Pasión Oscura

CAPÍTULO 56: EL DESPERTAR

00:00:09

La alarma comenzó a sonar.

No era una alarma común.

No era una sirena de emergencia.

No era un sistema de evacuación.

Era algo diferente.

Algo antiguo.

Algo que parecía provenir de las entrañas mismas de Kronos.

Un sonido grave.

Profundo.

Metálico.

Como el rugido de una bestia que llevaba décadas dormida.

Y acababa de despertar.

00:00:08

La Séptima Heredera levantó lentamente la cabeza.

Por primera vez en toda la noche…

pareció asustada.

Realmente asustada.

—No…

susurró.

Valeria palideció.

Completamente.

Como si acabara de ver un fantasma.

—Eso no puede estar ocurriendo.

La tensión explotó dentro de la mansión Parker.

Porque hasta ese momento Valeria había parecido tener el control.

Siempre.

Pero ya no.

—¿Qué sucede?

Preguntó Owen.

Nadie respondió.

Porque al otro lado de la transmisión todos parecían aterrados.

Victoria.

Clara.

La Séptima.

Incluso Aurora.

Todos.

Y entonces Denisse comprendió algo.

Aquellas personas no temían a Kronos.

Temían algo que estaba dentro de Kronos.

00:00:07

Las luces de la gigantesca instalación comenzaron a parpadear.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Luego todo quedó teñido por una luz roja.

Amenazante.

Inquietante.

Casi infernal.

Una voz automatizada comenzó a repetirse por los altavoces.

—Protocolo Génesis activado.

Silencio.

—Protocolo Génesis activado.

El corazón de Nathan dejó de latir por un instante.

Porque conocía ese nombre.

—No.

Susurró.

—Dios mío, no.

Gabriel giró hacia él.

—¿Qué es Génesis?

Nathan parecía incapaz de respirar.

—El proyecto original.

El aire desapareció.

—¿Qué proyecto?

Nathan cerró los ojos.

Y cuando volvió a abrirlos…

parecía veinte años más viejo.

—El proyecto que inició todo.

Silencio.

—El motivo real por el que nacieron las Herederas.

Denisse sintió un escalofrío.

Porque cada nueva respuesta traía preguntas aún peores.

—Explícalo.

Nathan tragó saliva.

—Kronos no quería crear una heredera.

Silencio.

—Quería crear una sucesora.

La habitación quedó inmóvil.

—¿Sucesora de quién?

Nathan observó la pantalla.

Y respondió.

—Del Fundador.

El mundo pareció inclinarse.

Porque durante décadas se había hablado de fundadores.

De una organización.

De una élite.

De hombres poderosos.

Pero nunca de una persona específica.

Nunca.

—¿Quién era?

Preguntó Owen.

Nathan permaneció callado.

Demasiado tiempo.

Y aquello fue suficiente para asustarlos.

—Nathan.

—No sé su nombre.

Silencio.

—Nadie lo sabía.

—Solo existía un título.

La tensión aumentó.

—¿Cuál?

Nathan respondió.

—Cronos.

El silencio explotó.

Porque de pronto todo cobraba sentido.

El nombre.

La organización.

La obsesión.

Los símbolos.

Las generaciones manipuladas.

Todo.

No se llamaba Kronos por casualidad.

Se llamaba así por alguien.

Por una persona.

Por el hombre que había comenzado la pesadilla.

00:00:06

La instalación tembló.

Toda.

Como si algo gigantesco se hubiera puesto en movimiento.

Valeria giró hacia el fondo del complejo.

Y por primera vez perdió completamente la compostura.

—Tenemos que sacarlas de aquí.

Clara asintió.

—Ahora.

—¿Qué está pasando?

Gritó Denisse.

Valeria volvió a mirarla.

Y durante unos segundos desapareció toda hostilidad entre ellas.

Todo resentimiento.

Toda guerra.

Solo quedó miedo.

—Él está despertando.

La sangre abandonó todos los rostros.

—¿Quién?

Valeria no respondió inmediatamente.

Porque la respuesta era imposible.

Completamente imposible.

—El hombre que debía estar muerto.

La transmisión vibró violentamente.

Y durante una fracción de segundo apareció una imagen.

Una puerta gigantesca.

Blindada.

Sellada.

Cubierta por símbolos antiguos.

Y detrás de ella…

algo golpeó.

BOOM.

Toda la instalación tembló.

BOOM.

Otra vez.

BOOM.

Como si alguien estuviera intentando salir.

El terror se extendió por cada rincón del lugar.

Porque aquello no parecía humano.

No parecía posible.

—Valeria.

Susurró Clara.

—No tenemos tiempo.

Victoria abrazó inmediatamente a Aurora.

Como una madre que intenta proteger a su hija de una tormenta.

Aunque sabía que aquella tormenta era mucho más grande que ellas.

Mucho más.

Entonces ocurrió algo inesperado.

La pequeña Eva apareció corriendo.

Y se aferró a Denisse a través de la pantalla con la mirada.

—Tienes que venir.

Silencio.

—¿Qué?

La niña parecía desesperada.

—Él te está buscando.

El corazón de Denisse se aceleró.

—¿Quién?

Eva comenzó a llorar.

Y aquella imagen resultó devastadora.

Porque seguía siendo una niña.

Una simple niña atrapada dentro de una guerra monstruosa.

—El hombre de las fotografías.

Silencio.

—El hombre que siempre observaba.

La sangre abandonó el rostro de Victoria.

Porque ella sí sabía quién era.

Y aquello significaba que la respuesta había estado escondida dentro de ella todo este tiempo.

—No.

Susurró.

—No puede ser.

Owen la observó.

—¿Qué sabes?

Victoria comenzó a temblar.

Como nunca antes.

—Daniel me habló de él.

Silencio.

—La noche que murió.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.