Pasión Oscura

CAPÍTULO 49: AURORA

El mundo dejó de existir.

No hubo sonido.

No hubo movimiento.

No hubo pensamiento.

Solo aquella tarjeta.

Solo aquel nombre.

AURORA PARKER.

La imagen permanecía inmóvil en la pantalla.

Una pequeña cuna.

Una manta blanca.

Un bebé dormido.

Y un nombre capaz de destruir todas las certezas construidas hasta ese momento.

—No…

Susurró Owen.

Por primera vez desde que Denisse lo conocía…

parecía completamente devastado.

Porque aquel nombre significaba algo.

Algo enorme.

Algo que nadie más comprendía todavía.

Pero Denisse sí.

Porque había visto su reacción.

Y porque el miedo en sus ojos era real.

Brutalmente real.

—¿Quién es Aurora?

Preguntó.

El silencio cayó como una losa.

Owen cerró los ojos.

Durante un segundo.

Dos.

Tres.

Y cuando volvió a abrirlos…

parecía un hombre que acababa de perder una guerra.

—Mi hija.

La habitación explotó.

Denisse sintió que el corazón se detenía.

Porque aquellas palabras atravesaron su pecho como una cuchilla.

No por celos.

No exactamente.

Sino porque llegaban en el peor momento posible.

En el instante más devastador.

En medio de una guerra.

En medio de la muerte.

En medio del amor.

—¿Tu hija?

Susurró.

Owen asintió lentamente.

—Sí.

La sangre abandonó el rostro de todos.

Gabriel.

Elena.

Sebastián.

Nathan.

Incluso Richard parecía sorprendido.

Y aquello significaba algo.

Porque si Richard no lo sabía…

entonces muy poca gente conocía aquella verdad.

Valeria sonrió desde la pantalla.

Como si hubiera esperado exactamente aquella reacción.

Como si estuviera disfrutando cada segundo.

—Ahora sí.

Silencio.

—Ahora empezamos a acercarnos a la verdad.

Denisse observó a Owen.

No apartó la mirada.

No podía hacerlo.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

La culpa apareció inmediatamente en el rostro de Owen.

Y aquello fue respuesta suficiente.

Porque había una historia.

Una historia enorme.

Dolorosa.

Peligrosa.

Y probablemente devastadora.

—Pensé que estaba muerta.

La frase cayó como una bomba.

—¿Qué?

—Pensé que había muerto hace años.

La habitación quedó inmóvil.

Porque aquella respuesta generaba más preguntas que soluciones.

Muchísimas más.

Valeria comenzó a aplaudir lentamente.

Una.

Dos veces.

Tres.

—Bravo.

La ironía en su voz resultaba insoportable.

—Cuéntales el resto.

Owen la ignoró.

Pero ella continuó.

Implacable.

—Cuéntales quién es la madre.

El silencio explotó nuevamente.

Porque aquella pregunta era inevitable.

Y todos lo sabían.

Denisse sintió una opresión insoportable en el pecho.

No quería escuchar.

Y al mismo tiempo necesitaba hacerlo.

Necesitaba saberlo.

Toda la verdad.

Finalmente.

Sin más secretos.

Sin más mentiras.

Sin más sombras.

—La madre era mi esposa.

Dijo Owen.

El aire desapareció.

Porque aquella era otra pieza olvidada.

Otra parte de la historia.

Otro fantasma.

El matrimonio.

El divorcio.

La vida anterior.

Todo aquello que casi nunca mencionaba.

—¿Estabas casado?

Preguntó Denisse.

La pregunta salió apenas como un susurro.

Owen asintió.

—Hace años.

Silencio.

—Antes de conocerte.

Valeria sonrió.

—Mucho antes.

Owen apretó la mandíbula.

Porque sabía exactamente hacia dónde intentaba llevar la conversación.

Y sabía por qué.

Quería destruir el vínculo entre él y Denisse.

Quería sembrar dudas.

Celos.

Dolor.

Y estaba consiguiéndolo.

—Su nombre era Clara.

Continuó Owen.

La habitación escuchó en silencio.

—Nos casamos jóvenes.

Su voz se volvió distante.

Como si estuviera recordando otra vida.

Una vida enterrada.

—Y cuando Aurora nació…

todo cambió.

Denisse observó el dolor en sus ojos.

Era auténtico.

Profundo.

Y aquello la hizo comprender que aquella herida jamás había cicatrizado.

—¿Qué ocurrió?

Preguntó Elena.

Owen tragó saliva.

—Desaparecieron.

Silencio absoluto.

—Las dos.

La sangre abandonó todos los rostros.

—¿Qué?

—Una noche.

El salón permanecía inmóvil.

—Simplemente desaparecieron.

La tensión aumentó.

—Busqué durante años.

Sus ojos brillaban.

—Durante años.

Nadie habló.

Porque todos conocían aquella obsesión.

Aquella necesidad de encontrar a alguien perdido.

Todos.

Victoria.

Denisse.

Ahora Aurora.

Parecía una maldición hereditaria.

—Y entonces encontré pruebas de su muerte.

El silencio regresó.

—¿Pruebas falsas?

Preguntó Gabriel.

—Ahora lo sé.

Owen observó la pantalla.

Directamente a Valeria.

—Ahora sé que eran falsas.

Valeria sonrió.

—Porque yo las fabriqué.

La habitación explotó.

—¿Qué?

Rugió Owen.

—Yo me llevé a Aurora.

El mundo dejó de girar.

Denisse sintió que el corazón se detenía.

Porque aquella confesión era monstruosa.

Absolutamente monstruosa.

—¿Por qué?

Valeria inclinó ligeramente la cabeza.

Y por primera vez pareció sincera.

Completamente sincera.

—Porque debía sobrevivir.

Silencio.

—Porque ellos iban a matarla.

La tensión volvió a cambiar.

Porque aquello sonaba extrañamente familiar.

Exactamente igual que lo ocurrido con Denisse.

Exactamente igual.

Entonces Nathan habló.

—Dice la verdad.




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