Pasión Oscura

CAPÍTULO 11 Entrégame a Mí

El silencio que siguió a las palabras de Owen fue devastador.

Nadie se movió.

Nadie habló.

La alarma seguía resonando por toda la mansión como un eco inquietante.

Pero Denisse apenas la escuchaba.

Su mente estaba atrapada en una sola frase.

“Debemos entregar a Denisse.”

Aquello no tenía sentido.

Ninguno.

Ella no era millonaria.

No pertenecía a los Parker.

No tenía poder.

No tenía influencia.

Entonces…

¿Por qué alguien la quería a ella?

¿Por qué Isabella había sido secuestrada?

¿Y quién estaba detrás de todo aquello?

El corazón golpeaba violentamente contra sus costillas.

Una sensación oscura comenzaba a instalarse dentro de ella.

La sensación de que el verdadero juego acababa de comenzar.

—No.

La voz de Owen cortó el silencio.

Fría.

Firme.

Peligrosa.

Todos lo observaron.

—No pienso entregarla.

Nadie pareció sorprendido.

Ni Victoria.

Ni los guardias.

Ni siquiera Denisse.

Porque en el fondo todos sabían que aquella sería su respuesta.

Lo que sí sorprendió fue la intensidad con la que lo dijo.

Como si aquello ni siquiera fuera una opción.

Como si preferiera incendiar la isla antes que permitir que alguien la tocara.

El hombre encargado de la seguridad tragó saliva.

—Señor Parker…

—He dicho que no.

—Pero Isabella…

—Ya escuchaste mi respuesta.

El guardia bajó la mirada.

La discusión había terminado.

Sin embargo, para Denisse apenas comenzaba.

—¿Qué demonios está pasando?

Su voz resonó en la habitación.

Todos guardaron silencio.

Otra vez.

Y aquello la enfureció.

—¡Estoy cansada de esto!

Nadie respondió.

—¡Alguien secuestra una mujer para exigir que me entreguen y nadie piensa explicarme nada!

Victoria desvió la mirada.

Owen permaneció inmóvil.

Y aquella reacción confirmó algo que Denisse ya sospechaba.

Todos sabían mucho más de lo que decían.

Muchísimo más.

—Owen.

La voz de Denisse tembló.

No por miedo.

Por desesperación.

—Mírame.

Él obedeció.

Aquellos ojos oscuros se encontraron con los suyos.

Y por primera vez ella vio algo que nunca antes había visto.

Miedo.

Miedo auténtico.

No por sí mismo.

Por ella.

—¿Estoy en peligro?

El silencio fue suficiente.

Pero esta vez Owen respondió.

—Sí.

La palabra cayó como una sentencia.

Minutos después la mansión se había transformado en una fortaleza.

Guardias patrullaban cada acceso.

Las cámaras de seguridad eran monitoreadas constantemente.

Los vehículos permanecían listos.

Y nadie podía entrar o salir de la isla sin autorización.

La tensión era palpable.

Como electricidad en el aire.

Como una tormenta a punto de estallar.

Y en el centro de todo estaba Denisse.

La mujer que apenas unas semanas atrás intentaba reconstruir su vida después de un divorcio.

Ahora era el objetivo de alguien desconocido.

Alguien dispuesto a secuestrar.

A amenazar.

Y posiblemente a matar.

Esa noche Owen insistió en que permaneciera en una de las habitaciones más seguras de la mansión.

La discusión duró varios minutos.

—No necesito una niñera.

—No estoy negociando.

—Pues yo sí.

—Denisse.

—Owen.

El intercambio habría resultado cómico en cualquier otra circunstancia.

Pero ninguno sonreía.

Porque ambos sabían que la situación era demasiado grave.

Finalmente Owen cruzó los brazos.

—Te quedarás aquí.

—No puedes obligarme.

—Puedo intentarlo.

La respuesta provocó algo inesperado.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Denisse.

Y por primera vez en todo el día, Owen también sonrió.

Solo un poco.

Solo durante un instante.

Pero fue suficiente para recordarles algo.

A pesar del caos.

A pesar del peligro.

A pesar de los secretos.

Seguían sintiendo aquello.

Aquella conexión.

Aquella atracción imposible de ignorar.

Cuando la puerta se cerró y quedaron solos, el ambiente cambió inmediatamente.

El silencio se volvió más íntimo.

Más intenso.

Más peligroso.

Denisse observó a Owen.

Y comprendió algo.

Estaba agotado.

Las últimas horas habían dejado marcas evidentes en su rostro.

Tensión.

Preocupación.

Cansancio.

Y algo más.

Algo que parecía romperle el alma.

—Te importa Isabella.

La frase escapó sin pensar.

Owen levantó la vista.

Sorprendido.

—Claro que me importa.

Aquella respuesta provocó una extraña sensación dentro de Denisse.

Una sensación que reconoció inmediatamente.

Celos.

Malditos celos.

Y eso la irritó profundamente.

Porque no tenía derecho.

Ninguno.

Sin embargo ahí estaban.

Owen pareció comprenderlo.

Porque una expresión extraña apareció en su rostro.

—No es lo que piensas.

—No estoy pensando nada.

Mentira.

—Denisse.

—Ella está enamorada de ti.

Owen suspiró.

—Lo sé.

—Y tú…

La pregunta quedó incompleta.

Suspendida entre ambos.

Porque Denisse no estaba segura de querer escuchar la respuesta.

Owen permaneció en silencio varios segundos.

Y luego dijo algo que hizo que el corazón de ella se acelerara.

—Hace mucho tiempo que mi corazón dejó de pertenecerme.

La habitación pareció quedarse sin aire.

Porque ambos sabían exactamente lo que estaba diciendo.

Y exactamente a quién se refería.

Ninguno habló.

No era necesario.

La tensión crecía.

Imparable.

Como una ola gigantesca acercándose a la costa.

Y entonces ocurrió algo inesperado.




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