.

Y lo vio.

Por primera vez.

Sin máscaras.

Sin distancia.

Sin control.

Parecía devastado.

Y eso la desconcertó.

Porque los hombres que manipulan no suelen sufrir.

Los hombres que mienten no suelen verse así.

Como si estuvieran perdiendo algo importante.

Como si estuvieran perdiéndola.

Pero antes de que pudiera hablar, una nueva voz interrumpió el momento.

—Vaya.

Isabella.

Ambos giraron.

La mujer acababa de entrar al comedor.

Y observaba la escena con una expresión imposible de ocultar.

Celos.

Dolor.

Y una amarga comprensión.

—Parece que llegué en mal momento.

Owen cerró los ojos brevemente.

Como si el universo hubiera decidido empeorar las cosas.

—Isabella…

—No te preocupes.

La sonrisa de ella resultó triste.

Demasiado triste.

—Ya entendí.

El silencio se volvió incómodo.

Especialmente cuando Isabella dirigió su atención hacia Denisse.




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