PasiÓn Sin LÍmites

CAPITULO 8

CAP 8

EL EXAMEN

El despertador sonó. Ana lo apagó por impulso. Sin abrir del todo los ojos. Un segundo después, algo no cerró. Se incorporó de golpe. Miró el reloj. Tarde. No mucho. Pero lo suficiente. Se movió rápido. Sin margen para distracciones. Tomó la indumentaria para el examen físico. No revisó nada más. No hacía falta. Salió. El aire frío le golpeó el rostro. La mañana estaba cargada. Gris. Densa. No pensó. Se enfocó. Llegó a la sede principal de la agencia de inteligencia con el tiempo justo. Ni antes. Ni después. Exacto. Se presentó en el gimnasio. Sin palabras innecesarias. Cumplió con cada indicación. Cada ejercicio. Cada repetición. Su cuerpo respondía. Pero no era solo físico. Había otra tensión. Interna. Terminó última. No por falta de capacidad. Por control. Se incorporó. Respiración medida. Sin mostrar desgaste. Distintiva. Se dirigió al vestuario. El eco del lugar marcaba la soledad. Vacío. Silencioso. Ana dejó sus cosas. Se tomó un segundo. No para descansar. Para ordenar. Entonces… Pasos. Leves. Pero claros. Se asomó. En el pasillo vio a Diego ingresar al vestuario de hombres. No dudó. —Hola. Diego giró. Apenas sorprendido. —Hola, llegaste a tiempo. —Sí, justo. ¿Y vos? —preguntó Ana. —Ya terminé la evaluación. Pausa. —Se me hace tarde. Me voy a dar una ducha y tengo que ir a la oficina. La miró. —Nos vemos después. Ese “después” no quedó en el aire. Quedó marcado. Ana entró a la ducha. El agua empezó a caer. Constante. Cubriendo el espacio. Cerró los ojos un segundo. Y entonces… Un movimiento. Sutil. Diego. Ingresando al vestuario. Sin ruido. Sin anunciarse. —Cuánta belleza —dijo. Ana no se giró de inmediato. —Estás en el vestuario de mujeres. —Estoy en el vestuario con vos. Pausa. —Y ahora nos vamos a duchar juntos. El tono no era impulsivo. Era decisión. Ana giró apenas. —Sabés que es un riesgo. Diego dio un paso más. —Me encantan los riesgos. Otra pausa. —Más cuando se trata de vos. Ahí se terminaron las palabras. No hacían falta. El espacio se redujo. El tiempo también. No hubo dudas. No hubo negociación.

Solo una tensión que venía creciendo… y que ya no encontraba freno. Diego avanzó. Ana no retrocedió. Pero tampoco cedió del todo. Porque incluso ahí… seguía eligiendo. El agua caía como una cortina constante. El sonido cubría todo. El entorno desaparecía. No había contexto. No había afuera. Solo ellos. Movimientos contenidos. Cercanos. Intensos sin necesidad de exceso. Cada gesto tenía dirección. Cada pausa, intención. No era solo impulso. Había algo más. Una sincronía que no se explicaba. Que no se buscaba. Se daba. El tiempo se volvió difuso. Sin referencia. Sin medida. Cuando finalmente se separaron… no fue abrupto. Fue natural. Como si ambos supieran exactamente hasta dónde llegar. Y hasta dónde no. Silencio. Solo el agua. Ana apoyó la mano contra la pared. Respiración controlada. Volviendo. Diego la observó un segundo más. Sin decir nada. No hacía falta. Había una línea que se había cruzado. Y no era la primera. Pero sí diferente. Cuando el agua se cerró… el espacio volvió. El vestuario. La rutina. La realidad. Pero algo había cambiado. No en lo evidente. En lo profundo. El examen había terminado. Pero no era el físico. Ese… recién empezaba.




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