Pasión Oscura

CAPÍTULO 55: LA VERDAD DEL PADRE

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El contador descendía.

Un segundo.

Luego otro.

Y otro más.

Pero nadie lo observaba.

Porque la última frase de la Séptima Heredera había hecho algo mucho peor que provocar miedo.

Había despertado fantasmas.

—Soy la única que sabe quién mató realmente a tu padre.

Denisse sintió que el mundo desaparecía.

Porque durante toda su vida había convivido con aquella ausencia.

Con aquel vacío.

Con preguntas sin respuestas.

Con noches enteras imaginando un rostro.

Una voz.

Una historia.

Y ahora…

cuando parecía haber descubierto casi toda la verdad…

aparecía una nueva mentira.

Una nueva herida.

Un nuevo misterio.

—¿Mi padre?

Susurró.

La transmisión ya había desaparecido.

Pero aquellas palabras seguían flotando en el aire.

—¿Mi padre fue asesinado?

Nadie respondió.

Porque nadie lo sabía.

O peor aún.

Porque algunos comenzaban a sospechar que sí.

Elena bajó lentamente la mirada.

Victoria aparecía en una de las pantallas.

Viva.

A salvo.

Pero llorando.

Y aquella imagen decía mucho más que cualquier respuesta.

Muchísimo más.

—Mamá.

Susurró Denisse mirando la pantalla.

Victoria cerró los ojos.

Y aquello bastó.

Porque el silencio también puede confesar.

—Dios mío.

Murmuró Denisse.

Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.

—Lo sabías.

Victoria no respondió.

No pudo.

Porque el dolor la había alcanzado nuevamente.

Porque aquella herida jamás había sanado.

—Victoria.

Dijo Owen.

—¿Quién era?

Silencio.

—¿Quién era el padre de Denisse?

La tensión se volvió insoportable.

Porque aquella pregunta llevaba décadas escondida.

Décadas.

Finalmente.

Victoria levantó la cabeza.

Y habló.

—Su nombre era Daniel.

Silencio absoluto.

—Daniel Salvatore.

La sangre abandonó el rostro de Elena.

De Nathan.

De Richard.

Y especialmente de Valeria.

Porque todos conocían aquel nombre.

Todos.

—No.

Susurró Nathan.

—Sí.

Victoria parecía destruida.

—Daniel.

Las lágrimas continuaban cayendo.

—El único hombre que realmente amé.

Denisse sintió que el corazón se rompía.

Porque aquella frase era sincera.

Completamente sincera.

Y por primera vez comprendió cuánto había sufrido su madre.

—¿Qué ocurrió con él?

Preguntó.

Victoria cerró los ojos.

Como si estuviera reviviendo una pesadilla.

Una vez más.

—Lo mataron.

El silencio explotó.

—¿Quién?

La pregunta salió de los labios de Owen.

Pero todos querían la misma respuesta.

Todos.

Victoria comenzó a temblar.

—Nunca lo supe.

Silencio.

—Solo encontré su cuerpo.

La habitación quedó inmóvil.

—Y junto a él…

continuó.

—Había un símbolo.

El corazón de Gabriel se aceleró.

—¿Qué símbolo?

Victoria observó directamente a Denisse.

Y respondió.

—El símbolo original de Kronos.

La rabia explotó dentro de Owen.

Porque todo volvía a Kronos.

Siempre.

Absolutamente siempre.

Entonces la voz de Valeria resonó nuevamente.

A través de todos los altavoces.

Más suave.

Más humana.

Más triste.

—No fue Kronos.

La mansión quedó paralizada.

—¿Qué?

Valeria apareció nuevamente en las pantallas.

Pero algo había cambiado.

Ya no parecía una enemiga.

Parecía una mujer agotada.

Una mujer que había cargado demasiado peso durante demasiado tiempo.

—Kronos encubrió el crimen.

Silencio.

—Pero no lo cometió.

El aire desapareció.

—Entonces ¿quién?

Preguntó Denisse.

Valeria permaneció callada.

Por primera vez.

Porque la respuesta parecía costarle.

Mucho.

Finalmente habló.

—La persona que mató a tu padre…

sigue viva.

El miedo recorrió la habitación.

—Y ha estado cerca de ti todo este tiempo.

La sangre abandonó todos los rostros.

—¿Qué?

—No.

Susurró Denisse.

—Sí.

Owen se puso inmediatamente delante de ella.

Instintivamente.

Protector.

Posesivo.

Peligroso.

—Basta de juegos.

Valeria lo observó.

Y asintió lentamente.

—Tienes razón.

Silencio.

—Ya es hora.

La enorme puerta blanca detrás de ella volvió a abrirse.

Y la Séptima Heredera apareció otra vez.

Avanzando lentamente.

Elegante.

Hermosa.

Misteriosa.

Como un reflejo oscuro de Denisse.

—Díselo.

Ordenó Valeria.

La mujer asintió.

Y observó directamente a Denisse.

—La noche en que murió Daniel…

yo estaba allí.

El universo entero pareció detenerse.

—¿Qué?

—Lo vi todo.

Silencio.

—Absolutamente todo.

Las manos de Denisse comenzaron a temblar.

Porque estaba a punto de escuchar la verdad.

La verdad que había perseguido toda su vida.

—Entonces dime quién fue.

La Séptima Heredera respiró profundamente.

Y durante unos segundos pareció debatirse internamente.

Como si supiera que aquella respuesta destruiría algo para siempre.

—Antes necesito que entiendas algo.

—No.

La voz de Denisse se quebró.

—Solo dime quién fue.

La mujer cerró los ojos.

Y finalmente habló.

—El asesino no quería matarlo.

Silencio.

—Fue un accidente.

La tensión aumentó.

—¿Quién?

—Intentaba protegerte.

El corazón de Denisse comenzó a latir con violencia.

Porque aquella frase era peor.

Mucho peor.

—¿Quién?

Repitió.

La Séptima Heredera abrió lentamente los ojos.




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