Richard Parker no podía apartar la mirada de la fotografía.
La imagen de Elena parecía observarlo desde el teléfono.
Viva.
Después de más de dos décadas.
Viva.
Después de todos los secretos.
Después de todas las mentiras.
Después de todo lo que habían hecho para que aquella historia desapareciera.
Sus dedos temblaron.
Algo que jamás ocurría.
Porque Richard Parker no era un hombre que conociera el miedo.
Era un hombre que inspiraba miedo.
Pero aquella fotografía había atravesado sus defensas.
Porque no era solamente Elena.
Era el lugar.
Aquella vieja casa.
Aquella maldita casa.
El escenario donde todo había comenzado.
Donde se había cometido el error que ahora amenazaba con destruirlos.
—Señor…
La voz de uno de los asistentes lo sacó de sus pensamientos.
Richard levantó lentamente la cabeza.
—¿Quién más vio esto?
—Toda la familia.
Una sombra oscura cruzó su rostro.
—Que nadie salga de la mansión.
—Sí, señor.
—Nadie.
El hombre asintió y desapareció.
Richard volvió a quedarse solo.
Y por primera vez en años sintió algo parecido al arrepentimiento.
Porque las decisiones del pasado siempre terminaban cobrando su precio.
Y el suyo estaba llegando.
Denisse despertó sintiendo que algo había cambiado.
Abrió los ojos lentamente.
La luz gris del amanecer atravesaba las cortinas.
Durante unos segundos permaneció inmóvil.
Recordando.
El beso.
El calor de Owen.
Sus manos.
Su voz.
Su mirada.
El modo en que había dicho que se volvía loco cuando ella desaparecía.
Una corriente eléctrica recorrió su cuerpo.
Intentó convencerse de que aquello había sido un error.
Un impulso.
Un momento de debilidad.
Pero su corazón no colaboró.
Porque cada vez que pensaba en él…
algo dentro de ella florecía.
Algo peligroso.
Algo adictivo.
Algo imposible de controlar.
Suspiró profundamente.
Y entonces escuchó golpes en la puerta.
—¿Denisse?
Era Victoria.
—Pasa.
Victoria entró.
Pero algo en su expresión hizo que Denisse se incorporara de inmediato.
—¿Qué ocurrió?
—Necesitamos bajar.
—¿Por qué?
Victoria dudó.
—Ha llegado otra prueba sobre Elena.
El corazón de Denisse comenzó a acelerarse.
Minutos después.
Toda la familia estaba reunida.
El ambiente era sofocante.
Tenso.
Explosivo.
La fotografía ocupaba la pantalla principal.
Elena.
Viva.
Mirando directamente a la cámara.
Como si supiera que ellos la estaban observando.
Como si quisiera provocar exactamente la reacción que estaba obteniendo.
Denisse sintió escalofríos.
Era imposible explicar aquella sensación.
La conexión.
La familiaridad.
La extraña emoción que aparecía cada vez que veía su rostro.
—¿Dónde fue tomada? —preguntó Owen.
—Aún estamos trabajando en eso —respondió el jefe de seguridad.
—Necesito respuestas.
—Las tendrá.
Richard permanecía en silencio.
Demasiado silencio.
Y Owen lo notó.
—¿Padre?
Richard levantó la mirada.
Sus ojos parecían más envejecidos que el día anterior.
—¿Qué ocurre?
—Reconociste el lugar.
Silencio.
—Richard —insistió Victoria.
El patriarca cerró los ojos.
Como si estuviera tomando una decisión imposible.
Finalmente habló.
—Esa casa pertenecía a mi hermano.
La habitación quedó inmóvil.
—¿Tu hermano? —preguntó Owen.
—Sí.
—Nunca mencionaste un hermano.
—Porque murió.
Denisse sintió un escalofrío.
Algo no encajaba.
Nada encajaba.
—¿Cómo se llamaba? —preguntó.
Richard la observó.
Y durante unos segundos pareció debatirse internamente.
Hasta que finalmente respondió.
—Gabriel Parker.
El nombre cayó como una piedra sobre el silencio.
Un nombre prohibido.
Un nombre olvidado.
Un nombre que nadie había escuchado jamás.
—¿Quién era? —preguntó Owen.
—Mi hermano mayor.
—¿Y qué tiene que ver con Elena?
Richard no respondió inmediatamente.
Porque la respuesta era mucho más peligrosa de lo que cualquiera imaginaba.
A cientos de kilómetros de allí…
Isabella caminaba nerviosamente por la habitación donde permanecía retenida.
Ya no estaba atada.
Ya no estaba encerrada.
Y eso resultaba aún más inquietante.
Porque significaba que Elena no tenía miedo de que escapara.
O peor.
Que sabía que no podía hacerlo.
—¿Por qué me dejaste libre?
Elena observaba por una ventana.
—Porque no eres mi enemiga.
—Entonces déjame ir.
—Todavía no.
—¿Por qué?
Elena sonrió tristemente.
—Porque eres parte de esto.
—No entiendo nada.
—Nadie entiende nada.
Isabella apretó los puños.
—Owen está buscándome.
—Lo sé.
—Moverá cielo y tierra.
—También lo sé.
—Entonces esto terminará pronto.
La sonrisa de Elena desapareció.
—No.
Una sombra oscura atravesó su mirada.
—Esto recién comienza.
Aquella misma tarde.
Denisse se encontraba en la biblioteca privada.
Intentando ordenar sus pensamientos.
Intentando entender quién era.
Intentando entender quién podía llegar a ser.
Pero cada respuesta parecía generar diez preguntas nuevas.
Y entonces apareció Owen.
Como siempre.
Como si pudiera encontrarla en cualquier lugar.
Como si estuviera conectado a ella de una forma inexplicable.
Denisse levantó la vista.
Y el corazón volvió a traicionarla.
Porque seguía recordando el beso.
Porque seguía sintiendo sus labios.
Porque seguía deseándolo.