La mano de Owen seguía sobre su rostro.
El tiempo parecía haberse detenido.
El océano rugía debajo de los acantilados.
El viento agitaba la ropa de ambos.
Y, por primera vez desde que había llegado a la isla, Denisse sintió que ya no podía seguir huyendo.
Ni de la verdad.
Ni de él.
Mucho menos de lo que comenzaba a sentir.
Su corazón latía con fuerza.
Demasiada fuerza.
Como si intentara advertirle que estaba cruzando una línea peligrosa.
Una línea de la que quizá jamás podría regresar.
Los ojos de Owen permanecían clavados en los suyos.
Oscuros.
Profundos.
Intensos.
Aquella mirada parecía contener años enteros de secretos.
Y también algo más.
Algo que él intentaba ocultar sin éxito.
Amor.
La palabra apareció en la mente de Denisse como un relámpago.
Y la asustó.
Porque era demasiado pronto.
Demasiado irracional.
Demasiado imposible.
Sin embargo, allí estaba.
Creciendo entre ellos.
Como una fuerza que ninguno podía controlar.
—Deberías alejarte de mí.
La voz de Owen sonó grave.
Ronca.
Como si aquellas palabras le costaran un esfuerzo enorme.
Denisse parpadeó.
—Siempre dices eso.
—Porque es verdad.
—No parece que quieras que me aleje.
La mandíbula de Owen se tensó.
Y aquello fue toda la respuesta que necesitó.
Porque era cierto.
No quería que se alejara.
Tal vez nunca lo había querido.
Durante varios segundos ninguno habló.
La tensión era tan intensa que parecía tangible.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Owen bajó lentamente la mirada hacia sus labios.
Y Denisse sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
Lo vio luchar.
Lo vio resistirse.
Lo vio intentar recuperar el control.
Pero esta vez parecía estar perdiendo la batalla.
Y ella también.
Porque una parte de sí misma deseaba exactamente lo mismo.
Acortar la distancia.
Olvidar las preguntas.
Olvidar los secretos.
Olvidarlo todo.
Solo por un instante.
Solo una vez.
Pero el sonido de un teléfono interrumpió el momento.
Brusco.
Violento.
Como una explosión.
Ambos se separaron inmediatamente.
La realidad regresó de golpe.
Owen sacó el móvil del bolsillo.
Su expresión cambió apenas vio la pantalla.
Algo estaba mal.
Muy mal.
—¿Qué sucede?
Él respondió después de varios segundos.
—Han encontrado algo.
—¿Qué cosa?
—Ven conmigo.
Quince minutos después atravesaban los pasillos de la mansión.
El ambiente era extraño.
Tenso.
Varios empleados caminaban de un lado a otro.
Victoria estaba allí.
También Isabella.
Y un hombre mayor que Denisse nunca había visto.
Todos parecían preocupados.
Owen abrió las puertas del despacho principal.
Y entonces Denisse comprendió el motivo.
Sobre el enorme escritorio había una caja.
Una caja antigua.
Cubierta de polvo.
Y rota.
Como si hubiera permanecido enterrada durante años.
El anciano señaló el objeto.
—La encontramos cerca de los acantilados del norte.
Owen permaneció inmóvil.
Su expresión se volvió peligrosa.
—¿Quién más la vio?
—Nadie.
—Bien.
Denisse observó la escena.
Cada vez más confundida.
—¿Qué contiene?
Nadie respondió.
Hasta que Victoria habló.
—El pasado.
La respuesta provocó un escalofrío.
Owen abrió lentamente la caja.
El silencio se apoderó de la habitación.
Dentro había documentos.
Cartas.
Fotografías.
Y un pequeño diario de cuero.
El rostro de Owen perdió todo color.
—No puede ser.
Aquellas palabras llamaron inmediatamente la atención de todos.
—¿Qué ocurre? —preguntó Victoria.
Owen tomó el diario.
Lo abrió.
Y durante unos segundos pareció olvidar que había más personas presentes.
Porque estaba leyendo.
Leyendo algo que claramente no esperaba encontrar.
Algo que lo afectaba profundamente.
Entonces cerró el cuaderno.
Y levantó la vista.
Sus ojos encontraron los de Denisse.
La intensidad de aquella mirada hizo que su corazón se acelerara.
—Tenemos que hablar.
Una hora después estaban solos.
En una pequeña sala privada de la mansión.
La lluvia había regresado.
Golpeando los ventanales con fuerza.
Como si el clima acompañara el caos que se estaba desatando.
Denisse observó el diario.
Apoyado sobre una mesa.
Entre ambos.
—¿De quién era?
Owen tardó en responder.
—De Elena.
El corazón de Denisse dio un salto.
La mujer de las fotografías.
La mujer que parecía estar conectada con toda aquella historia.
La mujer que podía cambiar su vida para siempre.
—¿Qué dice?
Owen guardó silencio.
Demasiado tiempo.
—Owen.
Él cerró los ojos.
Y por primera vez pareció derrotado.
—Dice cosas que nunca debieron salir a la luz.
—Necesito saberlas.
—Lo sé.
—Entonces dime la verdad.
La tormenta rugió detrás de los cristales.
Y durante unos segundos solo existió aquel sonido.
Finalmente Owen habló.
—Elena dejó constancia de todo.
—¿Todo?
—Todo.
La palabra cayó como una bomba.
Denisse sintió que la ansiedad crecía.
—¿Quién era realmente?
—Una mujer inocente.
—Eso ya lo sé.
—No lo suficiente.
Owen se levantó.
Comenzó a caminar lentamente por la habitación.
Como alguien intentando encontrar la forma correcta de destruir una vida.
—Mi familia la traicionó.
El corazón de Denisse se detuvo.
—¿Qué?
—Muchos años atrás.
—¿Por qué?
—Porque alguien creyó que el poder era más importante que la verdad.