—Porque lleva años buscándote.
Las palabras de Victoria quedaron suspendidas en el aire.
Denisse sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Durante unos segundos fue incapaz de reaccionar.
Incapaz de respirar.
Incapaz de pensar.
Todo lo que había descubierto desde su llegada a la isla era impactante.
Pero aquello era diferente.
Porque cambiaba completamente la historia.
—No.
La palabra escapó de sus labios como un reflejo.
Victoria no apartó la mirada.
—Sí.
—Eso no tiene sentido.
—Lo sé.
—¿Por qué iba a buscarme?
La mujer permaneció en silencio unos instantes.
Como si estuviera evaluando cuánto podía revelar.
Y cuánto debía seguir ocultando.
Finalmente suspiró.
—Porque eres la pieza que falta.
Aquella respuesta solo generó más preguntas.
—¿La pieza que falta de qué?
—De una historia que comenzó mucho antes de que nacieras.
Denisse sintió que la ansiedad crecía.
—Victoria, deja de hablar en acertijos.
—Si te cuento todo esta noche, tu mundo entero cambiará.
—Ya cambió.
La respuesta salió cargada de frustración.
Y también de verdad.
Porque desde que había llegado a Blackwood, nada había vuelto a ser normal.
Nada.
Victoria caminó lentamente por la habitación secreta.
Observando las fotografías.
Los archivos.
Las cajas llenas de documentos.
Parecía una mujer cansada.
Una mujer que llevaba demasiado tiempo guardando secretos.
Finalmente se detuvo frente a una fotografía antigua.
La misma mujer que aparecía en todas partes.
La mujer que se parecía tanto a Denisse.
—Se llamaba Elena.
El corazón de Denisse se aceleró.
—¿Quién era?
Victoria observó la imagen durante varios segundos.
—La mujer que cambió para siempre el destino de los Parker.
El silencio cayó entre ambas.
Pesado.
Intenso.
—¿Y qué tiene que ver conmigo?
Victoria volvió a mirarla.
Y sus siguientes palabras hicieron que el mundo pareciera detenerse.
—Mucho más de lo que imaginas.
Antes de que pudiera continuar, un ruido resonó en la escalera.
Pasos.
Rápidos.
Urgentes.
Victoria cerró los ojos.
Como si hubiera esperado aquel momento.
Y segundos después apareció Owen.
Su respiración estaba agitada.
Sus ojos oscuros recorrieron inmediatamente la habitación.
Hasta encontrar a Denisse.
La tensión abandonó parcialmente su cuerpo.
Como si hubiera estado conteniendo el aliento.
Como si realmente hubiera temido encontrarla en peligro.
Aquella reacción no pasó desapercibida para nadie.
Especialmente para Denisse.
Y eso complicó aún más las cosas.
Porque un hombre puede mentir.
Puede ocultar.
Puede manipular.
Pero resulta mucho más difícil fingir miedo por alguien.
—¿Estás bien?
Fue la primera pregunta que hizo.
Ni siquiera saludó.
Ni preguntó qué había descubierto.
Ni se fijó en los documentos.
Solo en ella.
Denisse sintió una punzada incómoda dentro del pecho.
Porque una parte de ella deseaba seguir enfadada.
Deseaba seguir desconfiando.
Pero Owen parecía empeñado en complicarlo todo.
—Estoy perfectamente.
La respuesta sonó más fría de lo que pretendía.
Él lo notó.
Por supuesto que lo notó.
—Denisse…
—¿Cuántos años?
Owen frunció el ceño.
—¿Qué?
—¿Cuántos años llevas buscándome?
El silencio fue inmediato.
Victoria apartó discretamente la mirada.
Y aquello fue suficiente.
Porque confirmó que era cierto.
Owen sabía exactamente de qué estaba hablando.
Durante varios segundos nadie dijo nada.
La tensión se volvió insoportable.
Finalmente Owen respondió.
—Muchos.
—¿Cuántos?
—Demasiados.
Aquella respuesta no fue suficiente.
—Quiero un número.
Owen apretó la mandíbula.
Y cuando habló, su voz sonó grave.
Honesta.
—Diez años.
Denisse quedó inmóvil.
Diez años.
Diez.
Su mente intentó procesarlo.
Sin éxito.
—¿Diez años buscándome?
—Sí.
—¿Por qué?
La pregunta cayó como una piedra.
Y por primera vez Owen pareció realmente vulnerable.
Porque la respuesta importaba.
Importaba demasiado.
—Porque te prometí que lo haría.
El corazón de Denisse dio un salto.
—¿A quién?
Los ojos de Owen se dirigieron hacia una fotografía antigua.
La de Elena.
Y todo adquirió un significado aterrador.
La habitación quedó sumida en un silencio absoluto.
Denisse sintió que la respiración se volvía difícil.
Porque comenzaba a comprender.
No toda la verdad.
Pero sí una parte.
Una parte enorme.
—La conociste.
Owen asintió lentamente.
—Sí.
—¿Quién era para ti?
Otra pausa.
Otra batalla interna.
Y luego la respuesta.
—La persona más valiente que he conocido.
Aquellas palabras estaban cargadas de emoción.
Y eso resultó más revelador que cualquier explicación.
Porque Owen Parker no parecía un hombre que alabara a nadie.
Sin embargo hablaba de aquella mujer como si todavía estuviera presente.
Como si siguiera ocupando un lugar importante en su vida.
Victoria decidió intervenir.
—Hay muchas cosas que aún desconoces, Denisse.
—Lo sé.
—Y algunas son peligrosas.
—También lo sé.
—Pero ya es imposible detener esto.
Owen cerró los ojos brevemente.
Como si estuviera completamente de acuerdo.
Y aquello provocó un escalofrío.
Porque significaba que algo enorme se acercaba.
Algo inevitable.
Horas más tarde, después de abandonar la habitación secreta, Denisse regresó a su dormitorio.