Pasión Oscura

CAPÍTULO 42: EL HOMBRE ENTRE NOSOTROS

El silencio fue insoportable.

Pesado.

Asfixiante.

Mortal.

La pantalla permanecía negra.

La transmisión había terminado.

Victoria había desaparecido.

Y la última frase seguía resonando dentro de cada uno de los presentes como una maldición.

“Tu padre está sentado en esa habitación.”

Nadie habló.

Nadie se movió.

Porque todos estaban haciendo exactamente lo mismo.

Mirándose.

Evaluándose.

Desconfiando.

Por primera vez…

todos se habían convertido en sospechosos.

Denisse sintió que el corazón golpeaba con violencia dentro de su pecho.

Porque aquello ya no era un misterio lejano.

Ya no era una conspiración enterrada en el pasado.

Ya no era un nombre en un documento.

Era alguien presente.

Alguien que acababa de compartir la misma habitación.

Alguien que respiraba el mismo aire.

Alguien que la observaba.

Y quizás…

alguien que la había estado observando toda su vida.

Owen fue el primero en reaccionar.

—Nadie sale de esta casa.

Su voz sonó fría.

Autoritaria.

Implacable.

—Hasta descubrir la verdad.

Gabriel asintió.

Richard permaneció inmóvil.

Sebastián sonrió.

Aquella sonrisa inquietante.

Elegante.

Peligrosa.

—Interesante.

—¿Qué tiene de interesante?

Preguntó Owen.

Sebastián lo observó.

—Que acabamos de convertirnos en enemigos.

El comentario cayó como una piedra sobre el silencio.

Porque era verdad.

Nadie sabía en quién confiar.

Y eso era exactamente lo que Kronos quería.

Caos.

Desconfianza.

División.

Entonces Elena dio un paso adelante.

Tenía los ojos húmedos.

Pero algo había cambiado en ella.

Había determinación.

Fuerza.

Y una rabia acumulada durante décadas.

—Victoria nos dejó una pista.

Todos la miraron.

—¿Cuál?

Preguntó Adriana.

Elena respiró profundamente.

—No dijo que el hombre estuviera aquí ahora.

Silencio.

—Dijo que estaba sentado en esta habitación.

Las palabras comenzaron a acomodarse lentamente.

—¿Y?

Preguntó Gabriel.

—Eso significa que estuvo aquí cuando grabó el mensaje.

Denisse sintió un escalofrío.

Porque aquello cambiaba completamente la perspectiva.

—¿Entonces podría no estar aquí ahora?

—Exactamente.

Un pequeño alivio recorrió la sala.

Pero desapareció enseguida.

Porque existía otra posibilidad.

Mucho peor.

Que sí estuviera allí.

Horas después.

El amanecer comenzaba a teñir el cielo.

Pero nadie había dormido.

Nadie podía hacerlo.

La guerra acababa de cambiar nuevamente.

Y cada respuesta parecía generar diez preguntas nuevas.

Denisse caminó sola hacia uno de los balcones de la mansión.

Necesitaba aire.

Necesitaba pensar.

Necesitaba escapar.

Aunque fuera unos minutos.

El viento frío acarició su rostro.

Y por primera vez en mucho tiempo…

se permitió llorar.

Porque estaba agotada.

Porque toda su identidad acababa de derrumbarse.

Porque la mujer que la había criado no era su madre.

Porque su verdadera madre acababa de aparecer desde las sombras.

Porque su padre podía ser un monstruo.

Y porque el hombre que amaba estaba atrapado en medio de todo aquello.

—Sabía que te encontraría aquí.

La voz de Owen la hizo girar.

Él estaba de pie en la entrada del balcón.

Imponente.

Peligroso.

Y extrañamente vulnerable.

Como nunca antes.

—Necesitaba estar sola.

Dijo ella.

—Lo sé.

Pero aun así se acercó.

Porque Owen Parker jamás había sido un hombre capaz de mantenerse lejos de ella.

Ni siquiera cuando debía hacerlo.

Mucho menos ahora.

—¿Me tienes miedo?

Preguntó él.

Denisse levantó la mirada.

—¿Qué?

—Después de lo que dijo Victoria.

El silencio cayó entre ellos.

Porque ambos comprendían la pregunta real.

¿Y si Owen formaba parte de aquello?

¿Y si también ocultaba algo?

¿Y si no era quien parecía?

Pero Denisse negó lentamente.

—No.

—¿Estás segura?

—Sí.

La respuesta salió sin vacilar.

Porque había demasiadas cosas inciertas.

Demasiadas mentiras.

Demasiadas máscaras.

Pero había algo que sí sabía.

Owen la amaba.

Y aquello era real.

Tan real como el latido de su corazón.

Entonces él la atrajo suavemente hacia sí.

Y durante unos segundos simplemente permanecieron abrazados.

Sin hablar.

Sin pensar.

Sin huir.

Porque el mundo entero parecía derrumbarse.

Y aun así…

encontraban refugio el uno en el otro.

—Voy a protegerte.

Susurró Owen.

—Lo sé.

—No importa quién sea tu padre.

Las lágrimas aparecieron nuevamente en los ojos de Denisse.

—Lo sé.

—No importa qué descubran.

Ella cerró los ojos.

Porque necesitaba creerle.

Necesitaba aferrarse a algo.

A alguien.

Y ese alguien era él.

Entonces ocurrió algo inesperado.

Owen apoyó una mano sobre el vientre de Denisse.

Fue un gesto inconsciente.

Instintivo.

Breve.

Pero provocó una reacción extraña en ambos.

Porque durante un segundo…

imaginaron algo.

Una vida diferente.

Una familia.

Una casa.

Niños.

Un futuro.

Un futuro sin sangre.

Sin conspiraciones.

Sin Kronos.

Y aquello dolió.

Porque parecía imposible.

Mientras tanto…

en otro sector de la mansión.

Sebastián observaba las grabaciones de seguridad.

Solo.

En silencio.

La luz de las pantallas iluminaba parcialmente su rostro.

Y por primera vez…

no parecía un villano.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.