CAP 26
DOMINIO DE LOS SENTIDOS
La invitación no tenía nada de especial. Un bar irlandés. Música baja. Luz tenue. Mari lo había dicho con naturalidad. Demasiada. Diego aceptó. No por interés. Por inercia. El lugar estaba lleno, pero no invadía. Conversaron. Trabajo. Superficies. Nada importante. Mari observaba. No lo interrumpía. No lo apuraba. Esperaba. —No estás acá —dijo en un momento. Diego la miró. —Estoy. —No —respondió ella, tranquila—. Estás en otro lado. Silencio. Diego no negó. Salieron antes de lo previsto. —¿Oficina? —preguntó Mari.Diego dudó. Un segundo. —No. Ese “no” cambió todo. El departamento los recibió en silencio. Sin transición. Sin excusas. Mari dejó el abrigo. Diego también. No había apuro. Pero tampoco distancia. La tensión no apareció. Ya estaba. Mari se acercó primero. No lo tocó. No hacía falta. Diego respondió. Tarde. Como si algo en él todavía dudara. El aire se volvió más denso. Más lento. Más preciso. Y entonces… la puerta. Ana no pidió permiso. Entró.Se detuvo. Observó. Primero a Diego. Después a Mari. No dijo nada. Cerró la puerta. Se sentó. —Sigan —dijo, con calma—. No se detengan por mí. Nadie se movió. Ana sostuvo la escena. —¿Estás incómodo? —preguntó. Diego no respondió. —Seguí… soltate. —Permitite ser vos. Mari la miró. Había algo nuevo ahí. No era incomodidad. Era lectura. Ana inclinó apenas la cabeza. —¿Qué esperás? Silencio. —¿Que me sume? Una leve sonrisa. —Si lo querés… pedímelo. Mari avanzó.Se apoyó en Diego. Ana no intervino. Observaba. Había algo entre ellas. Sin contacto. Sin palabras. Pero estaba. Un paso más… y el límite dejaba de ser límite. Diego lo vio. Y esta vez… no dudó. Se interpuso. El aire cambió. Frío. El momento se quebró. Ana lo miró. No estaba sorprendida… sino… Recalculando. Diego no dijo nada. Tomó su abrigo. —Nos vemos —dijo. Y se fue. La puerta se cerró.El silencio volvió. Pero ya no era el mismo.