Pasión Oscura

CAPÍTULO 51: LAS GEMELAS DEL DESTINO

El universo se detuvo.

No existieron los relojes.

No existieron las pantallas.

No existieron las alarmas.

No existió Kronos.

No existió el peligro.

No existió nada.

Porque una sola frase acababa de destruir la realidad.

—Aurora y tú son hermanas gemelas.

El silencio fue tan brutal que pareció eterno.

Denisse sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

Su corazón golpeaba con fuerza.

Demasiada fuerza.

Como si intentara escapar de su pecho.

—No.

Susurró.

—No puede ser.

Clara apareció inmóvil en la pantalla.

Con lágrimas en los ojos.

Pero también con una tristeza infinita.

La tristeza de alguien que había cargado una verdad demasiado tiempo.

—Lo siento.

—No.

Denisse retrocedió un paso.

—Eso es imposible.

Clara cerró los ojos.

—Ojalá lo fuera.

La habitación completa parecía haber dejado de respirar.

Owen estaba inmóvil.

Elena parecía al borde del colapso.

Nathan no apartaba la mirada de la pantalla.

Gabriel había olvidado incluso el reloj que seguía avanzando.

Porque aquella revelación era demasiado grande.

Demasiado devastadora.

—Explícalo.

Dijo Owen.

Su voz sonó áspera.

Tensa.

Peligrosa.

—Ahora.

Clara asintió.

Sabía que había llegado el momento.

El momento que llevaba décadas evitando.

—Hace veintiséis años…

comenzó.

La habitación permaneció inmóvil.

—Kronos descubrió algo.

Silencio.

—Algo relacionado con dos embarazos.

Denisse sintió un escalofrío.

—¿Qué embarazos?

Clara la observó.

Y respondió.

—El de Victoria.

Silencio.

—Y el mío.

Owen cerró los ojos.

Como si estuviera intentando comprender.

Como si estuviera reconstruyendo una pesadilla.

—No.

Clara asintió.

—Sí.

—Aurora nació cuando Denisse nació.

—Exactamente.

La sangre abandonó todos los rostros.

Porque aquello cambiaba absolutamente todo.

Todo.

—Pero eso no tiene sentido.

Dijo Elena.

—¿Por qué?

—Porque Victoria solo dio a luz una niña.

Silencio.

Clara bajó la mirada.

Y entonces respondió.

—Eso es lo que le hicieron creer.

El mundo explotó.

Porque de pronto…

una posibilidad aterradora apareció frente a todos.

Una posibilidad monstruosa.

Una posibilidad capaz de explicar décadas enteras.

—No.

Susurró Denisse.

—No…

Pero ya era demasiado tarde.

Porque dentro de ella comenzaba a formarse la verdad.

La verdad que siempre había estado escondida.

La verdad que Kronos había protegido durante generaciones.

—Victoria tuvo gemelas.

Dijo Clara.

El silencio se volvió insoportable.

—Y una de ellas fue robada.

Denisse dejó de respirar.

Porque ya sabía cuál era la respuesta.

La había sabido antes incluso de escucharla.

Y aun así…

dolía.

Dolía demasiado.

—Yo.

Susurró.

Clara asintió.

—Sí.

Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Denisse.

Sin control.

Sin resistencia.

Sin fuerza para detenerlas.

Porque toda su vida había estado buscando respuestas.

Toda.

Y cada respuesta resultaba más devastadora que la anterior.

—¿Quién me robó?

La pregunta salió quebrada.

Frágil.

Humana.

Y Clara respondió.

—Los fundadores originales de Kronos.

El aire desapareció.

—¿Por qué?

—Porque las necesitaban separadas.

Silencio.

—¿Separadas para qué?

Clara tragó saliva.

Y aquello hizo que todos comprendieran algo.

La siguiente respuesta sería terrible.

Mucho peor de lo que imaginaban.

—Porque juntas eran demasiado peligrosas.

La habitación quedó inmóvil.

—¿Qué significa eso?

Preguntó Gabriel.

Clara observó a Denisse.

Luego a la fotografía.

Luego nuevamente a Denisse.

—Porque ustedes dos eran la clave.

Silencio.

—La clave de qué.

Clara abrió lentamente el medallón.

Y detrás de las fotografías apareció algo más.

Un símbolo.

Una inscripción.

Un código.

Nathan palideció.

—Dios mío.

—¿Qué sucede?

Preguntó Owen.

Nathan parecía incapaz de respirar.

—Eso no es una inscripción.

Silencio.

—Es una ubicación.

Toda la habitación reaccionó.

Gabriel tomó inmediatamente una captura.

Sebastián amplió la imagen.

Richard comenzó a trabajar sobre ella.

Y en apenas segundos…

encontraron la respuesta.

Un punto.

Una coordenada.

Un lugar.

Y cuando apareció en el mapa…

todos quedaron paralizados.

Porque no correspondía a ninguna de las tres ubicaciones.

Ni Victoria.

Ni Isabella.

Ni Aurora.

Era otra.

Una cuarta ubicación.

Oculta.

Secreta.

Invisible.

Sebastián levantó lentamente la mirada.

Y por primera vez parecía verdaderamente asustado.

—Encontramos el centro.

Silencio.

—¿Qué centro?

—El verdadero centro de Kronos.

El corazón de Denisse se aceleró.

Porque comprendió inmediatamente.

Todo.

Valeria.

Alexander.

Los fundadores.

Las desapariciones.

Las mentiras.

Las muertes.

Todo conducía allí.

De repente.

Clara comenzó a mirar detrás de ella.

Asustada.

Muy asustada.

Y aquello cambió inmediatamente el ambiente.

Porque hasta ese momento había parecido segura.

Ahora no.

Ahora parecía una mujer que acababa de quedarse sin tiempo.

—Clara.

Dijo Owen.

—¿Qué ocurre?

Ella sonrió.

Una sonrisa triste.

Hermosa.

Y desgarradora.

—Ya vienen.




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