Pasión Oscura

CAPÍTULO 23: LA OBSESIÓN PERFECTA

El amanecer llegó gris.

Pesado.

Amenazante.

Como si el cielo supiera que algo terrible estaba a punto de ocurrir.

La residencia secreta de los Parker permanecía en silencio.

Un silencio artificial.

Frágil.

Porque debajo de aquella calma, todos estaban esperando el siguiente golpe.

Y el siguiente golpe siempre llegaba.

Siempre.

Denisse no había dormido.

Permanecía sentada frente a una enorme ventana observando el horizonte.

La noche anterior había cambiado demasiadas cosas.

Gabriel Parker estaba vivo.

Valentina era real.

Elena seguía escondida.

Y Owen…

Owen se había convertido en el centro de todos sus pensamientos.

Lo odiaba por eso.

Porque incluso cuando intentaba alejarse de él…

terminaba buscándolo.

Porque incluso cuando intentaba convencerse de que era imposible…

su corazón seguía traicionándola.

Escuchó pasos detrás de ella.

No necesitó girarse.

Ya conocía aquella presencia.

Ya reconocía aquella energía.

Owen.

—Deberías descansar.

Denisse soltó una pequeña sonrisa triste.

—Tú tampoco dormiste.

—No podía.

—Yo tampoco.

El silencio se instaló entre ambos.

Pero ya no era incómodo.

Era peligroso.

Porque estaba lleno de cosas que ninguno se atrevía a decir.

Owen se acercó lentamente.

Hasta quedar junto a ella.

Observando el mismo paisaje.

La misma distancia.

El mismo vacío.

—Vamos a encontrar respuestas.

La voz de Owen era firme.

Segura.

Protectoramente masculina.

Como siempre.

Pero esta vez Denisse escuchó algo más.

Miedo.

—¿Y si no me gustan las respuestas?

Owen giró lentamente.

Sus ojos encontraron los de ella.

Y durante un instante el mundo desapareció.

—Entonces las enfrentaremos juntos.

Aquella palabra volvió a aparecer.

Juntos.

Siempre juntos.

Como si él no supiera decir otra cosa.

Como si ya hubiera decidido algo que ni siquiera ella comprendía todavía.

Denisse bajó la mirada.

Porque quedarse observándolo era demasiado peligroso.

Porque cada vez era más difícil resistirse.

Y porque una parte de ella comenzaba a sospechar que tampoco quería hacerlo.

En otra habitación.

Valentina observaba fotografías antiguas.

Cientos de fotografías.

Su infancia.

Sus años perdidos.

Su vida robada.

Durante mucho tiempo había alimentado su odio.

Lo había convertido en combustible.

En propósito.

En identidad.

Pero ahora…

Ahora había visto a Denisse.

La había escuchado.

La había sentido.

Y algo comenzaba a cambiar.

Algo que no le gustaba.

Porque era más fácil odiar a una desconocida.

Mucho más difícil odiar a una hermana.

La puerta se abrió.

Richard Parker entró.

Valentina levantó inmediatamente la mirada.

Y el aire se volvió hielo.

—¿Vienes a mentirme otra vez?

Richard soportó el golpe.

—No.

—Entonces será una novedad.

—Tienes derecho a odiarme.

Valentina soltó una carcajada amarga.

—Qué generoso.

Richard permaneció inmóvil.

—Pero hay cosas que todavía no sabes.

—¿Más secretos?

—Sí.

Valentina apretó los dientes.

—Habla.

Richard respiró profundamente.

Y por primera vez pareció dispuesto a mostrar una herida real.

—Gabriel nunca quiso separarlas.

Aquello la sorprendió.

Porque era exactamente lo contrario de lo que siempre había creído.

—¿Qué?

—No fue idea suya.

Valentina se puso de pie.

—Estás mintiendo.

—No.

—¡Mientes!

—Gabriel hizo muchas cosas horribles.

Pero eso no.

Valentina sintió una punzada de incertidumbre.

Una pequeña grieta.

Una grieta peligrosa.

Porque si eso era verdad…

entonces alguien más había movido las piezas.

Alguien más había destruido su vida.

Mientras tanto.

A cientos de kilómetros.

Gabriel Parker observaba un enorme muro digital lleno de información.

Fotografías.

Documentos.

Ubicaciones.

Grabaciones.

Todo.

Durante años había construido una red invisible.

Una organización.

Un ejército.

Una sombra.

Y ahora estaba listo para usarla.

Un hombre ingresó en la sala.

—La localizamos.

Gabriel ni siquiera levantó la mirada.

—¿Elena?

—Sí.

Por primera vez sonrió.

Una sonrisa lenta.

Oscura.

Peligrosa.

—Finalmente.

—¿Damos la orden?

Gabriel observó una fotografía reciente de Elena.

Sus dedos recorrieron la imagen.

Con una ternura inquietante.

Casi enfermiza.

—No.

—¿No?

—Nadie toca a Elena.

El hombre pareció confundido.

—Entonces…

Gabriel levantó los ojos.

Y el brillo que apareció en ellos fue perturbador.

—La traeré yo mismo.

Esa misma tarde.

Una noticia explotó en todos los medios.

Las acciones de Parker Global comenzaron a desplomarse.

Los mercados entraron en pánico.

Las redes sociales estallaron.

Los canales de noticias repetían una y otra vez las mismas imágenes.

Gabriel Parker.

Vivo.

Acusando públicamente a la familia Parker.

La reputación del imperio comenzaba a desmoronarse.

Y aquello era exactamente lo que Gabriel quería.

No deseaba destruir una empresa.

Deseaba destruir una familia.

Desde adentro.

La tensión en la residencia aumentó inmediatamente.

Los teléfonos no dejaban de sonar.

Abogados.

Accionistas.

Directivos.

Inversionistas.

Todos exigían respuestas.

Todos exigían explicaciones.

Pero nadie tenía respuestas.

Ni siquiera Richard.

Porque el problema ya no era financiero.




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