Todo parece estar en su lugar: la oficina, los compañeros, la rutina.
Pero hay algo que no encaja.
Una tensión que no se nombra. Una mirada que se sostiene más de lo necesario. Una frontera que empieza a borrarse en silencio.
El límite deja de ser una regla… y se convierte en una provocación.
El riesgo ya no se evita: se respira. Se comparte. Se busca.
Una habitación. Una decisión. Y una línea que, una vez cruzada, no tiene regreso.
La trama ya está en movimiento. La intriga despierta. El pulso se acelera.
Ahora es tu turno.
Acomodate. Observá. Sentí.
Porque lo que sigue no pide permiso.
Avanza.