Pasión Oscura

CAPÍTULO 8 El Beso Que Nunca Debió Ocurrir

Lo peor sería perderte.

Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.

Inmóviles.

Peligrosas.

Irreversibles.

Denisse sintió que el tiempo se detenía.

La enorme biblioteca desapareció.

Los estantes.

Las ventanas.

La tormenta que rugía afuera.

Todo dejó de existir.

Solo permanecían aquellos ojos oscuros observándola.

Esperando.

Temiendo.

Como si Owen acabara de entregar una parte de sí mismo que jamás había mostrado a nadie.

Y quizás era exactamente eso lo que había ocurrido.

Porque durante días ella había conocido al hombre controlado.

Al hombre reservado.

Al hombre que escondía cada emoción detrás de una muralla imposible de atravesar.

Pero aquel hombre ya no estaba allí.

Ahora solo quedaba alguien vulnerable.

Alguien que parecía luchar contra sentimientos que no sabía cómo manejar.

Alguien que la amaba.

La comprensión golpeó a Denisse con fuerza.

Y también la aterró.

Porque los sentimientos eran reales.

Pero los secretos también.

Y ambos parecían dirigirse hacia una colisión inevitable.

—No deberías haber dicho eso.

La voz de Denisse apenas fue un susurro.

Owen no apartó la mirada.

—Lo sé.

—Complica todo.

—Ya estaba complicado.

Aquella respuesta provocó una sonrisa involuntaria.

Pequeña.

Breve.

Dolorosa.

Porque tenía razón.

Todo estaba complicado desde el principio.

Desde aquella primera noche junto a los jardines.

Desde aquella primera mirada.

Desde aquella primera descarga imposible de explicar.

El problema era que ninguno de los dos había imaginado hasta dónde llegarían las cosas.

La lluvia golpeó violentamente los ventanales.

Un trueno sacudió la mansión.

Y por un instante ambos parecieron despertar.

Recordando la realidad.

Recordando los secretos.

Recordando las mentiras.

Denisse bajó la vista hacia la carta que aún sostenía.

—¿Quién fue?

Owen cerró los ojos.

La pregunta llegó exactamente donde ella esperaba.

—No lo sé.

—Mentira.

—No.

—Siempre sabes más de lo que dices.

Aquellas palabras lo hicieron tensarse.

Porque eran ciertas.

Y ella lo sabía.

—Hay nombres que todavía no puedo darte.

—¿Porque me proteges?

—Sí.

—¿O porque proteges a tu familia?

La pregunta cayó como una piedra.

Directa.

Precisa.

Brutal.

Durante varios segundos nadie habló.

Y el silencio terminó siendo más revelador que cualquier respuesta.

Denisse sintió una punzada de dolor.

Porque acababa de comprender algo importante.

Owen estaba dividido.

Entre ella y su familia.

Entre el pasado y el presente.

Entre la verdad y las consecuencias de contarla.

Y por primera vez entendió que él también estaba atrapado.

Tan atrapado como ella.

Tal vez más.

Aquella noche ninguno volvió a mencionar el tema.

Pero la tensión permaneció.

Invisible.

Constante.

Como una corriente eléctrica recorriendo cada habitación de la mansión.

Durante la cena apenas intercambiaron palabras.

Sin embargo, sus miradas se encontraban continuamente.

Y cada vez que ocurría, algo cambiaba en el aire.

Algo que todos parecían notar.

Especialmente Isabella.

La hermosa visitante ya no intentaba disimular.

Observaba a Denisse constantemente.

Y cuanto más observaba, más evidente resultaba la verdad.

Estaba celosa.

Profundamente celosa.

Cuando la cena terminó, Isabella interceptó a Denisse en uno de los corredores.

—Necesitamos hablar.

La voz sonó firme.

Denisse aceptó.

Quizá porque intuía que aquella conversación llevaba tiempo esperando.

Quizá porque también necesitaba respuestas.

Caminaron hasta una galería acristalada que daba al océano.

La lluvia seguía cayendo.

Las olas golpeaban los acantilados.

Y el ambiente parecía perfecto para una confesión.

Isabella se apoyó contra una columna.

Durante unos segundos observó el mar.

Luego habló.

—Lo amo desde hace años.

Denisse no respondió.

Porque ya lo había sospechado.

—Muchos años.

Una sonrisa triste apareció en los labios de Isabella.

—Pensé que terminaríamos juntos.

La sinceridad de aquellas palabras resultaba imposible de ignorar.

—¿Y qué pasó?

Isabella soltó una breve risa.

Amarga.

—Owen nunca me miró de esa manera.

Aquella respuesta generó una extraña sensación dentro de Denisse.

Una mezcla de culpa.

Y alivio.

Lo cual la hizo sentirse peor.

—Lo intentó.

Continuó Isabella.

—Realmente lo intentó.

Pero siempre había algo que faltaba.

—¿Amor?

—Sí.

La palabra salió cargada de resignación.

Después sus ojos se clavaron en los de Denisse.

—Y ahora sé por qué.

El corazón de Denisse comenzó a acelerarse.

Porque comprendía exactamente lo que Isabella estaba diciendo.

Y no sabía cómo responder.

Más tarde, mientras regresaba a su habitación, encontró algo inesperado.

Una pequeña caja negra.

Apoyada sobre la cama.

Su respiración se detuvo.

Otra vez.

Se acercó lentamente.

La abrió.

Dentro encontró una antigua llave plateada.

Y una nota.

Muy breve.

“La habitación prohibida está debajo de la capilla.”

Nada más.

Ninguna firma.

Ninguna explicación.

Solo aquellas palabras.

Y una nueva pieza del rompecabezas.

La curiosidad venció al miedo.

Una vez más.

Cerca de la medianoche abandonó su habitación.

La tormenta finalmente había comenzado a disiparse.

La mansión permanecía en silencio.




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