Todo está en su lugar: la oficina, los compañeros, la cafetería, la pasión y el deseo buscando la razón, sin ninguna razón. El límite de la tentación, la frontera compartida en una habitación, el riesgo se diluye en una cama.
Todo lo necesario para que una trama empiece a respirar. Para que la intriga despierte, el suspenso se instale y la expectativa crezca. El núcleo está definido. Sus variantes, en movimiento. El ritmo, listo para acelerarse. Solo resta que te acomodes. Que empieces a descubrir, a palpitar, a entregarte. Lo que sigue no pide permiso. Propone. Y dispone.