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El contador seguía descendiendo.
Pero nadie podía verlo.
Porque una sola frase había destruido nuevamente todas las certezas.
—No fueron seis. Fueron siete.
El silencio dentro de la mansión Parker resultó insoportable.
Denisse permanecía inmóvil.
Su mente ya no era capaz de procesar más revelaciones.
Más secretos.
Más mentiras.
Más vidas ocultas.
Y aun así…
sabía que lo peor todavía no había llegado.
Porque en aquella historia siempre existía una verdad más oscura.
Una última puerta.
Un último monstruo.
—Siete…
Susurró Owen.
—¿Quién demonios es la séptima?
Nadie respondió.
Porque nadie lo sabía.
Ni siquiera Nathan.
Ni siquiera Elena.
Ni siquiera Richard.
Y aquello era aterrador.
Porque significaba que la verdad había permanecido oculta incluso para quienes habían vivido dentro de ella.
De repente.
Todas las pantallas volvieron a encenderse.
La imagen regresó.
Pero ya no mostraba a Eva.
Ni a Valeria.
Ni a Clara.
Mostraba una enorme sala circular.
Subterránea.
Gigantesca.
Antigua.
Y en el centro…
una mesa de piedra negra.
Sobre ella había siete símbolos.
Siete.
Exactamente siete.
Denisse sintió un escalofrío.
Porque el símbolo central era idéntico al medallón que llevaba desde niña.
Entonces apareció Valeria.
Caminando lentamente alrededor de la mesa.
Como una sacerdotisa.
Como una guardiana.
Como alguien que había esperado décadas para aquel instante.
—Toda historia tiene un origen.
Dijo.
Su voz resonó por toda la mansión.
—Y toda mentira tiene un precio.
Nadie habló.
Porque todos estaban escuchando.
Necesitando respuestas.
Desesperadamente.
—Kronos nunca buscó riqueza.
Silencio.
—Ni influencia.
Más silencio.
—Ni poder político.
Owen endureció la mandíbula.
—Entonces ¿qué buscaba?
Valeria sonrió.
Y por primera vez parecía una mujer cansada.
Una mujer agotada por una guerra interminable.
—Inmortalidad.
El aire desapareció.
—¿Qué?
Gabriel fue el primero en reaccionar.
—Eso es absurdo.
—¿Lo es?
Valeria inclinó ligeramente la cabeza.
—Miren todo lo que han visto.
Silencio.
—Personas desaparecidas.
—Identidades falsas.
—Generaciones manipuladas.
—Experimentos.
—Niñas robadas.
La tensión aumentó.
—¿Y la inmortalidad te parece lo absurdo?
Nadie respondió.
Porque en aquel momento…
ya nada parecía imposible.
Valeria continuó.
—Los fundadores creían que podían transferir algo más que genes.
Silencio.
—Creían que podían transferir legado.
—Memoria.
—Voluntad.
—Poder.
La habitación escuchaba inmóvil.
—Y para hacerlo necesitaban una línea perfecta.
Denisse sintió que el corazón se aceleraba.
Porque comprendía hacia dónde se dirigía aquella historia.
Y no le gustaba.
No le gustaba en absoluto.
—Las Herederas.
Susurró.
Valeria asintió.
—Exactamente.
Entonces las imágenes comenzaron a aparecer alrededor de la sala circular.
Fotografías.
Archivos.
Documentos.
Videos antiguos.
Décadas de secretos.
Décadas de horror.
Décadas de manipulación.
Y en cada imagen aparecía el mismo rostro.
Victoria.
Más joven.
Más vulnerable.
Más sola.
Elena comenzó a llorar.
Porque estaba observando a su hermana.
La verdadera historia de su hermana.
La que nadie conocía.
—La utilizaron.
Susurró.
Valeria cerró los ojos.
—Sí.
Aquella única palabra parecía contener años de culpa.
Años de dolor.
Años de arrepentimiento.
—¿Y tú?
Preguntó Denisse.
—¿Qué papel tenías?
Silencio.
Por primera vez Valeria no respondió inmediatamente.
Porque aquella era la pregunta que llevaba toda la vida evitando.
Finalmente levantó la mirada.
Y habló.
—Yo debía protegerlas.
La sangre abandonó todos los rostros.
—¿Qué?
—Ese era mi trabajo.
Silencio absoluto.
—Yo era la guardiana de las herederas.
Denisse quedó paralizada.
Porque aquello cambiaba completamente la imagen que tenía de Valeria.
No la justificaba.
No la perdonaba.
Pero la transformaba.
—Entonces ¿por qué hiciste todo esto?
La voz de Denisse se quebró.
—¿Por qué nos perseguiste?
—¿Por qué destruiste vidas?
—¿Por qué?
Valeria sonrió.
Una sonrisa rota.
Una sonrisa llena de heridas.
—Porque fracasé.
Silencio.
—Las perdí.
Las lágrimas aparecieron en sus ojos.
—A todas.
La habitación quedó inmóvil.
Porque aquella mujer no parecía una villana.
Parecía una sobreviviente.
Una mujer consumida por la culpa.
Una mujer destruida.
—Cuando encontré a Denisse…
continuó.
—Ya era demasiado tarde.
Denisse sintió un nudo en la garganta.
—¿Qué quieres de mí?
Valeria la observó.
Y respondió.
—Que termines lo que nosotros no pudimos.
El corazón de Owen se endureció inmediatamente.
—Ni hablar.
Valeria sonrió.
—Sabía que dirías eso.
Entonces ocurrió algo inesperado.
La gigantesca puerta blanca detrás de Valeria comenzó a abrirse nuevamente.
Muy lentamente.
Y esta vez nadie apartó la mirada.
Porque todos comprendieron que la respuesta estaba allí.
Detrás de aquella luz.
Detrás de aquel misterio.
Detrás de décadas de mentiras.
La puerta terminó de abrirse.
Y lo que apareció hizo que el mundo entero pareciera detenerse.