Pasiones en Juegos

Capítulo 5

Tras ese primer triunfo, disputamos cinco partidos más, ganando en cuatro de ellos. La única derrota fue contra Unión Huaral, aunque en mi defensa, el último gol de ellos fue en posición adelantada. A pesar de señalárselo al árbitro, no hizo caso y terminamos perdiendo.

De todas formas, lo más importante es que logramos ganar el campeonato de la Liga 2, lo que significaba que pronto ascenderíamos y nos enfrentaríamos a equipos de la Liga 1 en el futuro.

Mi vida había experimentado un cambio drástico: había ganado alrededor de diez mil seguidores en Instagram, algunas personas me reconocían en la calle y me pedían fotos, algo que aún no lograba asimilar. Más tarde, me informaron que alguien había creado una Fanpage de mí en Facebook, donde compartían fotos y ediciones, principalmente de momentos en los que me quitaba la camiseta después de los partidos, así como imágenes cercanas de mi rostro en posiciones que resaltaban mi atractivo. Pueden imaginarse los comentarios:

“Encontré a mi hombre”.

“¡Que belleza!”

“Invoco para que este hombre sea el padre de mis hijos”.

“🔥🔥🔥🔥🔥🔥”.

Al principio me incomodaba, pero con el tiempo me acostumbré e incluso llegué a reírme de la situación. Cuando soñaba con convertirme en futbolista, mi enfoque estaba más en el rendimiento en el campo y en las críticas positivas; nunca había contemplado las implicaciones de la fama que también vendrían.

Tampoco anticipaba que mi crecimiento sería tan rápido. Si bien sabía que era un buen jugador, no imaginaba llegar al punto en el que ya me consideraban el mejor del equipo. Los críticos de fútbol hablaban maravillas de mí y pronosticaban que pronto estaría ingresando a la selección peruana.

A veces creía que mi padre exageraba, pero por lo visto estaba en lo correcto.

El reciente éxito de los últimos días me había permitido olvidar, al menos por un momento, el constante miedo que me atormentaba. Aunque aún experimentaba ansiedad por el temor de que descubrieran mi sexualidad, logré encontrar cierta tranquilidad.

Nos encontrábamos en la casa de Luciano, disfrutando de películas en compañía de Alejandro, Gibrán y Mauricio. La velada transcurría agradablemente mientras degustábamos hamburguesas y compartíamos nuestras experiencias triunfales. Sin embargo, todo se desmoronó cuando algunos empezaron a proferir insultos hacia algunos integrantes del equipo Carlos Stein.

—No veo la hora para que volvamos a jugar con ellos y sacarles la mierda —dijo Alejandro.

—Les vamos a ganar cinco a cero —dijo Luciano.

La conversación se tornó en una crítica total hacia el equipo Carlos Stein. Aunque ya estaba acostumbrado a ese tipo de charlas, lo que me incomodó fue cuando empezaron a especular sobre la orientación sexual de uno de los integrantes del equipo, insinuando que podría ser homosexual.

—Mávilo es maricón de todas maneras —dijo Mauricio—. Nunca se le ha visto con flaca.

—También vi que sube a sus historias noticias que tienen que ver con Ariana Grande a cada rato, eso es sinónimo de cabro reprimido —dijo Alejandro.

—Pero si es gay déjenlo, cada uno tiene su vida —dijo Gibrán.

—No hermano, prefiero respetar a un choro en vez de a un maricón —mencionó Alejandro.

Todos se reían del momento, así que decidí beber un poco de mi vaso de Coca Cola para disimular la incomodidad que sentía. Estaba siendo testigo de una situación que, durante mucho tiempo, me generaba miedo y me corroía internamente.

Esperé un momento oportuno para dirigirme al patio y tomar un poco de aire, consciente de que sería demasiado evidente mi incomodidad si me retiraba en el preciso instante en que tocaban ese tema.

Una vez afuera, me quedé un rato contemplando el cielo nublado de Lima, mientras daba sorbos a mi vaso de Coca Cola. Me di cuenta de que estaba invadido por un intenso bochorno, y supe que mi rostro debía estar enrojecido, ya que sentía el calor irradiando en toda mi cara.

“Tranquilo Ángelo, todo está bien”.

De repente, Gibrán se unió a mí en el patio, sosteniendo una botella de cerveza en su mano derecha. Me sonreía, algo que me fascinaba, ya que adoraba su sonrisa.

—¿Todo bien? —me preguntó.

—Todo bien, solo necesitaba un poco de aire.

—Comprendo. Oye, me preguntaba si querías ir a la convención de videojuegos conmigo.

Aquello me tomó por sorpresa, ya que recién estábamos forjando nuestra amistad, y él mantenía relaciones más antiguas y estrechas con los demás miembros del equipo. Me preguntaba por qué me prefería a mí en lugar de a ellos.

—Sí claro. ¿Cuándo es? —pregunté entusiasmado.

—El próximo sábado. Compré dos boletos para ir con mi primo, pero me informó que no podrá acompañarme. Entonces, pensé en ti, ya que eres el único que conozco a quien le gustan los videojuegos tanto como a mí —explicó Gibrán.

—Más que encantado —le sonreí.

—Perfecto.

Nunca antes había ido a una convención de videojuegos a pesar de ser un amante de estos, ya que evitaba los eventos con mucha gente. Sin embargo, la invitación de Gibrán despertó mi interés por asistir. Además, sentía curiosidad por experimentar la sensación de estar en una convención de videojuegos, ya que solo las había visto en YouTube.




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