Pasión Oscura

CAPÍTULO 59: LA OCTAVA HEREDERA

El mundo estaba ardiendo.

No literalmente.

Todavía.

Pero el verdadero centro de Kronos se estaba derrumbando.

Las alarmas rugían.

Las luces parpadeaban.

Los sistemas colapsaban.

Y por primera vez en décadas…

el imperio de las sombras estaba perdiendo el control.

La última imagen de Valeria seguía congelada en todas las pantallas.

Cubierta de sangre.

Desesperada.

Aterrada.

—Eva descubrió quién es realmente la Octava Heredera.

Y luego…

oscuridad.

Silencio.

Nadie habló.

Porque la frase era demasiado grande.

Demasiado peligrosa.

Denisse fue la primera en reaccionar.

—No.

Su voz sonó apenas como un susurro.

—No puede existir una octava.

Pero en el fondo…

sabía que sí.

Porque cada vez que pensaba haber llegado al final de la verdad…

aparecía otra puerta.

Otra mentira.

Otro secreto.

Owen observó los monitores apagados.

Y algo dentro de él tomó una decisión.

Una decisión irreversible.

—Voy a sacarte de aquí.

Denisse giró hacia él.

—¿Qué?

—Se acabó.

Silencio.

—No me importa Kronos.

—No me importa Lucien.

—No me importa ninguna herencia.

La intensidad de su mirada la atravesó.

—Te llevo conmigo.

El corazón de Denisse se detuvo.

Porque aquella era la fantasía que había intentado negar durante meses.

Huir.

Olvidarlo todo.

Desaparecer.

Empezar de nuevo.

Con él.

Pero ya era demasiado tarde.

Porque el destino nunca deja escapar a quienes persigue.

Entonces las pantallas volvieron a encenderse.

De golpe.

Todas al mismo tiempo.

Y apareció Eva.

Sola.

Corriendo.

Respirando agitadamente.

Llorando.

—¡Denisse!

La niña parecía aterrorizada.

—¡Escúchame!

—¡No queda tiempo!

La habitación entera quedó inmóvil.

—Eva.

—¿Dónde estás?

La niña negó desesperadamente.

—No importa.

—Escúchame.

—La encontré.

Silencio.

—Encontré a la Octava.

El corazón de todos se aceleró.

—¿Quién es?

Preguntó Denisse.

Eva comenzó a llorar.

Y aquello hizo que el miedo aumentara.

Porque era el llanto de alguien que acababa de descubrir algo horrible.

—Ella estaba escondida.

—Todo este tiempo.

—Desde antes de que nacieras.

Nathan palideció.

—Dios mío…

Porque comenzaba a comprender.

Y si él lo comprendía…

significaba que la verdad era monstruosa.

—Eva.

Dijo lentamente.

—¿Dónde la encontraste?

La niña levantó la mirada.

—En los archivos originales.

Silencio.

—Los que Lucien escondió.

Nathan cerró los ojos.

Y el color desapareció completamente de su rostro.

—No.

Gabriel lo observó.

—¿Qué sucede?

Nathan apenas podía respirar.

—La Octava no era una heredera.

El aire desapareció.

—¿Qué?

—Era el respaldo.

La habitación quedó inmóvil.

—¿Respaldo de qué?

Preguntó Owen.

Nathan respondió con una voz rota.

—De todas.

El mundo explotó.

Porque aquella frase significaba una sola cosa.

Una única cosa.

Y Denisse la comprendió antes que nadie.

—No.

Pero Nathan ya estaba hablando.

—Si las otras fallaban…

—Si morían…

—Si desaparecían…

—Si el proyecto colapsaba…

Silencio.

—La Octava ocuparía su lugar.

El miedo se extendió como un incendio.

Entonces Eva mostró algo a la cámara.

Un expediente.

Antiguo.

Amarillento.

Firmado por Lucien.

Y debajo…

una fotografía.

Cuando Denisse la vio…

dejó de respirar.

Porque conocía aquel rostro.

Perfectamente.

Demasiado perfectamente.

—No…

Elena comenzó a llorar.

Victoria soltó un grito.

Y Owen sintió que el corazón se detenía.

Porque la fotografía mostraba a una mujer.

Una mujer joven.

Hermosa.

Intensa.

Una mujer idéntica a Denisse.

Pero no era Denisse.

Tampoco era Aurora.

Ni Eva.

Ni la Séptima.

Era otra.

Y debajo de la imagen aparecía un nombre.

ELENA PARKER

El universo se rompió.

—No.

Elena retrocedió.

Temblando.

—No.

Las lágrimas caían sin control.

—Eso es imposible.

Pero Eva seguía hablando.

—No eres su madre.

Silencio.

—No eres su tía.

Más silencio.

—No eres una observadora.

El corazón de Denisse golpeó violentamente.

Porque ya sabía la respuesta.

La había sabido toda la vida.

Solo que jamás había querido verla.

—Dímelo.

Susurró.

Eva comenzó a llorar.

—Elena…

Silencio absoluto.

—Tú eres la Octava Heredera.

El mundo explotó.

Todo encajó.

Las desapariciones.

Los secretos.

La obsesión de Lucien.

La cercanía inexplicable de Elena.

Su conocimiento.

Sus silencios.

Sus miedos.

Todo.

Porque Elena nunca había estado alrededor de la historia.

Siempre había sido parte de ella.

Entonces una nueva voz apareció.

Una voz fría.

Elegante.

Peligrosa.

—Correcto.

Las pantallas cambiaron.

Y Lucien volvió a aparecer.

Sonriendo.

Pero esta vez no estaba solo.

Detrás de él se encontraba Adrian.

Y también la Séptima.

Y Valeria.

Y Victoria.

Y Aurora.

Todos reunidos.

Como piezas de un tablero.

Lucien observó directamente a Denisse.

—Ya no importa quién es la Octava.

Silencio.

—Porque el juego terminó.

Owen avanzó un paso.

—¿Qué hiciste?

Lucien sonrió.

—Lo que debía hacerse.

Y entonces la cámara giró.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.