El tiempo dejó de existir.
La respiración desapareció.
Los latidos se volvieron un ruido lejano.
Porque la figura que acababa de aparecer detrás de aquella puerta imposible no era una ilusión.
No era una grabación.
No era un truco.
Era una niña.
Una pequeña de unos seis años.
Cabello oscuro.
Ojos intensos.
Rostro delicado.
Y una expresión extrañamente familiar.
Demasiado familiar.
Porque era exactamente igual a Denisse.
—No…
Susurró.
Sus piernas comenzaron a temblar.
—No puede ser.
La imagen seguía allí.
Inmóvil.
Observándola.
Como si también estuviera sorprendida.
Como si la estuviera reconociendo.
Owen se acercó inmediatamente.
Instintivamente.
Protector.
Posesivo.
Como siempre.
Su mano encontró la de Denisse.
Y la sostuvo con fuerza.
Como si intentara evitar que el mundo terminara de romperse.
—Respira.
Murmuró.
Pero ni él parecía creer en aquellas palabras.
Porque estaba tan impactado como todos los demás.
Valeria observaba la escena desde la transmisión.
Y por primera vez…
no parecía disfrutarla.
Parecía emocionada.
Como si hubiera esperado ese momento durante años.
Quizás décadas.
—Bienvenida a casa.
Dijo suavemente.
Denisse sintió un escalofrío.
—¿Quién es ella?
Silencio.
—Dímelo.
Valeria sostuvo su mirada.
Y respondió.
—Tu pasado.
La transmisión vibró.
El corazón de Denisse golpeó con fuerza.
—No quiero acertijos.
—Lo sé.
—Quiero la verdad.
Entonces Valeria sonrió.
Una sonrisa triste.
Dolorosa.
Y completamente diferente de todas las anteriores.
—Por eso estás aquí.
La niña comenzó a avanzar.
Paso a paso.
Lentamente.
Saliendo de aquella luz blanca.
Y cuanto más se acercaba…
más imposible resultaba apartar la mirada.
Porque no era solamente parecida.
Era idéntica.
Absolutamente idéntica.
Elena comenzó a llorar.
Sin previo aviso.
Sin control.
Como si estuviera viendo un fantasma.
Porque aquella imagen había despertado algo dentro de ella.
Algo enterrado.
Algo antiguo.
Algo terrible.
—Yo la recuerdo.
Susurró.
Todos giraron.
—¿Qué?
Preguntó Owen.
Elena temblaba.
—La recuerdo.
La sangre abandonó el rostro de Denisse.
—¿Quién es?
Elena cerró los ojos.
Y cuando volvió a abrirlos…
había culpa en ellos.
Una culpa insoportable.
—La llamaban Número Cinco.
El mundo explotó.
—¿Número qué?
—Número Cinco.
Silencio absoluto.
Porque aquella respuesta era peor que cualquier otra.
Mucho peor.
No era un nombre.
No era una identidad.
No era una persona.
Era una clasificación.
Un experimento.
Un objeto.
—No.
Susurró Denisse.
Pero Elena continuó.
Como si una presa se hubiera roto dentro de ella.
—Hace muchos años escuché conversaciones.
Silencio.
—Escuché cosas que jamás debí escuchar.
Las lágrimas seguían cayendo.
—Se hablaba de seis niñas.
La habitación quedó inmóvil.
—Seis.
—Las Herederas.
Gabriel bajó lentamente la cabeza.
Porque cada pieza comenzaba a encajar.
Una por una.
Como un rompecabezas monstruoso.
—Número Uno.
—Número Dos.
—Número Tres.
—Número Cuatro.
—Número Cinco.
—Número Seis.
La voz de Elena apenas era un susurro.
—Y nadie sabía cuál sobreviviría.
El aire desapareció.
—¿Sobrevivir?
Preguntó Denisse.
Elena no respondió inmediatamente.
Porque la respuesta resultaba insoportable.
—Porque nunca pensaron conservarlas a todas.
Silencio.
—Solo necesitaban una.
La rabia explotó dentro de Owen.
Una rabia salvaje.
Primitiva.
Incontrolable.
—Malditos enfermos.
Su voz resonó en toda la mansión.
Y nadie intentó detenerlo.
Porque todos sentían exactamente lo mismo.
Entonces la niña habló.
Desde la pantalla.
Su voz era suave.
Pequeña.
Inocente.
—No llores.
Denisse sintió que el corazón se rompía.
Porque aquella niña la estaba mirando.
Directamente a ella.
—¿Quién eres?
Preguntó.
La pequeña inclinó la cabeza.
Como si la pregunta fuera extraña.
—Soy Eva.
Silencio.
—¿Eva?
La niña sonrió.
—Ese es el nombre que me dieron.
Valeria bajó la mirada.
Y durante un instante pareció devastada.
Completamente devastada.
Como si aquel nombre escondiera una herida imposible de sanar.
—Ella fue la primera.
Dijo.
El aire desapareció.
—¿La primera qué?
Valeria levantó lentamente los ojos.
Y respondió.
—La primera heredera.
La tensión aumentó.
Porque algo en aquella respuesta sonaba incorrecto.
Muy incorrecto.
—No entiendo.
Dijo Denisse.
—Claro que no.
Valeria observó a la niña.
Luego volvió a mirar a Denisse.
Y finalmente pronunció unas palabras que hicieron que el corazón de todos se detuviera.
—Porque Eva nació antes que ustedes.
Silencio.
—Antes que Victoria tuviera a sus hijas.
El mundo dejó de girar.
—No.
Susurró Nathan.
—Sí.
Valeria asintió lentamente.
—Todo comenzó con Eva.
La niña permanecía inmóvil.
Observando.
Escuchando.
Como si ya conociera aquella historia.
Como si hubiera vivido dentro de ella toda su vida.
—¿Qué significa eso?
Preguntó Gabriel.
Valeria respiró profundamente.
Y por primera vez pareció cansada.
Muy cansada.
—Significa que Denisse nunca fue el objetivo original.