Pasión Oscura

CAPÍTULO 50: LA ELECCIÓN IMPOSIBLE

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El tiempo se estaba acabando.

Y por primera vez desde que aquella pesadilla había comenzado, ni el dinero, ni el poder, ni la influencia de los Parker parecían suficientes.

Porque la muerte estaba ganando.

Segundo a segundo.

Latido a latido.

Respiración a respiración.

Tres ubicaciones.

Tres mujeres.

Tres destinos.

Y una sola oportunidad.

Victoria.

Isabella.

Aurora.

La madre.

La amiga.

La niña.

La pantalla parecía burlarse de ellos.

Denisse observaba el contador sin poder apartar la mirada.

Era como mirar un precipicio.

Como observar el instante exacto en que una vida se rompe.

Porque cualquiera que fuera la decisión…

alguien moriría.

Y aquello era precisamente lo que Valeria quería.

No buscaba una victoria.

Buscaba destruir almas.

—No.

Dijo Denisse.

Todos la miraron.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Pero también de algo nuevo.

Algo fuerte.

Algo peligroso.

Determinación.

—No voy a elegir.

Valeria sonrió desde la pantalla.

—Ya lo dijiste antes.

—Y lo repito.

La tercera hermana inclinó ligeramente la cabeza.

—Entonces las perderás a todas.

Silencio.

—No.

—¿No?

Denisse dio un paso adelante.

Y por primera vez parecía una reina.

La heredera.

La mujer que todos habían perseguido durante décadas.

La mujer que había sobrevivido a todo.

—Voy a salvarlas a todas.

Valeria soltó una carcajada.

Una carcajada hermosa.

Y aterradora.

—Eso es imposible.

—Lo veremos.

El reloj continuó avanzando.

00:13:12

Gabriel desplegó los mapas sobre la enorme mesa central.

Coordenadas.

Rutas.

Puntos de extracción.

Equipos tácticos.

Todo estaba allí.

Y aun así…

todo parecía insuficiente.

—Las ubicaciones están separadas por cientos de kilómetros.

Silencio.

—¿Tiempo estimado?

Preguntó Owen.

—Demasiado.

La respuesta cayó como una sentencia.

Porque todos comprendieron lo mismo.

Físicamente era imposible.

Matemáticamente imposible.

Humanamente imposible.

Entonces Sebastián habló.

—A menos que…

Todos giraron.

—¿A menos que qué?

Sebastián observó el mapa.

Y lentamente comenzó a sonreír.

No como un villano.

Como un hombre que acababa de encontrar una grieta.

Una pequeña grieta en una muralla aparentemente indestructible.

—A menos que Valeria esté mintiendo.

Silencio.

—Explícate.

Sebastián señaló los puntos.

—Todo esto fue diseñado para obligarnos a elegir.

Todos escuchaban.

—Pero Valeria nunca ha querido matar a Denisse.

La tensión aumentó.

—Eso no tiene sentido.

Dijo Gabriel.

—Sí lo tiene.

Sebastián observó a Denisse.

—Ella está obsesionada contigo.

La palabra quedó suspendida.

Obsesionada.

Porque era verdad.

Cada movimiento de Valeria giraba alrededor de ella.

Cada plan.

Cada revelación.

Cada manipulación.

Todo.

—Entonces ¿qué propones?

Preguntó Owen.

—Que ninguna de las tres ubicaciones sea la verdadera.

El aire desapareció.

Porque aquella posibilidad resultaba tan absurda como brillante.

Nathan fue el primero en comprender.

—Dios mío.

—Exacto.

Respondió Sebastián.

—No está escondiendo a las prisioneras.

Silencio.

—Está escondiendo a Denisse.

La habitación quedó inmóvil.

Porque de pronto todo cobraba sentido.

Valeria no estaba jugando con Victoria.

Ni con Isabella.

Ni siquiera con Aurora.

Estaba jugando con Denisse.

Como siempre.

Entonces Lucas habló.

El pequeño permanecía sentado en silencio desde hacía varios minutos.

Observando.

Escuchando.

Pensando.

Y cuando habló…

todos prestaron atención.

—Ella siempre hacía eso.

Silencio.

—¿Quién?

Preguntó Denisse.

—Valeria.

El niño encogió los hombros.

—Decía que la mejor forma de esconder algo era mostrar otra cosa.

La habitación quedó inmóvil.

Porque los niños suelen decir las verdades más simples.

Y aquella parecía una verdad enorme.

—¿Cómo conoces a Valeria?

Preguntó Elena.

Lucas bajó la mirada.

Y por primera vez pareció triste.

Realmente triste.

—Ella me cuidó.

Silencio.

—Cuando mamá desapareció.

El corazón de todos se encogió.

Porque Lucas seguía siendo un niño.

Un niño atrapado en una guerra que jamás había elegido.

Entonces ocurrió algo inesperado.

La pantalla volvió a encenderse.

Pero esta vez no apareció Valeria.

Ni Victoria.

Ni Isabella.

Ni Aurora.

Apareció otra persona.

Una mujer.

Joven.

Hermosa.

Y completamente desconocida.

O al menos eso parecía.

Porque Owen se quedó paralizado.

Y el color desapareció de su rostro.

—No.

Susurró.

Denisse sintió un escalofrío.

—¿Quién es?

Owen parecía incapaz de respirar.

Como si estuviera viendo un fantasma.

Como si estuviera viendo algo imposible.

Y cuando finalmente respondió…

su voz se quebró.

—Clara.

El mundo explotó.

Porque Clara era la mujer que debía estar muerta.

La madre de Aurora.

La exesposa desaparecida.

El amor enterrado de Owen.

La mujer de la pantalla sonrió.

Y las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.

—Hola, Owen.

El silencio fue absoluto.

Porque aquella voz era real.

Porque aquella mujer estaba viva.

Y porque nada de aquello tenía sentido.




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