Pasión Oscura

CAPÍTULO 44: LA VERDAD MÁS PELIGROSA

El universo entero pareció detenerse.

No hubo viento.

No hubo sonido.

No hubo tiempo.

Solo existieron aquellas cuatro palabras.

—Yo soy tu padre.

Y después…

el silencio.

Un silencio tan brutal que resultaba doloroso.

Denisse dejó de respirar.

Porque había imaginado muchas respuestas.

Miles.

Pero jamás aquella.

Jamás.

No Alexander Parker.

No el hombre que supuestamente había muerto.

No el fundador oculto de Kronos.

No el hombre que había observado cada etapa de su vida desde las sombras.

No el hombre que acababa de admitir una obsesión enfermiza hacia ella.

No.

Todo menos eso.

—Estás mintiendo.

Susurró.

Alexander no respondió de inmediato.

Simplemente la observó.

Y aquello fue peor.

Porque no parecía un hombre intentando convencerla.

Parecía un hombre recordando.

Extrañándola.

Amándola.

Y aquello resultaba aterrador.

—Ojalá estuviera mintiendo.

Dijo finalmente.

La tensión explotó dentro de la sala.

Owen sintió una furia tan intensa que tuvo que apretar los puños para contenerse.

Porque de repente comprendió algo.

Si Alexander decía la verdad…

entonces no solo era el enemigo.

Era también el vínculo de sangre de la mujer que amaba.

Y eso lo volvía mucho más peligroso.

Muchísimo más.

Victoria comenzó a llorar.

No en silencio.

No discretamente.

Lloraba como alguien que llevaba décadas cargando una culpa imposible.

—No debiste decirlo.

Alexander cerró los ojos.

—Ya no importa.

—Sí importa.

—No.

La voz de Alexander sonó agotada.

—Ya no quedan secretos.

La ironía fue tan enorme que casi resultó absurda.

Porque toda aquella historia estaba construida precisamente sobre secretos.

Mentiras.

Traiciones.

Identidades robadas.

Muertes fingidas.

Familias destruidas.

Y aun así…

seguían apareciendo nuevas verdades.

Como si nunca fueran a terminar.

—Necesito pruebas.

Dijo Owen.

Alexander sonrió.

—Por supuesto.

Porque esperaba aquella reacción.

La había esperado durante años.

Quizás durante décadas.

Entonces tomó una carpeta que descansaba sobre una mesa cercana.

La abrió.

Extrajo varios documentos.

Y los colocó frente a la cámara.

Análisis genéticos.

Informes médicos.

Resultados de laboratorio.

Fechas.

Firmas.

Sellos oficiales.

Todo parecía auténtico.

Terriblemente auténtico.

—Pruebas realizadas antes de la desaparición de Victoria.

Silencio.

—Y repetidas años después.

Denisse observó los documentos.

Sentía náuseas.

Porque una parte de ella no quería ver.

No quería saber.

No quería aceptar aquella posibilidad.

Pero otra parte…

necesitaba la verdad.

Aunque doliera.

Aunque destruyera todo.

Entonces Victoria habló.

—No era así.

Todos giraron hacia ella.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Pero también de rabia.

Una rabia antigua.

Profunda.

Herida.

—No cuentes solo la parte que te conviene.

Alexander permaneció en silencio.

Y aquello confirmó que ella estaba diciendo algo importante.

Muy importante.

—Cuéntales todo.

La tensión aumentó.

—Victoria…

—¡TODO!

Gritó ella.

Por primera vez desde que apareció.

Por primera vez parecía una mujer capaz de desafiarlo.

Una mujer que ya no tenía miedo.

—Cuéntales cómo comenzó Kronos.

Silencio.

—Cuéntales quiénes murieron.

Más silencio.

—Cuéntales por qué intentaste matarme.

La sangre abandonó el rostro de todos.

Porque aquello era la pregunta central.

La pregunta que había iniciado toda la pesadilla.

¿Por qué?

¿Por qué perseguir a la mujer que amaba?

¿Por qué destruir a la madre de su hija?

¿Por qué convertir su vida en una cacería?

Alexander bajó lentamente la mirada.

Y cuando volvió a hablar…

parecía veinte años más viejo.

—Porque descubriste algo que jamás debías descubrir.

El aire desapareció.

—¿Qué?

Preguntó Denisse.

Alexander observó a Victoria.

Y luego a su hija.

—El verdadero propósito de Kronos.

El corazón de todos se aceleró.

Porque finalmente estaban acercándose al núcleo.

Al centro del laberinto.

A la verdad.

Victoria habló antes que él.

—Kronos nunca fue una organización financiera.

Silencio.

—Nunca fue un grupo empresarial.

Más silencio.

—Eso era solo la fachada.

El miedo comenzó a crecer.

—Entonces ¿qué era?

Preguntó Gabriel.

Victoria cerró los ojos.

Y cuando respondió…

la habitación completa quedó paralizada.

—Era una organización creada para controlar linajes.

Nadie comprendió.

No al principio.

—¿Qué significa eso?

Preguntó Adriana.

Victoria respiró profundamente.

—Seleccionaban familias poderosas.

Todos escuchaban.

—Empresarios.

Políticos.

Jueces.

Militares.

La tensión aumentó.

—Y manipulaban matrimonios.

Silencio.

—Manipulaban nacimientos.

Más silencio.

—Manipulaban herencias.

El corazón de Denisse golpeaba violentamente.

Porque aquello sonaba monstruoso.

Pero también demasiado organizado para ser una locura.

Demasiado preciso.

Demasiado calculado.

—No.

Susurró Owen.

Porque comenzaba a entender.

Y lo que entendía era aterrador.

—Sí.

Respondió Victoria.

—Creaban dinastías.

La habitación quedó inmóvil.

—Dios mío.

Murmuró Richard.

Porque finalmente encajaba.




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