Pasión Oscura

CAPÍTULO 34: EL HOMBRE QUE REGRESÓ DE LA MUERTE

El tiempo dejó de existir.

La voz había surgido desde la oscuridad.

Fría.

Segura.

Peligrosamente tranquila.

Y las últimas palabras todavía resonaban en la inmensa sala industrial.

—Por eso vine a matarlo.

Nadie respiró.

Nadie habló.

Nadie se movió.

Porque todos estaban observando la misma dirección.

Las sombras.

El lugar desde donde había surgido aquella voz.

Y entonces ocurrió.

Una figura comenzó a avanzar lentamente.

Paso a paso.

Saliendo de la oscuridad.

Entrando en la luz.

Mostrando finalmente su rostro.

Y cuando lo hizo…

Adriana dejó escapar un grito ahogado.

Gabriel retrocedió.

Richard palideció.

Elena se llevó una mano a la boca.

Y Owen sintió que el corazón dejaba de latir.

Porque era imposible.

Absolutamente imposible.

—No…

Susurró Richard.

—No puede ser.

Pero sí era.

El hombre estaba allí.

Vivo.

Respirando.

Observándolos.

Y en sus ojos brillaba una mezcla de dolor, odio y venganza.

Una combinación devastadora.

—Hola, hermano.

Dijo.

Mirando directamente a Richard.

El silencio explotó.

Porque aquella sola palabra confirmó algo.

Algo aterrador.

Hermano.

Denisse sintió un escalofrío.

Porque comenzaba a entender.

Y al mismo tiempo no entendía nada.

—¿Quién es?

Preguntó.

La voz temblando.

Richard parecía incapaz de responder.

Finalmente fue Gabriel quien lo hizo.

Con una expresión llena de incredulidad.

—Nathan Parker.

El nombre cayó como una bomba.

—¿Nathan?

Preguntó Owen.

Gabriel asintió lentamente.

—El hermano mayor de Richard.

El fundador original del imperio Parker.

El hombre que desapareció hace veintisiete años.

El silencio se volvió insoportable.

Porque aquello cambiaba nuevamente todo.

Nathan sonrió.

Pero no había calidez en aquella sonrisa.

Solo heridas.

Solo resentimiento.

Solo oscuridad.

—Desaparecí.

Sí.

Pero nunca morí.

Denisse observó a Richard.

Y comprendió inmediatamente que había otra historia enterrada.

Otra tragedia.

Otro secreto.

Siempre otro secreto.

Nathan continuó avanzando.

Lentamente.

Sin miedo.

Como si toda la situación estuviera bajo su control.

Como si hubiera esperado décadas para aquel momento.

—Veintisiete años.

Dijo.

—Veintisiete años observándolos.

Esperando.

Preparándome.

Contando cada movimiento.

Cada mentira.

Cada traición.

Richard cerró los ojos.

Porque aquellas palabras despertaban recuerdos que había intentado olvidar.

—Tú elegiste esto.

Dijo finalmente.

Nathan soltó una carcajada amarga.

—¿Eso es lo que te dices para poder dormir?

La tensión creció.

Porque la historia comenzaba a mostrar una nueva cara.

Una mucho más peligrosa.

—¿Qué pasó?

Preguntó Denisse.

Nathan la observó.

Y durante un segundo pareció verla realmente.

Como si estuviera analizando algo.

Como si buscara rastros del pasado.

—Lo que siempre pasa cuando aparece el poder.

Respondió.

—La familia deja de ser familia.

Y se convierte en una guerra.

Elena bajó lentamente la mirada.

Porque aquella frase describía perfectamente los últimos treinta años.

Nathan se volvió hacia Owen.

Y entonces todo cambió.

Porque la intensidad de su mirada fue inmediata.

Brutal.

Casi obsesiva.

—Así que tú eres Owen.

Owen permaneció inmóvil.

—¿Me conoces?

Nathan sonrió.

—Mucho más de lo que imaginas.

Aquella respuesta provocó una alarma instantánea en la mente de Owen.

Porque había algo extraño.

Algo inquietante.

Algo que no lograba identificar.

—¿Qué quieres?

Preguntó.

Nathan tardó varios segundos en responder.

—Justicia.

—¿Matándome?

—No.

Matándolos a ellos.

Señaló a Richard.

Luego a Sebastián.

Y finalmente a Gabriel.

La sala quedó congelada.

—Todos destruyeron algo.

Continuó Nathan.

—Todos tomaron decisiones que arruinaron vidas.

Todos eligieron el silencio.

Todos protegieron secretos.

Todos permitieron que esta tragedia creciera.

Sebastián observaba.

Callado.

Demasiado callado.

Y aquello llamó la atención de Denisse.

Porque por primera vez desde que lo conocía…

no parecía controlar la situación.

Nathan avanzó hasta quedar frente a Adriana.

—Tú tampoco eres inocente.

Adriana bajó la mirada.

Y aquella reacción confirmó algo.

Ella también ocultaba cosas.

Muchas cosas.

—Todos ustedes construyeron este desastre.

Dijo Nathan.

—Y ahora pretenden sorprenderse por las consecuencias.

El silencio posterior fue devastador.

Porque en el fondo…

todos sabían que tenía razón.

Pero entonces Nathan hizo algo inesperado.

Sacó una carpeta.

Vieja.

Gastada.

Protegida durante años.

Y la dejó sobre una mesa metálica.

—Aquí está.

Nadie se movió.

—¿Qué es eso?

Preguntó Owen.

Nathan sostuvo su mirada.

—La razón por la que Alexander murió.

El aire desapareció.

—No.

Susurró Elena.

—Sí.

Nathan asintió.

—Todo comenzó con esto.

Owen sintió que el corazón golpeaba violentamente.

Porque comprendió que aquella carpeta contenía algo enorme.

Algo capaz de cambiarlo todo.

Nathan apoyó una mano sobre los documentos.

—Aquí está la lista completa de Kronos.

Silencio absoluto.

—Todos sus miembros.

Todos sus negocios.

Todas sus operaciones.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.