Pasión Oscura

CAPÍTULO 36: EL ROSTRO DEL PASADO

El mundo desapareció.

Denisse no escuchó los gritos.

No escuchó las alarmas.

No escuchó la lluvia golpeando los ventanales rotos.

Solo veía aquella fotografía.

Aquella maldita fotografía.

La mujer del centro.

La mujer que sonreía junto a Richard, Gabriel, Alexander y Sebastián.

La mujer que parecía haber sido arrancada de un espejo.

Porque tenía su mismo rostro.

Sus mismos ojos.

Su misma sonrisa.

Incluso la forma de inclinar la cabeza era idéntica.

Era imposible.

Completamente imposible.

—¿Qué sucede?

Preguntó Owen.

Pero Denisse apenas podía respirar.

Le entregó la fotografía.

Sin decir una palabra.

Owen la observó.

Y el impacto fue inmediato.

Brutal.

Devastador.

Porque él también lo vio.

—Dios mío…

Susurró Valentina.

La fotografía pasó de mano en mano.

Y cada reacción era peor que la anterior.

Gabriel quedó inmóvil.

Richard perdió el color.

Elena comenzó a temblar.

Y Sebastián…

Sebastián parecía haber visto un fantasma.

—No.

La palabra escapó de sus labios.

Por primera vez.

Sin control.

Sin elegancia.

Sin aquella seguridad enfermiza que lo había acompañado durante décadas.

—No puede ser.

Denisse levantó la mirada.

Y algo dentro de ella se estremeció.

Porque aquel hombre estaba asustado.

Realmente asustado.

—¿Quién es?

Preguntó.

Nadie respondió.

—¡QUIÉN ES!

Esta vez gritó.

Porque estaba cansada.

Cansada de secretos.

Cansada de mentiras.

Cansada de ser una pieza en el rompecabezas de otros.

Elena cerró los ojos.

Las lágrimas corrían libremente por sus mejillas.

—Se llamaba Victoria.

El nombre cayó sobre la sala como una sentencia.

—Victoria Valmont.

Silencio.

—Mi hermana.

El corazón de Denisse se detuvo.

—¿Qué?

Elena comenzó a llorar.

Porque acababa de pronunciar un nombre que llevaba enterrado más de veinte años.

—Era mi hermana mayor.

La sangre abandonó el rostro de todos.

Porque aquello cambiaba nuevamente todo.

Denisse observó la fotografía.

Luego a Elena.

Luego nuevamente la imagen.

—¿Tu hermana?

Elena asintió.

—Éramos idénticas.

—Pero…

—Gemelas.

El silencio explotó.

Valentina retrocedió un paso.

Owen también.

Porque comenzaban a comprender la magnitud de aquella revelación.

Dos hermanas.

Gemelas.

Una desaparecida.

Una perseguida.

Y ahora una fotografía afirmando que la verdadera heredera nunca fue Elena.

Aquello no era casualidad.

No podía serlo.

—Pensé que había muerto.

Susurró Elena.

—Todos lo pensamos.

Richard bajó lentamente la cabeza.

Porque aquella era otra mentira.

Otra tragedia.

Otro cadáver que jamás apareció.

—No encontramos el cuerpo.

Dijo.

Gabriel soltó una risa amarga.

—Nunca encontramos ningún cuerpo.

Y nadie pudo discutirlo.

Porque era verdad.

Alexander.

Adriana.

Nathan.

Victoria.

Todos fantasmas.

Todos desapariciones.

Todos secretos.

Kronos parecía alimentarse de personas que desaparecían.

Entonces Denisse observó nuevamente la fotografía.

Y algo llamó su atención.

—Esperen.

Todos giraron.

—Aquí hay algo extraño.

Se acercó a una lámpara.

Observó la imagen con más atención.

Y sintió un escalofrío.

—Miren esto.

Señaló el borde inferior.

Apenas visible.

Casi borrado.

Había una fecha.

Y una inscripción.

Owen tomó la fotografía.

La acercó a la luz.

Y leyó.

—Inauguración de Kronos.

17 de septiembre.

Hace treinta y un años.

La tensión se volvió insoportable.

Porque aquello significaba algo.

Mucho.

—Victoria estaba allí.

Dijo Gabriel.

—No solo estaba allí.

Respondió Adriana.

Todos la miraron.

—Era una de las fundadoras.

El aire desapareció.

—¿Qué?

Adriana asintió lentamente.

—Victoria ayudó a crear Kronos.

El silencio posterior fue devastador.

Porque la víctima acababa de convertirse en sospechosa.

La desaparecida.

La hermana perdida.

La mujer muerta.

Había formado parte del monstruo.

—No.

Dijo Elena inmediatamente.

—No la conocían.

—Elena…

—No.

Mi hermana jamás habría hecho daño a nadie.

Pero incluso mientras hablaba…

la duda comenzaba a instalarse dentro de ella.

Porque tampoco conocía toda la verdad.

Porque nadie la conocía.

Entonces Sebastián comenzó a reír.

Una risa baja.

Oscura.

Inquietante.

Todos giraron.

—Ahora entienden.

La sonrisa regresó lentamente.

—Por fin entienden.

—¿Qué entendemos?

Preguntó Owen.

Sebastián observó a Denisse.

Y aquella mirada hizo que el corazón de Owen se endureciera inmediatamente.

—Que ella nunca fue importante por Elena.

Silencio.

—¿Qué?

—Denisse jamás fue el objetivo porque fuera hija de Elena.

La sangre abandonó el rostro de Denisse.

—Entonces ¿por qué?

Sebastián sonrió.

—Porque se parece a Victoria.

La sala quedó congelada.

—No.

Susurró Elena.

—Sí.

—Eso es imposible.

—¿De verdad?

Sebastián avanzó lentamente.

—Mírala.

Todos la miraron.

Y por primera vez comenzaron a ver algo más.

No solo el parecido físico.

La forma de caminar.

La forma de mirar.

La intensidad.

La determinación.

Detalles.

Pequeños detalles.

—Cuando la vi por primera vez…

continuó Sebastián…

sentí que el pasado había regresado.




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