PasiÓn Sin LÍmites

CAPITULO 19

CAP 19

EVIDENCIA

El departamento estaba en silencio, apenas iluminado por la luz tenue que se filtraba desde la calle. Diego esperaba, con la calma tensa de quien sabe que algo decisivo está por ocurrir. Ana entró con paso rápido, apoyó el bolso y el abrigo sobre la mesa y se dirigió directamente al baño. El sonido del agua corriendo se mezcló con el latido acelerado de Diego, que permanecía inmóvil en la sala. Observa el bolso y esta vez no dudó, lo abre y encuentra una carpeta con dos letras DG. Entro en shock la realidad lo golpea no obstante deja el archivo en su lugar. La puerta del baño se abrió. Ana salió envuelta en una toalla blanca que dejó caer con un gesto calculado, como si soltara un peso invisible. El aire se cargó de un perfume húmedo, mezcla de vapor y piel recién bañada. Diego, por un instante, olvidó el archivo escondido en el bolso. La obsesión tomó partido, borrando cualquier preocupación. Ana lo miró fijo, con una mezcla de arrepentimiento y desafío. El miedo que la había dominado parecía haberse transformado en decisión. Tomó las vendas, la máscara y el vestido insinuante. El ritual comenzaba. Estás raro le dice Ana Estoy bien no te preocupes No me preocupo solo me llama la atención algo Qué es ese algo dice Diego Aún estás vestido. Y vos estás espléndida responde Diego Sí si querés podés quitárme la ropa. Sin mediar palabra Ana Se acerca con movimientos sensuales y comienza a sacarle la ropa. El clima se instaló y el deseo jugó su partida ambos Se entregaron sin condiciones. Diego la observaba, atrapado entre el deseo y la sospecha. El archivo DG seguía guardado en el bolso, invisible pero presente, como una sombra que amenazaba con quebrar la escena. Pero en ese momento, lo único que existía era la tensión entre ellos. El arte de la seducción se desplegó como un campo de batalla. Ana buscaba dominar, imponerse con gestos calculados, con la fuerza de lo prohibido. Diego resistía, no accedía. La escena se transformó en un juego apasionado, un pulso de poder donde cada movimiento era una disputa. El departamento se convirtió en escenario de un desafío oscuro: ¿quién se impondría sobre quién? Ana intentaba someterlo, pero Diego respondía con firmeza. No era solo un encuentro íntimo, era una lucha por el dominio, por el control de la verdad y del deseo. El archivo DG seguía allí, invisible, esperando el momento de hacerse presente.




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