Pasión Oscura

CAPÍTULO 46: LA HEREDERA MARCADA

La transmisión desapareció.

Pantalla negra.

Silencio.

Y luego…

nada.

Absolutamente nada.

Durante varios segundos nadie fue capaz de moverse.

Porque la última frase seguía resonando dentro de la habitación como una sentencia de muerte.

“La heredera debe morir.”

No era una amenaza.

No era una advertencia.

No era una negociación.

Era una orden.

Y alguien acababa de ejecutarla.

Denisse sintió que un frío insoportable recorría su cuerpo.

Porque por primera vez comprendió algo aterrador.

Ya no la perseguían para utilizarla.

Ya no la perseguían para controlarla.

Ya no la perseguían para descubrir quién era.

Ahora la perseguían para matarla.

Y eso cambiaba completamente las reglas.

Owen reaccionó primero.

Como siempre.

—Corten todas las conexiones.

Gabriel ya estaba moviéndose.

—Hecho.

—Activen protocolo Omega.

Richard levantó la mirada.

—¿Estás seguro?

—Ahora.

La tensión explotó nuevamente.

Porque protocolo Omega significaba una sola cosa.

Guerra abierta.

Sin negociación.

Sin retroceso.

Sin prisioneros.

Denisse observó a Owen.

Y por primera vez vio algo que jamás había visto en él.

Miedo.

No por sí mismo.

Por ella.

Porque acababa de comprender la magnitud del peligro.

Si los verdaderos fundadores de Kronos habían salido de las sombras…

entonces todo lo ocurrido hasta ahora solo había sido el comienzo.

—Necesito saber algo.

Dijo Denisse.

Todos la miraron.

—Ahora.

Elena se acercó lentamente.

—¿Qué sucede?

Denisse respiró profundamente.

Y formuló la pregunta que la estaba destruyendo por dentro.

—¿Por qué soy tan importante?

Silencio.

—¿Por qué?

Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos.

—¿Por qué llevan décadas persiguiéndome?

Nadie respondió.

Porque todos conocían fragmentos.

Pero nadie tenía el rompecabezas completo.

Nadie.

Entonces una voz rompió el silencio.

Sebastián.

—Porque no heredaste solo dinero.

Todos giraron.

—¿Qué quieres decir?

Preguntó Owen.

Sebastián parecía diferente.

Más serio.

Más vulnerable.

Como si estuviera tomando una decisión difícil.

—Hay algo que nunca les conté.

La frase cayó sobre la sala como una bomba.

Porque en aquella historia todos tenían secretos.

Todos.

Y cada nuevo secreto resultaba peor que el anterior.

—Habla.

Dijo Gabriel.

Sebastián observó a Denisse.

Y luego cerró los ojos.

—Yo trabajé para Kronos.

El silencio explotó.

Valentina quedó inmóvil.

Richard también.

Y Owen sintió que la furia comenzaba a crecer nuevamente.

—¿Qué dijiste?

—Escuchaste bien.

La habitación entera parecía congelada.

—Fui parte de ellos.

El aire desapareció.

Porque Sebastián siempre había sido ambiguo.

Misterioso.

Peligroso.

Pero nadie había imaginado aquello.

—Maldito hijo de…

—Déjalo terminar.

Interrumpió Denisse.

Porque algo dentro de ella sabía que aquella confesión era importante.

Muy importante.

Sebastián asintió.

—Hace años descubrí algo.

Silencio.

—Algo relacionado con Victoria.

Elena se tensó inmediatamente.

—¿Qué?

—Un proyecto.

La palabra provocó escalofríos.

Porque Kronos nunca hacía nada sin convertirlo en un proyecto.

Nunca.

—¿Qué proyecto?

Preguntó Owen.

Sebastián tragó saliva.

Y la respuesta hizo que todos quedaran inmóviles.

—Proyecto Aurora.

Silencio.

—¿Qué era?

Sebastián observó directamente a Denisse.

—Tú.

El mundo volvió a detenerse.

—No.

Susurró ella.

—Sí.

—Explícate.

Sebastián respiró profundamente.

—Tu nacimiento estaba planeado.

La sangre abandonó todos los rostros.

—¿Qué?

—Antes incluso de que nacieras.

La habitación quedó paralizada.

Porque aquello era monstruoso.

Completamente monstruoso.

—No.

—Sí.

—Eso es imposible.

Sebastián negó lentamente.

—Kronos llevaba generaciones manipulando familias.

Todos escuchaban.

—Matrimonios.

Herencias.

Linajes.

La tensión aumentó.

—Y cuando descubrieron que Victoria estaba embarazada…

todo cambió.

Denisse apenas podía respirar.

—¿Por qué?

—Porque los análisis indicaban algo extraordinario.

Silencio.

—¿Qué análisis?

Sebastián bajó lentamente la mirada.

Y cuando volvió a levantarla…

había algo parecido al miedo en sus ojos.

—Creían que tú eras la clave para controlar todo el sistema.

La habitación quedó inmóvil.

—Eso no tiene sentido.

Dijo Gabriel.

—Lo sé.

—Entonces explícalo.

Sebastián asintió.

—Los fundadores originales creían en una profecía.

Silencio.

—Una profecía familiar.

Richard soltó una risa amarga.

—¿Una profecía?

—Sí.

—¿Estamos hablando en serio?

—Completamente.

La tensión creció.

Porque las organizaciones más peligrosas suelen estar construidas sobre creencias absurdas.

Y precisamente por eso resultan tan peligrosas.

—¿Qué decía esa profecía?

Preguntó Denisse.

Sebastián sostuvo su mirada.

—Que una heredera nacería para destruir Kronos desde dentro.

El aire desapareció.

—No.

—Sí.

—Y creyeron que era yo.

—Exactamente.

El silencio se volvió insoportable.

Porque por primera vez todo comenzaba a encajar.

La vigilancia.

Las desapariciones.

Los secuestros.

La obsesión.

Las décadas de persecución.

Todo.

Todo giraba alrededor de ella.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.