CAP 27
EL DÍA DESPUÉS
Por la tarde, Diego llegó a la oficina y se dirigió directamente al tercer piso, tal como habían acordado. Intrigado. Ansioso. Necesitaba mirarla a los ojos después de lo ocurrido el día anterior. —¿Lo tomará como una anécdota? —se preguntó. Ingresó. La asistente lo recibió. —Buenas tardes. —Buenas tardes, Eugenia. ¿Se encuentra la detective? —Sí, pase. Lo está esperando. Al entrar, Ana estaba de pie, frente a la puerta. Firme. Fría. Sin mostrar debilidad… ni arrepentimiento. Se miraron. El silencio fue testigo. Diego avanzó con control absoluto. La tomó y la besó. Un beso intenso. Prolongado. Como si lo vivido no hubiese sido un límite… sino un impulso. La distancia ya no existía. —¿Cómo estás? —preguntó Ana. —Bien. Hoy me quedo hasta tarde. —¿Y después? —Pensaba hacer algo… —Yo no tengo posibilidad alguna. —¿No tenés… o no querés? —No puedo. Ana lo observó con detenimiento. —Algo te está afectando. —No. Al contrario. Diego la rodeó con sus brazos. Ella se estremeció. Sin decir nada, la sentó sobre el escritorio. El aire cambió. Ana comenzó a agitarse levemente. Diego sacó de su bolsillo la venda. La misma. —¿Qué estás haciendo? —Lo que siento. Con la vista anulada, los sentidos de Ana se intensificaron. El tiempo se diluyó. El espacio dejó de importar. El silencio se volvió denso. Cuando Ana recuperó la vista, nada era igual. —Te noto distinto —dijo. —Estoy bien. Diego acomodó su ropa con calma. —¿Te vas? —¿Así? —Si. —Así. El silencio volvió. Ana se recompuso. —Nos vemos. —Nos vemos. Diego salió. Del otro lado de la puerta…Eugenia permanecía en su escritorio. En silencio. Como si nada hubiese ocurrido. Pero algo había cambiado. No lo que vio… sino lo que escuchó. Y Diego… por primera vez, no había medido ese límite.